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La trata de personas y los 'machotes' progresistas
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Jaime M. de los Santos

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La trata de personas y los 'machotes' progresistas

La trata de mujeres va indisolublemente ligada a la prostitución y, por tanto, es también indisociable del 'feminismo fake' de este Gobierno amoral

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la ministra de Igualdad, Ana Redondo, durante un acto de febrero de este año en Palencia.  (EFE/Nacho Gallego)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la ministra de Igualdad, Ana Redondo, durante un acto de febrero de este año en Palencia. (EFE/Nacho Gallego)

Los días que viven atados a una causa -como hoy, que es 23 de septiembre, Día Internacional contra la Trata de Personas con fines de explotación sexual- tienen su cara y su cruz. La cara, la de una necesaria y cíclica llamada de atención sobre problemas acuciantes; la cruz, el riesgo de que lo tantas veces repetido se convierta en lugar común, en una cierta indiferencia, en paisaje y nada más, con todos los riesgos que eso conlleva: de deshumanización y de todo.

No será así en la Cámara Alta, hogar de la palabra, donde hoy el Grupo Popular presenta ante la Comisión General de las Comunidades Autónomas una moción para la defensa integral de todas las mujeres explotadas o en riesgo, con ineludible, por desgracia, protagonismo del escándalo de las pulseras antimaltrato; y, cómo no, con un compromiso en favor de quienes, víctimas de trata, han sido arrancadas de su entorno y sufren explotación sexual.

Estaba tardando la todavía, tristemente, ministra de Igualdad en el inaplazable cambio normativo para abordar la trata de seres humanos, y ahora se ve además ahogada en su laberinto, en el cieno de las mujeres vendidas por treinta monedas al mejor postor. El Gobierno de los puteros y los corruptos -lo de "el Gobierno más feminista de la historia" pasará a los libros de texto como un oxímoron siniestro- está sólo para salvarse a sí mismo, no para salvar a los demás, y mucho menos a las mujeres, a las que ha pisoteado con la ley del "sólo sí es sí", primero, y con el monumental fiasco del sistema de control de los agresores machistas después.

Y como telón de fondo, siempre latente, la trata de seres humanos respecto de la que, a estas alturas, qué se puede esperar por más que anuncien leyes que nunca llegan -porque llevan gobernando y esquilmando el Estado de derecho siete años-. Y que nadie se olvide de que, además de lo de "la Ariadna" y "la Carlota se enrolla que te cagas" -tan mujeres como las suyas, con los mismos sentimientos, sueños y anhelos que ellas- está eso de la "colombiana nueva"; ejemplo de cómo los puteros del Partido Socialista son capaces de convertir a una mujer extranjera -sin nombre- en un repugnante estereotipo que anula cualquier atisbo de credibilidad de quienes hoy nos gobiernan en lo que a la lucha contra la trata de personas se refiere.

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Han rebasado, una por una, todas las líneas rojas. En lo relativo a todo lo que de verdad importa. Sin posibilidad de enmienda. Y la pregunta que nos surge a todos los que no somos como ellos -la mayoría- es esta: Antes de usar sus cuerpos, todos esos machotes progresistas que se autodefinían feministas y encabezaban marchas a favor de los derechos de "esa mitad del mundo", ¿les preguntaban por cómo habían sido sus vidas? ¿Si algún familiar las había vendido o si, por el contrario, se habían convertido en mercancía para salvar a un hijo o a un hermano o a un marido retenido por algún grupo criminal? ¿Se interesaban por sus miedos? ¿Por sus necesidades? ¿Por algo que no sean sus egos enfermos de machos dominantes? No. Simplemente las usaban como si sólo fueran cosas. Y no lo son. Ellas no. Ellas son víctimas; de sus embestidas; del silencio de quienes lo saben y callan; de los que se lucran; de los que dicen que no es para tanto.

La trata de mujeres va indisolublemente ligada a la prostitución y, por tanto, es también indisociable del "feminismo fake" de este Gobierno amoral. Según datos del propio Ministerio de Igualdad -con todo el riesgo que implica, visto lo visto, darlos por buenos- hay más de 114.000 mujeres prostituidas en España, de las que más de 92.000 están en riesgo de trata, y más de 9.000 en alto riesgo de explotación sexual. Son seres humanos a quienes se niega su dignidad, pero la tienen; que viven bajo el yugo de explotadores y proxenetas y son víctimas de quienes, como los del núcleo duro del sanchismo, las consideran simple mercancía y se las reparten por catálogo. Como si no tuvieran alma. Cuando los desalmados son ellos. Nadie más.

*Jaime M. de los Santos, vicesecretario de Educación e Igualdad del PP.

Los días que viven atados a una causa -como hoy, que es 23 de septiembre, Día Internacional contra la Trata de Personas con fines de explotación sexual- tienen su cara y su cruz. La cara, la de una necesaria y cíclica llamada de atención sobre problemas acuciantes; la cruz, el riesgo de que lo tantas veces repetido se convierta en lugar común, en una cierta indiferencia, en paisaje y nada más, con todos los riesgos que eso conlleva: de deshumanización y de todo.

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