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Unos emprendedores venden cuchillos de cocina de diseño (y los quiere todo el mundo)
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Florentine Knives

Unos emprendedores venden cuchillos de cocina de diseño (y los quiere todo el mundo)

Esta historia va de cómo pasar de suspender un proyecto final de carrera a crear cuchillos artesanales deseados por chefs con estrella Michelin. Sus precios van de los 200 € a los 800

Foto: Equipo Florentine Knives.
Equipo Florentine Knives.
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Que algunos fracasos son la puerta de entrada al éxito es un dogma que llena páginas de libros de emprendimiento y horas de documentales de superación. La historia de los cuchillos Florentine, hoy objeto de deseo de muchos profesionales (y no tan profesionales) de la cocina, encaja a la perfección con esa premisa.

En 2012, Tomer Botner era estudiante de diseño industrial en Tel Aviv. Como la mayoría de sus compañeros, presentó su proyecto final convencido de aprobar sin problemas. Pero ocurrió lo inesperado: suspendió. Ese tropiezo, lejos de desanimarlo, marcó un antes y un después. En su segundo intento decidió crear un cuchillo, movido por su pasión por la cocina y se encerró hasta conseguir una herramienta sencilla, sí, pero también un objeto que podía concentrar diseño, ergonomía y belleza.

Era la época de los inicios de Instagram, donde todo estaba por hacer y se abusaba de los filtros dramáticos. Pero a él le funcionó. Su diseño se hizo viral y la gente quiso comprarlo, así que decidió ir a por todas. Montó una campaña de crowdfunding, consiguió 10.000 dólares y creó los primeros cien cuchillos de principio a fin en su casa. Era el germen de Florentine Kitchen Knives, que tomó el nombre del barrio creativo y mestizo donde Botner comenzó a forjar sus primeras piezas, trabajando con talleres locales y materiales de la zona. Allí experimentó con maderas, pieles y aceros, mientras aprendía el oficio a base de prueba y error, probando sus cuchillos con los chefs que conocía para crear herramientas llenas de carácter; piezas artesanas con un marcado sello personal.

placeholder Taller de Florentine Knives en Poblenou. (Barcelona)
Taller de Florentine Knives en Poblenou. (Barcelona)

“Trabajar en Tel Aviv era cada vez más complicado”, explica Botner. “Para fabricar hay que importarlo todo y luego volver a enviar fuera con todo lo que conlleva de logística y fronteras. Así que tomamos la decisión de cambiar de país”. Querían venir a Europa y en 2015, Tomer y su pareja Noam Blumenthal ––que dejó su propia firma de diseño de moda para dedicarse también al proyecto de los cuchillos artesanos–– eligieron mudarse a Barcelona.

Empezaron con un pequeño local en el Raval y casi cuatro años después se trasladaron a su taller del Poblenou donde hoy día se realiza todo el proceso de fabricación y producción de los cuchillos. Se abastece prácticamente de materiales provenientes de Europa, sobre todo España y Portugal, manteniendo el espíritu de comercio local. Y además, Florentine Knives funciona como un epicentro creativo en un barrio que ha recuperado de forma notable el espíritu de comunidad artesanal y que ofrece otros servicios como afilado de cuchillos, talleres especializados e incluso cenas colaborativas con diversos chefs en las noches “Factory Dinners”.

En Instagram... y en los estrellas Michelin

La mayoría de las personas no solemos pensar en cuestiones como equilibrio o peso al trocear una cebolla, pero para un chef profesional estos dos parámetros son fundamentales. A Tomer le obsesiona desde aquellos inicios conseguir el cuchillo perfectamente equilibrado y con el peso justo en la mano y hoy en día son esas cualidades las que más aprecian cocineros de todo el mundo. “Un buen equilibrio reduce la fatiga y te da confianza”, explica Aitor Zabala, chef y propietario del restaurante Somni en Los Ángeles ––3 estrellas Michelin––. “Cuando trabajas con un cuchillo bien diseñado, la cocina fluye mejor; los movimientos son más naturales y los cocineros se sienten más cómodos, lo que también se refleja en el resultado final”. Carlos Casillas, chef del restaurante Barro en Ávila ––1 estrella Michelin–– opina de forma parecida: “Me gusta mucho que sean robustos pero a la vez manejables. Y eso es algo muy difícil de encontrar”.

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Florentine Knives.

Para Zabala, la precisión de los cuchillos Florentine se nota sobre todo “en cortes muy finos y repetitivos, como la preparación de pescado o verduras laminadas. Ahí notas que la hoja responde de manera natural y sin esfuerzo, lo que te permite mantener la misma precisión incluso después de horas de trabajo”.

Botner lleva más allá la manufactura y ofrece personalizar el peso perfecto de forma individual según la demanda de cada cliente. Para Paolo Casagrande, chef ejecutivo de Lasarte by Martin Berasategui en Barcelona ––3 estrellas Michelin––, “son piezas únicas. En cuanto los conocimos empezamos a trabajar con Florentine para que nos hicieran algo exclusivo. Y el hecho de que te lo hagan a medida, sabiendo de dónde viene el producto y quién lo manipula, es fantástico ”. Aitor Zabala asegura que el valor de un cuchillo hecho a medida es incalculable: “Se convierte en una extensión de tu mano. Cuando algo está hecho pensando en ti, sientes una conexión diferente: ya no es solo un cuchillo, es tu cuchillo”.

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Florentine Knives.

La filosofía de Florentine Knives se sostiene en dos ideas: la experimentación constante y la producción limitada. Cada cuchillo nace de la prueba y el error, del aprendizaje continuo. No hay series largas ni producción en masa. Cada colección se lanza en ediciones limitadas y el comprador puede diseñar a medida cómo lo quiere a través de su sofisticada web.

Los emblemáticos diseños de Florentine, además, han convertido a los cuchillos de Botner en objeto de deseo: “Lo primero que me llamó la atención fue el equilibrio entre la tradición artesanal y un diseño muy contemporáneo. Eran cuchillos que transmitían carácter desde el primer momento”, explica Aitor Zabala, para quien la estética es también imprescindible en el restaurante: “Un cuchillo que es bello no solo te da placer visual, también refuerza el respeto que sientes por tu trabajo”.

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Florentine Knives.

“Quiero ser alguien en medio; no busco una producción industrial pero tampoco ser un artesano que hace un cuchillo al mes. Y también quiero hacer algo asequible para cocineros y aficionados, algo que puedan comprar”, asegura Botner. Actualmente, Florentine Knives ofrece cuchillos con precios que van desde los 200 euros por un cuchillo pelador o los 321 euros de un cuchillo de chef, hasta los 800 euros de una colección especial.

Quizás la base del éxito de Tomer Botner es mantener una mente abierta y no limitarse a hacer lo que hacen los demás. “Existen buenos cuchillos, sí, pero uno de los principios del diseño industrial es que si haces lo mismo que los demás, llegas a los mismos resultados. Así que experimenté para hacer las cosas de otro modo”. Y ese otro modo acabó siendo un objeto que Zabala describe de forma rotundamente poética: “Un cuchillo que une precisión, belleza y alma, pensado para quienes viven la cocina con la misma intensidad con la que fue creado”.

Que algunos fracasos son la puerta de entrada al éxito es un dogma que llena páginas de libros de emprendimiento y horas de documentales de superación. La historia de los cuchillos Florentine, hoy objeto de deseo de muchos profesionales (y no tan profesionales) de la cocina, encaja a la perfección con esa premisa.

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