Más que disputándose el voto budista, tiene más pinta que el PSOE no quiere enfadar a la Conferencia Episcopal. Una cosa es costarles disgustos a los obispos y otra costarles dinero
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el pleno del Senado. (EFE/Kiko Huesca)
No es la ideología lo que mejor retrata a un partido en campaña electoral. Ni por supuesto sus eslóganes, que ya no hay que esperar a la pegada de carteles para conocer porque los van soltando de a borbotones en cada micro abierto. Tampoco sus promesas. Esas llevan tanto tiempo saliendo gratis que cada vez les prestamos menos atención. A lo que más atención deberíamos prestar para entender bien cómo va a gobernar un partido es a sus contradicciones. Y no suelen ser pocas.
Sánchez había prometido repetidamente que revisaría toda la fiscalidad que atañe a la Iglesia católica y eliminaría privilegios para que pagase el IBI. A diferencia de Zapatero, él sí que iba a atreverse a ello. Es lógico que un partido laico en un Estado aconfesional prometa eliminar privilegios a las confesiones religiosas. En vez de eso, lo que este Gobierno parece que va a hacer finalmente es equiparar todas las religiones con el mismo tratamiento fiscal. No va a eliminar los privilegios de la Iglesia católica, como prometió, sino a dárselos también a todas las demás confesiones abrumadoramente minoritarias.
Más que disputándose el voto budista, tiene más pinta que el PSOE no quiere enfadar a la Conferencia Episcopal. Una cosa es costarles disgustos a los obispos, legislando a favor del aborto y la eutanasia, y otra costarles dinero. Eso ya son palabras mayores. Por eso las promesas no son de fiar. Mucho más reveladoras las contradicciones. Casi tanto como el miedo a caer en ellas.
No le parece al portavoz socialista que sea lo mismo defender Doñana que La Ricarda, que es un humedal que también está catalogado como espacio protegido por Bruselas y corre peligro si se construye la tercera pista de El Prat, como avala el PSC. No vayamos a comparar la biodiversidad del delta del Llobregat con la de la desembocadura del Guadalquivir.
Contra el proyecto de ley que promete ampliar regadíos de la fresa cerca de Doñana no solo está el Gobierno, también la Comisión Europea y el CSIC, pero en las municipales el PP habrá calculado que votan más agricultores que científicos. Está por ver si a la Junta le compensa el jardín en el que se ha metido con este proyecto de ley o se echa para atrás, como le piden desde Bruselas y el ministerio. Pero, entre tanto, hay que reconocerle al presidente Juanma Moreno la ventaja de que nadie le va a acusar de traicionar el voto ecologista porque nunca lo ha disputado.
No hacer propuestas claras es una manera arriesgada de esconder contradicciones, porque tarde o temprano el votante empieza a sospechar
Las contradicciones del PP son otras, muy reveladoras también. Como cuando agita el caso Mediador, pero esconde la Kitchen. O critica la reforma de las pensiones del Gobierno porque no le parece viable la reforma, pero evita concretar sus propias propuestas.
No hacer propuestas claras es una manera arriesgada de esconder contradicciones, porque tarde o temprano el votante empieza a sospechar. Al PP le pasa también con la vivienda, que junto a Doñana se ha convertido en el último reclamo electoral. Y ya era hora.
Para contrarrestar al PSOE, que cada día se contraprograma a sí mismo subastando una nueva oferta al alza de viviendas VPO que no explica por qué no ha construido en los últimos cinco años de gobierno, el PP empezó prometiendo un tímido cheque de 1.000 euros a los jóvenes.
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Alguien debió de advertir a Feijóo de que andar prometiendo cheques viviendase parecía mucho a las paguitas que tanto tiempo llevan criticando y han cambiado la estrategia. De ahí que la réplica de la derecha a la ley de vivienda de la izquierda haya mutado en una cuestión de nomenclatura. Rebautizarla como ley de los okupas no solucionará la falta de vivienda pública en España, pero tapa la falta de propuestas de la oposición.
Algunos usan las promesas para tapar contradicciones. Otros las contradicciones para tapar la falta de promesas.
No es la ideología lo que mejor retrata a un partido en campaña electoral. Ni por supuesto sus eslóganes, que ya no hay que esperar a la pegada de carteles para conocer porque los van soltando de a borbotones en cada micro abierto. Tampoco sus promesas. Esas llevan tanto tiempo saliendo gratis que cada vez les prestamos menos atención. A lo que más atención deberíamos prestar para entender bien cómo va a gobernar un partido es a sus contradicciones. Y no suelen ser pocas.