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La corrupción se juzga. La hipocresía, no
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Marta García Aller

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La corrupción se juzga. La hipocresía, no

¿Se puede montar una organización criminal en el corazón de un Gobierno sin que lo sepa el presidente? Depende. Es más fácil ver la corrupción en el banquillo ajeno, que la trama en el propio

Foto: El exministro José Luis Ábalos (i) y su exasesor Koldo García (d) en el banquillo de los acusados durante el juicio por el caso mascarillas en el Tribunal Supremo. (Pool)
El exministro José Luis Ábalos (i) y su exasesor Koldo García (d) en el banquillo de los acusados durante el juicio por el caso mascarillas en el Tribunal Supremo. (Pool)
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¿Se puede montar una organización criminal en el corazón de un Gobierno sin que lo sepa el presidente? ¿Cuántos delitos puede cometer un ministro sin que se enteren los demás? ¿Y cuántos se olían la trama de corrupción en el Gobierno, pero no dijeron nada? Espera, depende. ¿De qué gobierno hablamos?

Cómo no iba a saber el presidente del Gobierno que su ministro del Interior tramaba un uso ilícito de fondos reservados y una policía patriótica para sabotear la investigación de corrupción en su propio partido y que él pudiera seguir en el cargo. Cuesta creerlo, ¿no? A unos más que a otros.

Y cómo no iba a saber el presidente del Gobierno que su ministro de Transportes y persona de su máxima confianza, desde antes incluso de llegar a presidente, que el hombre que él mismo puso al frente del partido vivía a todo trapo, enchufaba amantes por todas partes y estaba al frente de una presunta trama corrupta a la que pertenecía también su sucesor como secretario de Organización. Cuesta creerlo, ¿no? A unos más que a otros.

Todas estas preguntas deberían sentarse en el banquillo del Supremo y de la Audiencia Nacional ahora que hay tanto exministro desfilando en los juzgados. No vas a comparar el caso Koldo con la Kitchen… ¡Anda que no! Diferencias hay muchas, es verdad, pero no es tan difícil encontrar similitudes en lo que rodea a estos dos exministros que están siendo juzgados por corrupción.

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Para empezar, porque en sus partidos solo tienen ojitos para el banquillo de enfrente. La Justicia los juzga para pedirles las explicaciones que en su partido nadie les exigió, al menos públicamente, hasta que Anticorrupción los trincó. Ambos tienen también en común haber vivido convencidísimos de lo intocables que eran hasta que dejaron de serlo. Y se parecen también en que sus jefes lo siguen siendo.

La duda de quién sabía qué sobrevuela a la decena de altos cargos del Ministerio del Interior de Mariano Rajoy que están siendo juzgados por la Kitchen. Y sobrevuela también la vista oral del juicio en el Supremo al exministro de Transportes de Pedro Sánchez, igual que sobrevuela Ferraz. La hipocresía del oportunismo político los sobrevuela a ambos.

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El sumario pone al exministro Jorge Fernández Díaz como cabecilla de la Kitchen. Además, en la trama están implicados su mano derecha, el exjefe de la Policía, un exjefe de la UDEF, uno de asuntos internos, varios inspectores, un exasesor de Cospedal. Y Villarejo, claro, siempre Villarejo. ¿De verdad es posible que no supiera nada de esto el presidente del Gobierno? ¿Y el resto de ministros de Rajoy?

¿Y qué sabía el presidente Sánchez de su mano derecha, al que Anticorrupción pide 24 años de prisión por organización criminal, cohecho, uso de información privilegiada, malversación de caudales públicos y tráfico de influencias para enchufar a sus amantes en empresas públicas? ¿Cómo es posible que no supiera nada de esto el presidente del Gobierno? ¿Y el resto de ministros? ¿No notaron aunque fuera lo moreno que volvía Ábalos al Consejo de Ministros de sus viajes a todo trapo de Punta Cana a Venecia?

No, del exministro Ábalos nadie sabía nada. Salvo Jésica, su examante, que en el primer día de juicio reconoció abiertamente ante el tribunal que el exsecretario de Organización del PSOE le pagaba un pisazo de lujo cerca de Ferraz y, de paso, la enchufó en dos empresas públicas. Jésica sabía que Ábalos sabía, entre otras cosas, que ella no iba a trabajar en Ineco ni en Tragsatec, dos empresas dependientes del Ministerio de Transportes, donde nadie supo nada digno de denunciarse. Qué de cosas dejan de saberse en los ministerios cuando llegan las imputaciones.

En Génova, mientras miran al Supremo, se aprovechan de que en 13 años ya no queda mucho rastro de aquel otro PP. En el PSOE no tienen esa suerte. El mismo que nombró secretario de Organización del PSOE a Ábalos, y luego a Cerdán, el mismo que recriminaba a Rajoy no asumir ninguna responsabilidad política por la Gürtel y la Kitchen, sigue en la Moncloa. Y miran fijamente a la Audiencia Nacional. Es más fácil ver la corrupción en el banquillo ajeno que la trama en el propio.

¿Se puede montar una organización criminal en el corazón de un Gobierno sin que lo sepa el presidente? ¿Cuántos delitos puede cometer un ministro sin que se enteren los demás? ¿Y cuántos se olían la trama de corrupción en el Gobierno, pero no dijeron nada? Espera, depende. ¿De qué gobierno hablamos?

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