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Barco del Corneta, el verdejo que se niega a seguir las reglas de Rueda
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En La Seca (Valladolid)

Barco del Corneta, el verdejo que se niega a seguir las reglas de Rueda

En pleno corazón de Rueda, Beatriz Herranz y Félix Crespo han logrado que sus verdejos desafíen lo establecido, siendo prueba de que la autenticidad, cuando se cultiva con paciencia, puede convertirse en un vino de culto

Foto: Félix Crespo y Beatriz Herranz con Barco del Corneta
Félix Crespo y Beatriz Herranz con Barco del Corneta
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Camino del paraje de Cantarranas, uno puede atravesar un mar de viñas. Entre pinares y campos de cereal, este triángulo que forma La Seca, Serrada y Rueda es el de mayor concentración de viñedos de Castilla y León, uno de los más grandes de España. Conduce Félix Crespo, la mitad de Barco del Corneta, una pequeña bodega familiar de La Seca (Valladolid) que se entiende como una historia de amor al vino y de amistad entre Beatriz Herranz, socia fundadora, y este enólogo con veinte años en el mundillo. Sus vinos de uva verdejo no se parecen al resto y son considerados la élite de esta variedad tan maltratada históricamente.

El proyecto nació cuando en 2007, María Antonia, profesora de historia y madre de Bea, heredó una tierra en donde se decidió plantar vid para vender uva, lo más rentable en esa época. Bea y Félix se conocieron en la universidad mientras él trabajaba a la vez en Belondrade. “Cuando me dijo que había plantado viñedo le dije que era un error porque creía que le iba a sobrar uva”, recuerda. Entre 2000 y 2010, Rueda creció de manera desmesurada. “Cómo es el karma que años después estamos asociados y haciendo vino de esa parcela. Bendito error”.

Foto: esperanza-elias-enologa-uva-extinta-rioja

Dividido en arena, cantos rodados y arcilla roja, este bonito viñedo vuela sobre una hondonada con forma de casco naval. Al pinar de enfrente los del lugar lo llaman Barco del Corneta, a los rebaños de ovejas los reclamaban a soplido de cuerno. El vino emblema de la bodega ya tenía nombre. Uno de los parajes históricos de La Seca es este de Cantarranas: en él se inspiraron para Cucú (Cantaba la Rana), su vino entrada de gama, el único para el que compran uva.

placeholder Verdejo Barco de Corneta
Verdejo Barco de Corneta

Así que Beatriz desoyó a Félix, plantó en ecológico sin pensárselo y decidió conducción en cordón y selección masal para ganar riqueza genética. Acabó vendimiando en 2010 su primera cosecha, 300 kilos entre amigos, que elaboró en una barrica que le dejaron meter en Méntrida, donde estaba de prácticas. “La gente que lo cató no lo reconocía porque se aleja del verdejo mainstream de fruta tropical, ligero y fresquito”, recuerdan. Conseguir importador en Alemania y Japón la animó a seguir: dos barricas al año siguiente y casi 3.000 botellas el tercero. En 2013 decidió centrarse en Barco del Corneta como modo de vida, y siempre fuera de la DO Rueda, cuya norma obligaba a elaborar al menos 30.000 kilos de uva. A sus distribuidores les daba igual y la filosofía de Bea, libertad y control absoluto, no encajaba. “¿Qué es la calidad?”, se preguntan. Entre los sellos ISO y “la expresión de un lugar para transmitirlo en una botella”, ella eligió lo segundo.

En busca de viñedo viejo y otras variedades locales

La idea original era hacer solo Barco del Corneta pero también empezaron a hacer Cucú. Este supuesto paso atrás los llevó a dar otro más allá: buscar viñedo viejo. Y la mujer de Félix dio el soplo: una vecina había abandonado sus viñas de Alcazarén. Un año después sacaron La Sillería (la viña se delimitaba con sillas), verdejo de estas cepas centenarias, cuyo 2022 fue de boca inmensa y textura rugosa, un vino de otoño. También Las Envidias, tras descubrir que una de las parcelas en Parajes del Infierno daba palomino. “No sabíamos qué hacer con él, parecía un castigo. Forzamos velo y salió una cosa chula, entre rancio y fino, un vino divertido”. Quedaba completar la gama con la tercera variedad local. Bea se había enamorado de los viuras de Rioja, tipo Viña Tondonia. En 2015 lanzó El Judas, a partir de media hectárea de arena fluvial en Villanueva de Duero, delicioso y rejuvenecido en la añada 2021.

placeholder Viñedo La Sillería (Barco de Corneta)
Viñedo La Sillería (Barco de Corneta)

Pisamos el suelo de La Sillería y Las Envidias, arenas eólicas depositadas por la erosión del Macizo Central en combinación con los cerros calcáreos. La mezcla forma una arenisca que actúa como una esponja: drena el exceso de agua y retiene la justa sin hacer balsa. La caliza es un componente de calidad que se da en Borgoña, Champagne, Burdeos o Jerez. Estos terrenos los poda Félix o Bea, nadie más.

Las primeras añadas fueron de aprendizaje. Tras la paliza de recuperar estos viñedos a mano, llegó el bajón por encontrarse con vinos tímidos. Los guardaron y al volver a catarlos, el subidón: “Viña vieja necesita crianza larga. En invierno el vino se apaga pero en verano se estira al completar la crianza”. Si Bea ya estaba instalada en Valladolid, Félix había tirado a Gredos con Comando G. Pero en 2016, cuando Barco ya tenía buen volumen, dio el paso para cerrar el tándem: “Quería a alguien que la ayudara, que sufriera con ella y compartiera alegrías”. Tenía que ser él.

placeholder Las Envidias (Barco de Corneta)
Las Envidias (Barco de Corneta)

Un barco de papel donde duermen los verdejos bajo tierra

Llegamos a La Seca tras comprobar que cada vez intervienen más en la viña para cocinar menos en bodega. Siempre han estado en lo artesanal, rozando lo natural, aunque no hagan estricta biodinámica: “Nos gustan los vinos naturales pero primero nos gustan los vinos”, aclara Félix. “Deben tener armonía, si los defectos los dominan no los disfruto”. Llevan dos añadas que no meten sulfuroso al entrar la uva. “Si hace ocho años me dices que no voy a sulfitar el mosto…”.

Viniendo desde Serrada se divisa el juego de aguas de la bodega blanca integrada en el casco urbano del pueblo. La forma recuerda a la de un barco de papel. Una arquitectura rompedora pero a la vez respetuosa y oculta, diseñada por Javier Sánchez, de Búho Arquitectos. En 2019 compraron la casa del boticario donde Bea vive con Edu, su marido, y sus dos hijos.

placeholder  Bodega subterránea de Barco de Corneta
Bodega subterránea de Barco de Corneta

Cinco metros abajo accedemos a la bodega enterrada como es costumbre en las casas del lugar. Descansan en el silencio de la cueva Barco del Corneta y La Sillería. La vida es apenas un susurro, el del sonido ASMR del mosto fermentando. Aquí Félix compone el mosaico en barricas de 500 litros de sus toneleros de confianza: Stockinger, de Austria, Sylvain, roble francés, y François Frères, la Rolls Royce de Borgoña. Al fondo se conservan botellas de todas las añadas de Barco y vemos la evolución de las etiquetas, tan naif en inicio.

Catamos sus “blancos del Duero”, como a Bea le gusta llamarlos. “Es más representativo que hablar de Rueda”. También Prapetisco, un tinto con uva Juan García de Arribes del Duero, fluido, fresco, frutal y de nariz curiosa. O los 3 Navíos de Cigales, un clarete serio y gastronómico, y un tempranillo crujiente. Pero volvimos al palomino de Las Envidias, de estilo socairismo, en el que ya no fuerzan velo. Y, claro, a los verdejos. Desde el vino regional que es Cucú, “verdejo sin fuegos artificiales” que transmite la zona y que “por 10 pavos no se puede dar más”, a Loseco, vino de pueblo que recupera la tradición local del blend con viura, de enorme bebilidad en su primera añada, el más cercano al natural pero “algo que nos beberíamos nosotros”.

Por último, nos quedarnos en Barco del Corneta 2023, vino de parcela 100% fermentado en barrica con casi diez meses de crianza. Incluso probamos directo del depósito el 2024, más transparente y jugoso. “Es muy Barco, con su parte de madera, mineral, herbáceo, con hinojo y laurel en nariz”. Definitivamente sus verdejos son distintos, marcan un camino. Barco del Corneta no tomó el más fácil pero no cabe arrepentirse.

Camino del paraje de Cantarranas, uno puede atravesar un mar de viñas. Entre pinares y campos de cereal, este triángulo que forma La Seca, Serrada y Rueda es el de mayor concentración de viñedos de Castilla y León, uno de los más grandes de España. Conduce Félix Crespo, la mitad de Barco del Corneta, una pequeña bodega familiar de La Seca (Valladolid) que se entiende como una historia de amor al vino y de amistad entre Beatriz Herranz, socia fundadora, y este enólogo con veinte años en el mundillo. Sus vinos de uva verdejo no se parecen al resto y son considerados la élite de esta variedad tan maltratada históricamente.

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