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No se esconda tras Pedro Sánchez
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Ignacio Varela

Una Cierta Mirada

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No se esconda tras Pedro Sánchez

La obra resultó tan vacua y los actores tan estólidos como era de esperar. Ellos son malos y los adiestradores un insulto para el oficio. Dicen que el próximo lunes se repite el debate. ¿Por qué?

Foto: María Jesús Montero en el debate. (Europa Press/Rocío Ruz)
María Jesús Montero en el debate. (Europa Press/Rocío Ruz)
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"No se esconda tras Pedro Sánchez". Lo dijo dos veces.

Cualquiera que, con buen criterio, no siguiera el debate de anoche en la televisión sanchista -es decir, la inmensa mayoría de los españoles y la gran mayoría de los andaluces- supondría que la frase se la dirigió Juanma Moreno a María Jesús Montero. Pues no, fue exactamente al revés. La ministra de Hacienda y vicepresidenta primera de Sánchez exigió dos veces al candidato del PP que no se escondiera tras la sombra de Pedro Sánchez (eso es lo que yo entendí que quería decir, sus palabras fueron mucho más confusas). Todo porque el presidente de la Junta de Andalucía recordó un par de actuaciones del Gobierno central que consideraba particularmente lesivas para Andalucía.

Fue el único instante de la noche en que alguien dijo algo inesperado. Admitamos que María Jesús Montero -precisamente ella- reprochando a un dirigente del PP que se esconda tras Pedro Sánchez resulta estupefaciente. Creo que, en realidad, era más una prevención que un reproche. Montero no quería pasar la noche hablando de Sánchez porque a estas alturas ya sabe que la figura del puto amo pesa como una losa. Y sus interlocutores fueron tan gentiles que se lo concedieron. Al fin y al cabo, cuatro de los cinco participantes en el evento son sus aliados, descubiertos como Maíllo o encubiertos como Vox.

En estos debates múltiples siempre hay varias pugnas simultáneas. La más obvia, todos contra el favorito. Cuando uno de los candidatos lleva veinte puntos de distancia al segundo, ocho años en el Gobierno y sigue siendo el único presidente concebible, al resto le queda poco más que cumplir el expediente de criticarlo (sin demasiada convicción) y proteger sus flancos laterales.

Montero, además de sacar preventivamente a Sánchez del debate, buscó demostrar que ella sigue siendo, como diría Rajoy, "mucho andaluza" y que en estos ocho años en Madrid no ha hecho otra cosa que defender a su tierra natal. Ello le llevó a renegar varias veces de algunos de sus logros más destacados en el Gobierno: por ejemplo, abominó de la ordinalidad en la financiación autonómica (en lo que le acompañó el candidato de IU), recibió la alusión a la "financiación singular" de Cataluña como si le hablaran de un unicornio y puso cara de despiste absoluto ante el nombre de Oriol Junqueras.

Poco más hizo la candidata socialista, jugando todo el rato en campo contrario. Cualquier otro de los portavoces de la izquierda resultaba más convincente que ella en la empecinada defensa de "lo público" como quintaesencia de todas las virtudes sin mezcla de mal alguno; defender al Gobierno de Sánchez era meterse en la boca del lobo, la corrupción ni nombrarla y tampoco se le vieron ganas de reivindicar el trabajo de los gobiernos socialistas en Andalucía durante cuatro décadas.

Foto: el-cis-andaluz-coloca-a-moreno-al-borde-de-la-absoluta-y-hunde-a-montero-debajo-de-su-suelo

Tenía Montero tantas ganas de que el debate concluyera cuanto antes como Juanma Moreno, que se limitó a dar capotazos evasivos, mantener una sonrisa de pasmarote le dijeran lo que le dijeran y cumplir ciegamente la consigna de no cometer errores. Él estaba allí para mostrarse como el hombre tranquilo y a fe que lo consiguió. Por lo demás, el candidato destinado a la victoria sólo sufrió en el tema de la sanidad, que es claramente el punto débil del PP en Andalucía y, según las encuestas, el problema más sentido por la población. Exhibir las falencias de María Jesús Montero en la lejana época en que fue Consejera de Sanidad en la Junta es una pobre defensa. Claramente, Moreno tiene muy pocas ganas de que lo asocien a los pactos con Vox en Extremadura, Aragón y (próximamente) en Castilla y León. Veo en el candidato del PP andaluz una especie de dejadez competitiva que resulta familiar y huele a chamusquina.

Fue el candidato de Vox quien exhibió esos acuerdos como un triunfo de caza. Parecen haber hallado la poción mágica en la fórmula lepenista y no pararán de mortificar con ella al PP hasta sentarse a negociar la investidura de Feijóo. Su discurso es rectilíneo: le hablen de lo que le hablen, su arenga gira invariablemente sobre la "prioridad nacional", asociada al sintagma "sentido común". Es de puro sentido común que los nacionales prevalezcan sobre los extranjeros y ello se aplica por igual a la vivienda, la sanidad, la educación, el empleo o cualquier otro asunto que se saque a colación. Como todos los discursos que descansan sobre una sola idea -cuanto más simple, mejor-, el suyo resulta eficaz porque, además, nadie está realmente dispuesto a refutar la proposición de fondo.

Los dos candidatos de la izquierda a la izquierda de la izquierda hasta el abismo tenían su propia competición, que disputaron con armas bien distintas. Maíllo es un comunista de la vieja escuela que se expresa con certeza ideológica no exenta de ciertos toques emocionales: él sí transmite la sensación de estar persuadido de transitar por el lado correcto de la historia desde que nació. Eran de ver las cabezadas de asentimiento de la delegada de Sánchez ante su sermón de cura laico. Ningún observador externo diría que, en el supuesto de que les dieran los números, ella sería la jefa y él el subalterno. Por supuesto, el oficiante de la izquierda verdadera ignora displicentemente cualquier alusión a la corrupción masiva del gobierno al que apoya. Lo que tienen los peceros de toda la vida es que están vacunados contra la duda.

Foto: psoe-busca-cara-montero-moreno-agitar-campana-andaluza

El de Adelante Andalucía dijo básicamente que adelante Andalucía. Lo hizo con un tono castizo, alejado de la estomagante solemnidad con que los políticos actuales emiten chorradas, que al principio se agradece, pero al cabo de un rato resulta también cansino por impostado. Claramente, lucha por sacar un voto más que Maíllo y su mensaje populista es inequívoco: todos sois golfos y traidores al pueblo andaluz menos yo.

En resumen, la obra resultó tan vacua y los actores tan estólidos como era de esperar. Además, sus instructores se empeñan en hacerles agitar constantemente unas hojas de papel con cifras y gráficos ilegibles para el espectador, que muestran como pruebas irrefutables de lo que aseguran. Ellos son malos y los adiestradores un insulto para el oficio.

Dicen que el próximo lunes se repite el debate. ¿Por qué?

"No se esconda tras Pedro Sánchez". Lo dijo dos veces.

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