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En Kitchen son todos los que están pero no están todos los que son, según Bárcenas
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Josep Martí Blanch

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En Kitchen son todos los que están pero no están todos los que son, según Bárcenas

Que Bárcenas diga que M. R. es Mariano Rajoy tiene el mismo efecto sorpresa que explicarle a un adulto que los Reyes Magos, Papá Noel y el Ratoncito Pérez son los padres

Foto: Luis Bárcenas declara ante la Audiencia Nacional en el juicio del caso Kitchen. (EFE/Fernando Villar)
Luis Bárcenas declara ante la Audiencia Nacional en el juicio del caso Kitchen. (EFE/Fernando Villar)
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Luis Bárcenas puso ayer nombre y apellido en la sesión del juicio del caso Kitchen a las iniciales M. R. de sus anotaciones: Mariano Rajoy. La sorpresa fue similar a la que advertiríamos en una persona adulta si le explicásemos que Ratoncito Pérez, Papá Noel y los Reyes Magos son los padres.

Más enjundia informativa tiene la acusación cursada contra el PP, al señalar abiertamente el extesorero a los antiguos dirigentes de la formación como primeros responsables de la trama de espionaje ejecutada con recursos del Estado para eliminar las pruebas que los incriminaban en la trama Gürtel.

Bárcenas no aportó prueba alguna, intentó que resultaran creíbles sus contradicciones entre su testimonio de ayer y otros efectuados en la fase de instrucción y mostró un gran ánimo y predisposición para pasar cuentas con sus antiguos compañeros, todo eso es cierto. Pero también lo es que su declaración resucita de nuevo la sombra más alargada del caso Kitchen, la de la exsecretaria general del PP, María Dolores de Cospedal. Y es que no son pocos quienes siguen poniendo en duda el acierto del juez de la Audiencia Nacional, Manuel García-Castellón, cuando decidió cerrar la fase de instrucción del caso dejándola fuera de la lista de imputados, a pesar de los múltiples indicios que apuntaban a su participación en esta trama y en otras que, como la Operación Cataluña, no han sido judicializadas.

Con independencia de lo que diga y explique Luis Bárcenas ahora, la exclusión de Cospedal fue providencial para los intereses de los populares. Eliminaba la posibilidad de escalar hacia arriba las responsabilidades penales del caso que se está juzgando.

Kitchen quedó entonces reducida a una operación del Ministerio del Interior, diseñada y ejecutada en solitario por el propio ministro, Jorge Fernández Díaz, su secretario de Estado, Francisco Martínez, y unos cuantos mandos policiales, a cada cual más corrupto. Gravísimo, si se acredita finalmente su culpabilidad, pero nada comparable con lo que hubiese significado probar la conexión política con la sala noble del PP.

Bárcenas se quedó a gusto ayer en su declaración, golpeó a quienes, según él, lo traicionaron y añadió presión a las declaraciones que efectuarán en calidad de testigos María Dolores de Cospedal y Mariano Rajoy, quienes no podrán mentir y deberán contestar a las preguntas que se les formulen. Aun así, nadie espera grandes sorpresas a pesar de lo oído ayer en el juicio. Ambos están más que acostumbrados al toreo.

Foto: corrupcion-partido-popular-caso-kitchen-1hms Opinión

Ayer, lo que sí quedó acreditado es que aquí nadie pone las manos en el fuego por nadie. Ni siquiera cerca de la lumbre. Y con menos motivo quienes gestionan el capital político del PP en el presente. Los herederos corrieron ayer a dejar bien claro que nada tienen que ver con los actos, sean los que sean, cometidos por quienes les precedieron en los menesteres de mando de la formación conservadora.

Al actual secretario general, Miguel Tellado, se le entendió todo en sus declaraciones a los medios de ayer. Afirmó no tener ni idea sobre la operación parapolicial de espionaje que se juzga, pues dijo desconocer qué es lo que sucedía en el Gobierno hace cuatro legislaturas: "No estábamos por aquí", sentenció. Técnicamente, no le falta razón. Es, sin duda, una de las ventajas que para un partido político tiene el haber pagado la factura política -aunque sea a la fuerza- de los casos de corrupción que ha protagonizado. Los populares la abonaron de golpe con la moción de censura que mandó a Mariano Rajoy y al PP a la oposición. Y de eso hace ya ocho años.

Centrados en el terreno de las responsabilidades penales de aquella madeja de vergonzante corrupción económica y de Estado que protagonizaron los populares en su última estadía en el Gobierno, que es lo que desde entonces sigue dirimiéndose por partes, existe la certeza de que ante los jueces son todos los que están, pero hay dudas más que razonables y bien fundadas sobre que estén todos los que son.

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Lamentablemente, uno quisiera también tener la certeza de que se han extraído lecciones de todo aquello. Que hemos tomado nota de la urgencia de la regeneración democrática de nuestras instituciones. Pero que de los últimos secretarios de Organización del PSOE, uno esté en la cárcel y el otro haya pasado por ella y ahora esté en la calle a la espera de juicio, no invita al optimismo. Como tampoco permite tirar cohetes de esperanza el interés desmesurado por parte de quien gobierna actualmente por ejercer un control totalizante de las instituciones del Estado. Lo malo de Gürtel, Kitchen y demás es que sucedió. Lo peor, que en mayor o menor escala, siga repitiéndose.

Luis Bárcenas puso ayer nombre y apellido en la sesión del juicio del caso Kitchen a las iniciales M. R. de sus anotaciones: Mariano Rajoy. La sorpresa fue similar a la que advertiríamos en una persona adulta si le explicásemos que Ratoncito Pérez, Papá Noel y los Reyes Magos son los padres.

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