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Trump tiene un verdadero problemón (y no, no es Irán)
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Alberto Artero

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Trump tiene un verdadero problemón (y no, no es Irán)

El Tesoro estadounidense va a tener que refinanciar la friolera de un tercio de todas sus emisiones a lo largo del próximo año. Estamos hablando de la bonita cifra de 10 billones de dólares

Foto: La bandera de Estados Unidos. (EFE/Archivo/Yeny García)
La bandera de Estados Unidos. (EFE/Archivo/Yeny García)
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La gran tragedia del mundo desarrollado es que, como regla general, vive de prestado. La deuda es el gran problema al que se enfrentan las democracias occidentales y es cuestión que no va a ir a menos, sino a más, si nos atenemos tanto a las crecientes servidumbres del Estado del bienestar como a la incapacidad de sus gobernantes para tomar medidas encaminadas a su reducción. Qué tiempos aquellos en los que gestionar equivalía a la administración de recursos escasos. La nueva pólvora del rey son los bonos del tesoro, da igual la recaudación fiscal. Parece que siempre van a estar ahí hasta que… ¿han dicho Grecia?

Pues bien, ni siquiera la mayor economía del mundo, aquella que cuenta con la mayor concentración de riqueza del planeta, con recursos naturales que le protegen parcialmente del caos de materias primas y suministros a nivel global y que, sobre todo, disfruta de la moneda refugio por excelencia, como es el dólar, es ajena a esa realidad. Por más que la Reserva Federal haya tratado de reducir la oferta monetaria en los últimos años, Estados Unidos maneja un volumen ingente de financiación de terceros. Hasta 2,7 billones de los europeos (millones de millones) de billetes de todos los gustos y un solo color, el verde, está en manos de otros bancos centrales; una cifra, por cierto, que es la menor desde 2012.

Un dato, este último, que puede que no quiera decir nada pero que, puesta en contexto de todo lo que ha pasado con los ‘treasuries’ desde que empezó la guerra de Irán, y teniendo en cuenta lo que está por venir, puede convertirse en un problemón. Y es que se junta un issue de oferta con otro de demanda. La venta de este tipo de activos para repatriar fondos, unida a la baja demanda de las últimas subastas, ha hecho que la rentabilidad del diez años repunte de manera significativa. Y esto, que 'apenas' produce un efecto 'mark-to-market' en la deuda ya emitida, tiene importantes consecuencias en la que está por renovar, fenómeno ‘show must go on’ al que hemos hecho referencia en el arranque de esta pieza.

Por más que la Reserva Federal haya tratado de reducir la oferta monetaria, EEUU maneja un volumen ingente de financiación de terceros

Y he aquí el quid de la cuestión.

Pues, según nos cuenta Gillian Tett en Financial Times, en uno de esos artículos junto con los de Martin Wolf o Robert Armstrong que hay que leer sí o sí en el periódico inglés cada semana, el Tesoro estadounidense va a tener que refinanciar la friolera de un tercio de todas sus emisiones a lo largo del próximo año. Estamos hablando de la bonita cifra de 10 billones de dólares, que se dice pronto. Un rollover en el que, por cierto, va a jugar un papel esencial un actor tan poco fiable como esos hedge funds domiciliados en su gran mayoría en las Islas Caimán que han aumentado significativamente su exposición a estos valores en los últimos años, las más de las veces como protección frente a otras apuestas o para aprovechar los diferenciales de rentabilidad en los distintos vencimientos.

Foto: bonos-eeuu-reserva-federal-compra-macron-anti-coercion

De ahí que resulte tan peligrosa la verborrea de Donald Trump y su capacidad para generarse enemigos —caso de China— o poner en tela de juicio la bonanza económica —léase Oriente Medio— de Estados que son tenedores aún significativos de sus títulos de renta fija y que, en un momento dado, podrían hacer una liquidación por derribo, provocando movimientos tectónicos en un mercado en el que una parte sustancial de las decisiones son tomadas por modelos matemáticos que ni sienten ni padecen y se bloquean o saltan cuando se encuentran con puertas de salida demasiado estrechas. Si al menor interés de los gobiernos foráneos se uniera el de gestores escarmentados, apaga y vámonos.

Muchos dirán, con razón, que es una argumentación válida en teoría, pero que, a la hora de la verdad, Estados Unidos es Estados Unidos y el dólar es el dólar. No convirtamos lo posible en probable. Pero precisamente ahí es donde está el riesgo real. Los mayores golpes vienen cuando la guardia es baja. Y duelen, vaya que si duelen. Por si acaso, no lo pierdan de vista.

Y es de cajón, puro sentido común.

La gran tragedia del mundo desarrollado es que, como regla general, vive de prestado. La deuda es el gran problema al que se enfrentan las democracias occidentales y es cuestión que no va a ir a menos, sino a más, si nos atenemos tanto a las crecientes servidumbres del Estado del bienestar como a la incapacidad de sus gobernantes para tomar medidas encaminadas a su reducción. Qué tiempos aquellos en los que gestionar equivalía a la administración de recursos escasos. La nueva pólvora del rey son los bonos del tesoro, da igual la recaudación fiscal. Parece que siempre van a estar ahí hasta que… ¿han dicho Grecia?

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