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El pánico en el PSOE no es el que usted imagina
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Alberto Artero

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El pánico en el PSOE no es el que usted imagina

Puede que los rivales de Sánchez se mantengan atenazados, precisamente, por la capacidad que tiene el presidente del Gobierno de abortar intención con información

Foto: El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, participa en un acto de campaña electoral en Andalucía. (Europa Press/Álex Cea)
El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, participa en un acto de campaña electoral en Andalucía. (Europa Press/Álex Cea)
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Se ha escrito mucho, demasiado, sobre lo que está haciendo Pedro Sánchez a este país. Por eso, no merece la pena entretenerse en el tema. Dislates que van desde sus credenciales académicas o los contubernios con lobistas, las causas judiciales de las personas de su entorno o la progresiva cesión de competencias a unos socios insaciables por un puñado de votos o unos meses más en el poder, que todo vale. Sin embargo, no hay que olvidar que si este hombre está ahí es por un paraguas que le ampara llamado Partido Socialista Obrero Español, PSOE. Y la pregunta que escupe la realidad es: ¿por qué no hay reacción real dentro de su organización? Curioso silencio de los corderos.

La única explicación plausible es el miedo, mejor dicho: el pánico. No queda otra. Porque, si no, no se entiende. Pero, ¿miedo a qué? Que el deterioro político de los últimos años ha expulsado a buena parte de los capaces de la acción política para sustituirlos por arribistas que no tendrían de otro modo donde caerse muertos es tal cual. El temor a perder su inesperada posición podría ser una razón. Pero, salvo que se lo estén llevando a manos llenas, que todo pudiera ser, cualquier esfuerzo en sostener el modelo actual es pan para hoy, hambre para muchos, muchos años. O, si no, miren cómo ha muerto el clientelismo en Andalucía.

Otra causa podría residir en la férrea estructura de los partidos y en la imposibilidad de llevar a cabo propuestas diferenciales sin que sean fagocitadas por la misma. Sin embargo, si algo ha demostrado la ‘nueva política’ es que la adhesión del votante es más a la persona que a la institución que la ampara y no han sido pocas las ocasiones en las que la irrupción de un líder, bajo el paraguas de unas siglas, ha propiciado que el hastío de los votantes de una determinada orientación política pase de los predios consolidados a nuevos pastos llenos de promesas de renovación. Los socialistas deberían mirar a Francia o a Grecia. Pero no, no hay nadie que dé el paso.

Foto: izquierdas-espana-andalucia-maillo-garcia-montero

Lo cual nos lleva a una posibilidad aún más inquietante que, teniendo en cuenta el maestrazgo de Zapatero y la condición de alumno aventajado de Sánchez, cabe como factible: la capacidad de control de la posible oposición por la vía del conocimiento profundo de unos rivales a los que mantiene atenazados, precisamente, por la capacidad que tiene de abortar intenciones con información. Esto suena a conspiración barata, más aún cuando todos robaban a su alrededor sin que ‘aparentemente’ el actual presidente se enterara, pero una de las maniobras históricas de distracción es azuzar lo chusco para trabajar lo relevante. Y, ¿quién dice que no es así?

Porque, insisto, si no, no se entiende. Resulta poco creíble que la masa generalizada del militante socialista comulgue sin pestañear con tanta rueda de molino, viendo cómo los fundamentos del partido (la paradoja de esa famosa campaña electoral de ‘Cien años de honradez’ suena a chiste comparado con la 13 Rue del Percebe actual) se desmoronan y cómo buena parte de lo que se espera de quien ayudó a consolidar el modelo democrático de la Transición se diluye entre los brazos del ‘guerracivilismo’ y de la connivencia con los que defienden la ruptura de España. Para este viaje no hacían falta aquellas alforjas. Este país sería bien distinto. Exactamente como, para tragedia de todos, nos lo quieren dejar.

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Es hora, bueno, lo es desde hace tiempo, de que se alcen las voces dentro del PSOE antes de que sea demasiado tarde. Ni nuestra nación, ni el propio partido pueden soportar mucho más tiempo así. Y la gran ventaja de Sánchez es que no hay alternativa, ni por esa izquierda utópica desvanecida ni entre sus propias huestes. Si no ocurre, será legítimo pensar que, quien calla, otorga, bien en beneficio propio, bien por pánico al posible perjuicio. Hubo un tiempo en el que la gente arriesgaba prestigio y fortuna para hacer política; ahora ser político se ha convertido, en muchas ocasiones, en vehículo para ganar ‘prestigio’ y fortuna.

Así nos va.

Es de cajón, puro sentido común.

Se ha escrito mucho, demasiado, sobre lo que está haciendo Pedro Sánchez a este país. Por eso, no merece la pena entretenerse en el tema. Dislates que van desde sus credenciales académicas o los contubernios con lobistas, las causas judiciales de las personas de su entorno o la progresiva cesión de competencias a unos socios insaciables por un puñado de votos o unos meses más en el poder, que todo vale. Sin embargo, no hay que olvidar que si este hombre está ahí es por un paraguas que le ampara llamado Partido Socialista Obrero Español, PSOE. Y la pregunta que escupe la realidad es: ¿por qué no hay reacción real dentro de su organización? Curioso silencio de los corderos.

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