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Muere José Enrique Serrano, un héroe silencioso de la democracia
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Ignacio Varela

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Muere José Enrique Serrano, un héroe silencioso de la democracia

Figura clave en la política española, José Enrique Serrano, fallecido en Madrid, dejó un legado de integridad y sabiduría, siendo un pilar discreto en gobiernos y negociaciones cruciales

Foto: José Enrique Serrano. (Europa Press/Archivo/Eduardo Parra)
José Enrique Serrano. (Europa Press/Archivo/Eduardo Parra)
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Es probable que la mayoría de los lectores no sepan quién fue José Enrique Serrano, que falleció ayer en Madrid. Es seguro que todas las personas que se dedican o se dedicaron alguna vez a la política en España lo saben muy bien. Y es absolutamente cierto que todos los que lo conocieron, cualesquiera que fueran sus ideas políticas, lo respetaron, lo admiraron y hoy lamentan su muerte.

Jamás escuché a nadie hablar mal de él. Y no porque huyera de los asuntos más comprometidos, porque no asumiera responsabilidades pesadas o porque no defendiera su criterio -siempre sabio, siempre fundado, siempre inteligente- con la máxima firmeza acompañada de la máxima tolerancia hacia el criterio de los demás.

Jurista, profesor, intelectual y activista a la vez, parlamentario, asesor eminente de ministros y presidentes. Negociador eficaz, gestor discreto de los conflictos más delicados, demócrata integral -ese fue el amor de su vida: la democracia para España-, progresista de verdad, de él sí pudo decirse con propiedad que tenía el Estado en la cabeza. Su cabeza prodigiosa se lleva a la tumba, además de un ancho caudal de inteligencia y sabiduría, un montón de secretos sobre lo sucedido en España en el último medio siglo.

Las memorias más interesantes son las que jamás se escribieron. Créanme: les aseguro que muy pocas personas podrían haber escrito un libro de memorias tan apasionante sobre la historia reciente de España como José Enrique Serrano. Pero hacerlo habría repugnado su conciencia profesional: dispuso de más información que nadie y nunca la consideró de su propiedad. Por eso todo el mundo confiaba en él. Por eso y porque siempre se esperaba de él una respuesta honesta, un consejo útil y una posición a la vez firme en sus convicciones y cordial en el trato.

Foto: muere-jose-enrique-serrano-psoe

Si es posible ser un personaje imprescindible en un Gobierno sin buscar otro protagonismo o reconocimiento que el del trabajo bien hecho, el paradigma de ello es José Enrique Serrano. Además de su historial como estudiante y profesor antifranquista en la Universidad de Madrid -del que nunca alardeó-, su compromiso político fue inequívoco: fue la mano derecha de Narcís Serra en el ministerio de Defensa (pregunten por él a los militares) y en la vicepresidencia del Gobierno. Fue el director del Gabinete de la Presidencia del Gobierno con Felipe González en su legislatura más difícil, cuando otros saltaban del barco. Ayudó decisivamente a Joaquín Almunia en su período como secretario general del PSOE. Regresó a la dirección del Gabinete con Zapatero, al que acompañó lealmente durante sus ocho años en La Moncloa. Incluso prestó su ayuda generosa a Pedro Sánchez en sus primeros pasos, mientras este se dejó ayudar.

Fue diputado en dos legislaturas, y sólo dijo y escribió cosas sensatas. Participó en negociaciones cruciales para España que él no contó y, por tanto, yo no tengo por qué contar. Y siendo, por tanto, un socialdemócrata rectilíneo y consecuente, alejado contumazmente de batallas y conspiraciones, no se hallará un adversario político que no exprese por él respeto profesional y aprecio personal. Porque, por encima de cualquier otra etiqueta, fue siempre un español ilustrado y cabal.

España está en deuda con José Enrique Serrano. Por lo mucho que hizo. Pero también por todo lo que evitó sin que nadie llegara a enterarse

Su último empeño fue recopilar y poner a disposición del Estado y del público los archivos de los presidentes de la democracia, que, increíblemente, andan dispersos por cajones ignotos. La tarea quedó a medio hacer y dudo que alguien recoja el testigo. Los españoles somos muy descuidados con nuestra historia.

España está en deuda con José Enrique Serrano. Por lo mucho que hizo. Pero también por todo lo que evitó sin que nadie llegara a enterarse. De su madera están hechos los héroes silenciosos de la democracia. Adiós, amigo, y gracias por todo.

Es probable que la mayoría de los lectores no sepan quién fue José Enrique Serrano, que falleció ayer en Madrid. Es seguro que todas las personas que se dedican o se dedicaron alguna vez a la política en España lo saben muy bien. Y es absolutamente cierto que todos los que lo conocieron, cualesquiera que fueran sus ideas políticas, lo respetaron, lo admiraron y hoy lamentan su muerte.

Felipe González PSOE Política
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