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Sánchez quiere competir electoralmente con Trump-Netanyahu
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Josep Martí Blanch

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Sánchez quiere competir electoralmente con Trump-Netanyahu

El presidente, nuevo centinela de Occidente, no dejará de roer el hueso de Israel. Está convencido de las virtudes electoralistas de su apuesta

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (Europa Press/Diego Radamés)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (Europa Press/Diego Radamés)
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En las próximas elecciones generales, más cerca de lo que dicen unos y más lejos de lo que otros quisieran, los españoles decidirán de nuevo en quién confían para gobernar su país durante cuatro años. Como siempre, pensará usted. Pues sí, pero con una novedad de lo más disruptiva. La elección esta vez no será entre los candidatos que presenten los partidos políticos españoles que concurran a la cita. En esta ocasión, los electores deberán decidir si prefieren que su presidente sea el dúo Donald Trump-Benjamin Netanyahu o Pedro Sánchez. Los bárbaros o la civilización, la luz o la oscuridad, él o la barbarie. Este es el marco que está trabajando el equipo del presidente.

Un planteamiento de esta guisa tiene ventajas reales y otras supuestas para el Gobierno del PSOE. Entre las reales, de sobras conocida, la de hacer pivotar el debate político alrededor de una cuestión ya situada enteramente en el plano emocional y que Sánchez maneja a su antojo en clave binaria: yo el bien, los otros el mal.

Él es la personificación de lo bueno. Los demás, incluyendo también en el mismo saco a quienes sin negar la mayor del sufrimiento palestino sí aceptan el matiz en su análisis, están irremediablemente en el lado equivocado de la historia. España es otra vez, según este imaginario, la reserva espiritual de Occidente y Pedro Sánchez el nuevo vigía.

Los beneficios añadidos de este planteamiento son la desaparición de la conversación pública de los graves asuntos de la política doméstica que amenazan al PSOE y el señalamiento de la oposición, particularmente del PP y su candidato, como correveidiles de Trump y Netanyahu.

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El final del camino es el comentado: Sánchez no luchará en las próximas elecciones contra Feijóo. Lo hará en realidad contra los presidentes de Israel y Estados Unidos. De fondo, el convencimiento de que Palestina, si se mantiene en la agenda -y el gobierno hará lo posible para que así sea- es un ingrediente movilizador muy relevante para la izquierda. Y ya se sabe que cualquier posibilidad de éxito en unas elecciones pasa por movilizar a los tuyos, incluyendo en este caso como "tuyos" a los votantes más izquierdistas que sólo en casos extraordinarios -como fue el caso de las elecciones celebradas tras los atentados del 11-M de 2004- se decantan por el PSOE.

Pero al lado de las ventajas existen también los riesgos. El principal está en los recursos dialécticos crecientes que hay que invertir para mantener en lo alto de la agenda una cuestión como esta. De momento, Sánchez y su gobierno ya se han puesto el traje de activistas y abandonanuna de sus primeras obligaciones: asegurar el disfrute de derechos y libertades de sus ciudadanos. La afirmación no es gratuita. Es lo que han hecho avalando y patrocinando el boicot a la Vuelta desde las instancias oficiales.

Foto: sanchez-alienta-que-la-protestas

Salvando las distancias, lo de Sánchez y sus ministros estos días se ha parecido mucho al "apretad, apretad" que el presidente de la Generalitat, Quim Torra, exigía a los independentistas tras la sentencia del juicio del proceso independentista.

El "apretad" de Torra y el orgullo de Sánchez por las protestas antiisraelíes tienen mucho en común. Y comparten también los mismos riesgos. Porque cuando un Gobierno incentiva la presencia de la gente en la calle y se muestra indolente a la hora de asegurar el mantenimiento del orden público, está jugando con fuego. Hay genios que una vez sacados de la lámpara es imposible que vuelvan a ella en el corto plazo. Si el Gobierno se viste de radical en sus planteamientos, ha de saber que nunca será suficiente y que siempre habrá en la calle quienes lo rebasen en radicalidad. Pretender asociarse con ellos es, a la larga, un mal negocio. No sólo para el país que se gobierna, sino para las propias siglas que deciden abrazar esa estrategia.

Calentar esta estufa consigue mucha leña. Fíjense que la comparecencia de Pedro Sánchez de hace una semana para anunciar medidas de boicot a Israel -que después el Gobierno retrasó en su aprobación- es ya historia. Y que la Vuelta forma parte también del pasado. Se necesita combustible diario. Por eso ayer era ya el turno de exigir la expulsión de Israel de todas las competiciones internacionales o de anunciar que TVE no participará en Eurovisión si lo hace el Estado hebreo.

Foto: pedro-sanchez-cambio-ciclo

Sánchez ha decidido que este es el tema y no tiene intención de dejar de roer este hueso. Así que seguirán los anuncios. Por dos motivos. El primero obedece a la presunción de bondad que atribuimos al presidente. Es decir, que cree en la Justicia y la necesidad de lo que hace. Mucha presunción es esa, pensarán algunos, quizás con razón. Pero el segundo, a la vista de todos, es simple y llanamente lo que conocemos como cálculo electoralista. Hay que remontar.

Por el camino, España va a pagar algunas facturas por los excesos a los que viene obligado Sánchez en su faceta de ariete de la Justicia universal, que incluye la lesión de los propios intereses nacionales. ¿Alguien se imagina al presidente francés incentivando el boicot del Tour? ¿O a uno italiano haciendo lo propio con el Giro?

De momento, el Gobierno israelí ya ha anunciado el boicot de la próxima edición del Mobile World Congress Barcelona y los organizadores del Tour de Francia han filtrado su preocupación por las tres etapas de la próxima edición, entre ellas la inaugural, que han de rodar por Catalunya. Llegarán más facturas y represalias.

Foto: sanchez-cierra-el-espacio-espanol-a-las-armas-destinadas-a-israel-para-denunciar-el

Sólo que a Sánchez parecen no importarle. Como también le trae sin cuidado hacer el ridículo cuando dice no comprender por qué Europa no trata a Israel del mismo modo que decidió tratar a Rusia cuando empezó la guerra con Ucrania. Habrá que recordarle al presidente algo básico: Putin invadió un país soberano sin provocación previa. Israel, en cambio, está respondiendo -desproporcionadamente- a una clarísima declaración de guerra previa de los terroristas que gobiernan Gaza.

En las próximas elecciones generales, más cerca de lo que dicen unos y más lejos de lo que otros quisieran, los españoles decidirán de nuevo en quién confían para gobernar su país durante cuatro años. Como siempre, pensará usted. Pues sí, pero con una novedad de lo más disruptiva. La elección esta vez no será entre los candidatos que presenten los partidos políticos españoles que concurran a la cita. En esta ocasión, los electores deberán decidir si prefieren que su presidente sea el dúo Donald Trump-Benjamin Netanyahu o Pedro Sánchez. Los bárbaros o la civilización, la luz o la oscuridad, él o la barbarie. Este es el marco que está trabajando el equipo del presidente.

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