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España se derechiza. Y no solo electoralmente
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Ramón González Férriz

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España se derechiza. Y no solo electoralmente

Se trata de un fenómeno que abarca a Europa entera. Y que era previsible: todos los ciclos políticos e ideológicos terminan. Pero Sánchez ha contribuido al giro conservador de los valores en nuestro país

Foto: Parte del Gobierno en una sesión de control en el Congreso. (EFE)
Parte del Gobierno en una sesión de control en el Congreso. (EFE)
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Mi colega Ignacio Varela decía ayer que reducir la política española al eje izquierda-derecha es simplista. Tiene razón. Ni los extremeños "eran tan de izquierdas cuando el PSOE obtenía mayorías abrumadoras" ni tras el domingo, cuando PP y Vox sumaron un 60% de los votos, "son tan de derechas", afirmaba. Es verdad. Y en las tres próximas elecciones autonómicas, y en las generales, tendrán un fuerte peso las otras brechas que él describía (jóvenes frente a mayores, estables frente a precarios, urbanos frente a rurales, etcétera).

Pero, a pesar de ello, el eje izquierda-derecha sigue siendo importante para explicar no solo los movimientos electorales y legislativos, sino algo más profundo: los valores. Como buena parte del mundo occidental, España está experimentando un rápido proceso de lo que, a falta de una palabra más precisa, podemos llamar "derechización".

Como digo, no se trata solamente de un giro electoral, aunque este es real en todas partes. Es probable que el próximo presidente francés sea de Agrupación Nacional, Alternativa por Alemania es el partido con mayor intención de voto en su país, y la política europea ha virado tanto que Giorgia Meloni, una política que inició su carrera en las juventudes fascistas, es hoy la nueva normalidad del centro-derecha continental. No es la única explicación del resultado electoral, pero en 2023 las encuestas señalaban que un 38% de extremeños se identificaban como "de izquierdas", frente a un 37% que se identificaba como "de derechas". En las encuestas previas a las elecciones del domingo pasado esos porcentajes eran ya del 35% frente al 40%.

La derechización también es visible en las medidas legislativas concretas. Después de una década abanderando la Transición Energética, la Comisión Europea está desmontando buena parte de su regulación verde. Las nuevas leyes migratorias de la UE son más compasivas que las de Donald Trump, pero no difieren en sus objetivos. Alemania está emprendiendo políticas tradicionalmente derechistas: más gasto militar, reintroducción de la mili, reforma del Estado del bienestar y de la burocracia. En Suiza, el 30 de noviembre se sometió a referéndum la propuesta de crear un impuesto de sucesión del 50% a los superricos que dejaran en herencia más de 62 millones de euros; los fondos recaudados, decía el proyecto legislativo, se dedicarían a luchar contra el cambio climático. El 78% de los suizos votó en contra.

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Un cambio en los valores

Es particularmente interesante ver este giro derechista en España, porque es el último lugar de Occidente en el que se está produciendo. Y no solo es una reacción a una década de dominio cultural progresista, sino a siete años de Gobierno de Pedro Sánchez. En este tiempo, en respuesta a sus pactos con independentistas catalanes y vascos, se ha transformado profundamente la identificación territorial de los españoles, que se superpone de manera casi perfecta con el eje izquierda-derecha. Como contaba el sociólogo Luis Miller, según el CIS, en el año y medio que fue de mayo de 2023 a octubre de 2024, el porcentaje de quienes se identifican más o totalmente con España, frente a quienes lo hacen con su comunidad autónoma, saltó del 16% al 24%; desde entonces, el CIS no ha preguntado más por la identidad política, pero es probable que esa tendencia haya seguido. Según datos del Instituto de Estudios Fiscales, uno de cada tres jóvenes piensa que viviría mejor sin impuestos. 2018, el año en que Sánchez llegó al poder, fue el de la explosión feminista en España; en ese mismo momento, los varones jóvenes empezaron a adoptar posturas más conservadoras y ahora se definen, de media, en una posición de centro-derecha (pasaron de alrededor del 4,5 a un 5,5, según el CIS, cuando el 1 es de izquierda radical y el 10 es de derecha radical); lo más indicativo es que ahora mismo las mujeres jóvenes también están volviéndose más de derechas (de un poco más de 4 a 4,5).

Y los cambios ideológicos tienen un impacto en la realidad. Esto admite interpretaciones subjetivas, pero tras años de una publicidad que en muchos casos era explícitamente progresista (recordemos el giro de muchas marcas de moda que empezaron a emplear modelos con diversas tipologías de cuerpos, por ejemplo), ahora parte de ella está asumiendo cánones estéticos, o de representación de la mujer y la familia, más tradicionales. Muchas empresas españolas siguen implantando y defendiendo sus políticas de diversidad, igualdad e inclusión, pero en agregado parecen hacer menos énfasis en ello. Aunque la cultura probablemente siga dominada por la izquierda, hoy han regresado a ella asuntos tradicionalmente conservadores, como la religión o los toros. Hoy, el wokismo duro es un zombie: sigue andando, pero está muerto.

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Como digo, el eje izquierda-derecha no lo explica todo. Pero parece evidente que estamos experimentando un giro general a la derecha. Es lógico: los ciclos políticos no duran para siempre, y con el tiempo los valores que son hegemónicos acaban cediendo ante otros. Pero en España, la reacción a las políticas de Pedro Sánchez ha tenido un papel decisivo en ello. Como decía Miller, es posible que su presidencia haya marcado un hito: si durante décadas España ha sido un país situado ideológicamente en el centro-izquierda, es probable que tras estos siete años la mayoría, y con ella el eje central de la política, esté ya en el centro-derecha.

Mi colega Ignacio Varela decía ayer que reducir la política española al eje izquierda-derecha es simplista. Tiene razón. Ni los extremeños "eran tan de izquierdas cuando el PSOE obtenía mayorías abrumadoras" ni tras el domingo, cuando PP y Vox sumaron un 60% de los votos, "son tan de derechas", afirmaba. Es verdad. Y en las tres próximas elecciones autonómicas, y en las generales, tendrán un fuerte peso las otras brechas que él describía (jóvenes frente a mayores, estables frente a precarios, urbanos frente a rurales, etcétera).

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