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Alcalinas, proteicas o con magnesio: bienvenidos al nuevo negocio del agua
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Alcalinas, proteicas o con magnesio: bienvenidos al nuevo negocio del agua

La industria está impulsando un nuevo tipo de bebidas llamadas "aguas funcionales". Hablamos con los expertos para ver qué hay detrás de estas botellas que, en algún caso, cuestan un ojo de la cara

Foto: Agua alcalina en el supermercado. (Andrea Núñez-Torrón)
Agua alcalina en el supermercado. (Andrea Núñez-Torrón)
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Be water, my friend, decía aquel famoso anuncio de coches que resucitó a Bruce Lee. Dos décadas después, la industria del agua se ha tomado muy en serio el eslogan, porque a las aguas minerales naturales (con o sin gas) de toda la vida les han salido rivales con nuevos apellidos en los lineales del supermercado: aguas proteicas o ricas en proteínas, alcalinas o ricas en magnesio. Incluso aguas ricas en colágeno.

Enrique Rodríguez, experto en retail y consumo, cofundador de la agencia de innovación CODA (centrada en el sector de bebidas y alimentación) y autor del blog especializado en alimentación e innovación Rebel confirma que nos hallamos ante un nuevo boom de las autodenominadas como aguas funcionales. “La innovación también ha llegado al aparentemente aburrido mercado del agua: incolora, inodora e insípida”, destaca. “En casi cualquier supermercado pueden encontrarse ya versiones “mejoradas”: alcalinas, mineralizadas, con electrolitos o proteínas”, indica.

“Estas botellas prometen algo más que hidratación: son las llamadas —aunque no siempre con propiedad— aguas funcionales”, añade. Se trata de bebidas con ingredientes añadidos que van desde un simple colorante hasta complejos perfiles de vitaminas, aminoácidos o proteínas. Pero ojo: la mayoría de estas promesas son “claims de marketing con poco o ningún impacto real, que desde luego no sustituyen al agua corriente ni a la mineral tradicional”, señala el experto.

Pero ¿esto es realmente agua?

Ahora que la tendencia global hacia los alimentos y bebidas funcionales ha alcanzado también al mundo del agua, la primera pregunta es: ¿todas esas alternativas son realmente agua? Técnicamente, no siempre. “En España existe una normativa clara —recogida en varios reales decretos— que define con precisión qué puede considerarse agua de consumo y bajo qué parámetros. Todo lo que no cumpla esos criterios entra en otras categorías: refrescos, bebidas deportivas o preparados alimenticios a base de agua”, anota Enrique Rodríguez.

placeholder Aguas alcalinas.
Aguas alcalinas.

El dietista y nutricionista Julio Basulto, coautor junto a Carlos Casabona del libro Beber sin sed (Guía para elegir bien lo que bebes), es tajante frente a la aparición de estas nuevas aguas. “Solamente ofrecen beneficios claros para quien la vende, no para el consumidor”. Además, alerta del denominado “efecto talismán”, un fenómeno negativo que expone a importantes riesgos a los consumidores. Como bien explican en el pódcast de Mykdiet es “el hecho de conceder un poder protector a un alimento”. Según Basulto, estas aguas pueden generar una falsa sensación de seguridad. “Es la creencia de que son saludables y que, por tanto, puedes desinhibir consciente o inconscientemente tus hábitos malsanos”.

El nutricionista subraya que en Europa ninguna marca puede afirmar que un agua con proteína o magnesio (y mucho menos un agua alcalina) haga algo por quien la toma. Recuerda que en nuestro país, el agua del grifo suele ser dura, esto es, rica en calcio y magnesio. “Esto daña a tu lavaplatos o a tu lavadora, pero tú no eres un electrodoméstico. Para ti, en cambio, es buena”, se ríe, añadiendo que más allá del impacto medioambiental —hasta 3.500 veces mayor, según los cálculos del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal)—, el agua embotellada es mil veces más cara que el agua del grifo. “He hecho el cálculo con una botella de 33 centilitros”, aclara.

Hasta 7 euros por un litro

¿Y los precios? Según la comparativa realizada por Statista, el precio medio del agua mineral envasada en España en 2024 se situó en 0,23 euros por litro. Las marcas de distribuidor son las más económicas, mientras que en las de fabricante el coste suele subir notablemente. En cuanto a los precios de estas nuevas aguas, están por encima de la media de las convencionales: por ejemplo, el agua mineral alcalina Ursu 9 está a 1,70 el litro. El agua proteica es todavía más cara: marcas como MyProtein, con diferentes opciones de sabores, comercializan los packs de 12 botellas de 500 mililitros por 35 euros, lo que equivale a un precio por litro de 5,83 euros. Las aguas ricas en magnesio, como las de la marca Donat, pueden sobrepasar los 7 euros el litro.

En resumen, te enfrentas a tres perjuicios al consumir este tipo de aguas: dejarte dinero —”porque no son nada baratas”, recuerda Basulto—, exponerte a magufadas o falsas creencias y por último, propiciar una deficiencia nutricional —lo contrario de lo que querías lograr—. “En el caso del agua de proteína y la de alcalina, estás dejando de tomar magnesio y calcio, lo que se ha acreditado que aumenta el riesgo cardiovascular en la población”, indica el nutricionista.

Además, derriba un mito sobre las proteínas. “El agua proteica suma proteínas y no es que solamente no nos falten, sino que tomamos demasiadas, lo cual aumenta el riesgo de problemas renales”. En cuanto al agua con magnesio, explica que puede haber un molesto efecto secundario: síntomas gastrointestinales, y aclara que en España no existe una carencia de este mineral en la población. Por otro lado, el consumo de suplementos siempre debe ir de la mano de las pautas de un profesional.

placeholder Análisis gráfico de aguas vitaminadas de la OCU.
Análisis gráfico de aguas vitaminadas de la OCU.

“Aunque tuvieses de verdad una deficiencia de magnesio o una deficiencia de proteína, cosa que solamente suele suceder en países extremadamente pobres o en casos muy concretos, ningún profesional de la salud debería prescribirte estas aguas. Te daría un magnesio farmacológico o te daría un principio activo, o un batido que tenga cierta dosis controlada de proteína de alta calidad”, señala Basulto. Por otra parte, recuerda que puede haber patologías y fármacos incompatibles con una dosis de magnesio extra, por lo que este tipo de aguas o un suplemento del mineral podrían interactuar negativamente con un medicamento.

“Para quien no practica deporte ni realiza actividad física intensa, un agua con electrolitos o proteínas es innecesaria. No aporta ningún beneficio adicional. Sin embargo, en deportistas de alto rendimiento o en condiciones de calor extremo, las aguas con electrolitos pueden ayudar a reponer minerales más rápido, aunque no hidratan mejor que el agua normal, como suele sugerir la publicidad”, señala Rodríguez.

También ha visto que proliferan las aguas enriquecidas con colágeno u otros ingredientes “de moda”. “Su base científica es, como poco, débil. Los estudios disponibles no avalan efectos relevantes sobre la piel o la salud general, más allá del efecto placebo”, aporta. En su opinión, el caso de las aguas alcalinas merece mención aparte. “Prometen 'equilibrar' la acidez del organismo o mejorar el rendimiento físico, pero es fisiológicamente imposible modificar el pH de la sangre —que se mantiene entre 7,3 y 7,4— simplemente bebiendo agua con un pH de 8 o superior. Nuestro cuerpo regula su equilibrio ácido- base de forma natural”, indica.

Foto: agua-hidrogenada-moda-ciencia-timo-revolucion

Un estudio llevado a cabo en México concluyó, tras analizar 22 aguas alcalinas, que la mayoría de las marcas destacan leyendas y atribuyen beneficios al producto que no se pueden comprobar científicamente. A raíz de la investigación, se inició en el país americano un procedimiento por publicidad engañosa.

Agnogénesis nutricional

En otra de sus obras, titulada Come mierda, Julio Basulto acuñó un término llamado agnogénesis nutricional, que equivale a generar desconocimiento en materia de nutrición. Para el especialista, este concepto le viene al pelo al tema de las aguas alternativas. “La industria alimentaria genera un caos adicional para que la gente caiga en sus redes y ellos se enriquezcan. Ellos buscan tu dinero”, aporta el nutricionista, que anticipa una tendencia. “Nos estamos americanizando”. Lo dice porque en Norteamérica cada vez hay menos alimentos saludables en los supermercados. Food deserts, los llaman, y son un problema de salud pública.

“Al final, el mercado manda. Y en el caso del agua, la percepción del consumidor lo est odo”, recuerda Enrique Rodríguez. Si una botella con un nombre sofisticado o una etiqueta llamativa convence al comprador de que está cuidando su cuerpo, el producto habrá cumplido su propósito: que no es tanto hidratar, “sino vender una sensación de bienestar”, apostilla.

Julio Basulto concluye la conversación subrayando que no tienes que beber por encima de tu sed, “uno de los reclamos habituales de la industria”, y que el agua del grifo es la “más sana, la más ecológica y la más segura, porque además tiene cloro y el cloro evita toxiinfecciones graves”. Be water, my friend, pero vigila lo que bebes.

Be water, my friend, decía aquel famoso anuncio de coches que resucitó a Bruce Lee. Dos décadas después, la industria del agua se ha tomado muy en serio el eslogan, porque a las aguas minerales naturales (con o sin gas) de toda la vida les han salido rivales con nuevos apellidos en los lineales del supermercado: aguas proteicas o ricas en proteínas, alcalinas o ricas en magnesio. Incluso aguas ricas en colágeno.

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