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Del súper al 'lifestyle': por qué te encuentras el té matcha hasta en la sopa
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Más que una infusión

Del súper al 'lifestyle': por qué te encuentras el té matcha hasta en la sopa

Del ritual tradicional japonés a los 'frappuccinos', y hasta en las mascarillas faciales: el té matcha está en todas partes. Y no, no es casualidad. Algunos se están haciendo de oro con este negocio

Foto: Té matcha con hielo de Jade Matcha Gallery (cedida)
Té matcha con hielo de Jade Matcha Gallery (cedida)
EC EXCLUSIVO

Ese polvo verde que ves por todas partes, no es solamente pistacho, también es té matcha. En las redes sociales, posar con tu vaso de este brebaje se ha vuelto hasta cool. Para algunos, es delicioso. Otros muchos dicen que sabe a césped. El matcha, o lo amas, o lo odias. No hay punto medio. Pero más allá de todo este revuelo, lo que es cierto es que vive un momento de gloria.

Aunque hoy lo veamos en lattes helados y cheesecakes de diseño, el matcha tiene tras de sí siglos de historia. Originario de China —donde ya se molía el té en polvo durante la dinastía Song—, fue en Japón donde se convirtió en lo que es hoy (al menos para los asiáticos): un símbolo de calma, pureza y perfección ritual. Los monjes budistas lo adoptaron como bebida sagrada para mantenerse despiertos durante largas horas de meditación y, con el tiempo, se integró en la ceremonia del té japonesa, el chanoyu, muy fuertemente ligado a la filosofía zen, donde cada gesto, cada utensilio y cada sorbo tienen un sentido.

Hay que estudiarlo durante años para convertirse en maestro en esta disciplina y nada, absolutamente nada, se deja al azar. Es un momento de conexión que hay que vivir en tierras niponas, al menos, una vez en la vida.

placeholder Foto: cedida (Jade Matcha Gallery)
Foto: cedida (Jade Matcha Gallery)

Del templo al supermercado

La vocación era ritual, pero ya lo sabemos todos, no hay tendencia que se le resista a Starbucks. Y el matcha no iba a ser la excepción. Cuando la cadena estadounidense incluyó el matcha latte en su menú global, no solo puso esta bebida al alcance de cualquiera, sino que la convirtió en icono pop. El polvo verde dejó de ser exclusivo de ceremonias ancestrales para transformarse en un símbolo de estilo de vida. Era —y es— saludable, fotogénico y moderno. El matcha latte, ya sea con leche animal o vegetal, frío o caliente, se convirtió en el nuevo capuchino. Y, con él, en una puerta de entrada perfecta para todo lo demás.

Antes ya lo habían hecho los japoneses, eso sí, con su habitual capacidad para fusionar tradición y cultura pop. Los KitKat de matcha, vendidos desde hace años en supermercados nipones, son una especie de emblema nacional. También lo hemos visto en helados, galletas, mochi, bombones, pasteles… La lista de productos matchificados es interminable. ¿El secreto? Su sabor ligeramente amargo y vegetal y, sobre todo, ese punto umami tan particular, que funciona igual de bien en dulce que en salado.

placeholder Foto: cedida (Jace Matcha Gallery)
Foto: cedida (Jace Matcha Gallery)

El fenómeno ha llegado tan lejos que incluso las grandes cadenas de consumo se han puesto las pilas —véase Rodilla o Vips— y en todas las cartas se encuentra. Hasta puedes comprarlo ya preparado en el súper, como el nuevo YOSOY Barista Matcha Avena, que une bebida de avena y matcha ecológico en formato listo para beber.

En plena era de cuidarse y cuidar lo que comemos y bebemos, el matcha parece haberse convertido en la alternativa perfecta. Cafeína sí, pero sin picos. Como explica la nutricionista Laura Jorge, “el matcha contiene cafeína, pero también L-teanina, un aminoácido que actúa en sinergia y genera un estado de alerta tranquila, con energía sostenida y sin nerviosismo”.

La era del matcha-beauty

Pero el matcha no solo ha llegado a los restaurantes y grandes superficies. Actualmente, son muchas las marcas y espacios que se han aprovechado del boom del polvo verde convirtiéndolo en su universo propio. En España, Matcha & Co fue de las primeras en ofrecer té ceremonial para que el consumidor se lo tome en casa, con sets completos para recrear el ritual. Otras como The Matcha Bowl, nacida tras un viaje iniciático de sus fundadores por Japón, destacan por su pureza, certificaciones ecológicas y líneas específicas según el momento del día o el perfil de sabor. “Hay uno para cada ocasión”, dicen. Y lo cumplen hasta con una línea específica para preparar platos con él.

A ese universo se suma también Cosmic Matcha, una marca que fusiona bienestar y diseño. Fundada por María Llaneza, apuesta por matcha ceremonial con estética cósmica y un enfoque prémium (han leído bien). Sus líneas Angelic, Celestial o Galactic van desde iniciación hasta niveles casi galácticos —literalmente—.

También se ha sofisticado el consumo fuera de casa. Maison Matcha, el espacio creado por Violeta Mangriñán, con varios locales en Madrid, es ya un punto de peregrinación. Minimalismo, terciopelo verde y una carta pensada al detalle. El Maison Latte se puede pedir con hielo o bebida vegetal, pero la estrella es el Maison Horchata, una mezcla única que rinde homenaje a sus raíces valencianas. La carta suma bollería japonesa de Umiko, opciones sin gluten y café de especialidad. Todo con una estética que arrasa en redes.

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Foto: cedida (Matcha & Co)

En Las Salesas, el nuevísimo Jade Matcha Gallery va un paso más allá: combina galería de arte contemporáneo con barra de matcha. Y acaba de lanzar bebidas para el verano con nombres tan sugerentes como peach matcha mist, lychee matcha mist o coconut matcha bliss. Todas ellas reinterpretan el té con ingredientes como agua de coco, nata, flores o espray de verbena. ¿El objetivo? Reivindicar el matcha como ingrediente que permite altas dosis de creatividad.

La obsesión por este alimento ha traspasado la gastronomía y ha llegado incluso al mundo de la belleza. La marca coreana Laneige, famosa por sus mascarillas de labios que se utilizan para regenerar los labios por la noche, acaba de lanzar una nueva edición limitada, Matcha Bubble Tea, con color y aroma de matcha. Por su parte, Masqmai, la firma fundada por Alice Campello que se venden en Sephora, triunfa también con su Matcha Calming Mask, una mascarilla calmante en gel con extracto de té matcha y otros activos hidratantes.

¿Oler a matcha? También es posible. La firma Le Labo, nacida en Grasse y desarrollada en Nueva York, lanzó Thé Matcha 26, un perfume que mezcla notas de té verde con higo y cedro. Incluso las uñas se han teñido de verde, como sucede con el tono Matcha Latte de Semilac, que se inspira en ese bienestar y ese momento para frenar que tiene este té.

Más que una bebida, el matcha ha sido siempre un ritual: una pausa consciente, un momento de introspección. Y, tal vez por eso, en tiempos donde se precia el bienestar y el slow living, se haya convertido también en un fenómeno global y en una moda que tiene mucho recorrido. Sea como fuere, el matcha lo ha conquistado todo. ¿Quién se lo iba a decir a los monjes zen?

Ese polvo verde que ves por todas partes, no es solamente pistacho, también es té matcha. En las redes sociales, posar con tu vaso de este brebaje se ha vuelto hasta cool. Para algunos, es delicioso. Otros muchos dicen que sabe a césped. El matcha, o lo amas, o lo odias. No hay punto medio. Pero más allá de todo este revuelo, lo que es cierto es que vive un momento de gloria.

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