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El enemigo del PP no es Sánchez, es Vox
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Josep Martí Blanch

Pesca de arrastre

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El enemigo del PP no es Sánchez, es Vox

Vox, tras purgarse de liberalismo, sitúa a los populares como parte del problema de España, no como parte de la solución

Foto: El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, y el de Vox, Santiago Abascal, al finalizar el pleno del Congreso. (EFE/Kiko Huesca)
El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, y el de Vox, Santiago Abascal, al finalizar el pleno del Congreso. (EFE/Kiko Huesca)
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El PP camina sólo. La amenaza de Vox de bloquear los presupuestos en aquellas comunidades gobernadas por los populares en las que el voto de los de Santiago Abascal es necesario para su aprobación (Baleares, Murcia, Comunidad Valenciana, Extremadura, Aragón y Castilla y León) certifica que las divergencias en el espacio político de la derecha no solo no amainan, sino que tienden a acrecentarse.

Vox, tras purgarse de liberalismo, acompañado por la coyuntura internacional, triunfo de Donald Trump, Abascal presidiendo el tercer grupo en el Parlamento Europeo (Patriotas) y convencido de que la agenda política seguirá proporcionándole combustible para inflamar aquellos asuntos centrales para su agenda, sitúa a los populares como parte del problema de España, no como parte de la solución.

El primer paso fue despedirse a la francesa de esos gobiernos autonómicos el pasado mes de julio, en un movimiento que anticipaba lo que ahora tiene su continuidad natural. Vox está en la oposición en esos ejecutivos y hace valer su posición.

Vox no es sólo una piedra en el zapato del PP a la hora de contar votos los días de jornada electoral. Lo es también cuando se alcanza el gobierno.

Foto: vox-rompe-las-negociaciones-de-presupuestos-con-el-pp-por-un-supuesto-acercamiento-al-psoe

La estrategia de la ultraderecha es, desde el punto de vista partidista, coherente para un partido de agitación, que es lo que es todavía la ultraderecha en España.

Fijada entre su dirección la idea de que en unas elecciones generales el suelo de Vox está en los tres millones de votos, y que con mejores o peores resultados la formación va a seguir como un jugador destacado en el tablero político, crecer pasa inevitablemente por atraer a las urnas nuevas bolsas de votantes y robárselos al PP.

De ahí que en su estrategia política pase a ser de lo más relevante dar mala vida a los populares. Hay que profundizar las diferencias con la derecha más sistémica, moderada y de ADN más liberal (en el sentido holístico) que representa Núñez Feijóo.

Salir de los gobiernos que compartían con el PP era el primer y necesario movimiento para ello. Pero hay que seguir atornillando, y ahora le toca el turno a esos presupuestos autonómicos, con independencia de que finalmente puedan aprobarse o no.

Se trata de mantener la mano agarrada al cuello de esos ejecutivos autonómicos populares para estrangularlos, con más o menos fuerza cuando convenga, a cuenta de la construcción de un discurso en clave nacional que permita afirmar que, a fin de cuentas, el PP no es apenas diferente del PSOE en las cuestiones más trascendentes.

Foto: feijoo-aleja-vox-capitalizar-banderas-sociales-izquierda

De momento la excusa, tanto para justificar la salida de esos gobiernos como para ahora suspender las negociaciones de los presupuestos, ha sido la crisis migratoria. Una carta que Vox considera imbatible para violentar al electorado popular en contra de su partido. Pero la ultraderecha tiene más fondo de armario.

El PP, por ejemplo, necesita mejorar sus números en Cataluña para tener mayores opciones de llegar a la Moncloa. No lo hará con un discurso que se mantenga intelectualmente en las coordenadas del proceso, porque este ya se acabó.

Pero cualquier concesión, no al independentismo o al nacionalismo, ni siquiera al catalanismo, sino a la complejidad y realidad de la sociedad catalana -una complejidad que entiende perfectamente Salvador Illa desde el constitucionalismo de izquierdas- será aprovechada por Vox para subirle los colores a los populares en el resto de España. Eso mismo es lo que hace inviable que una aproximación a Junts o al PNV resulte imposible en estos momentos por mucho que se escriba al respecto.

El discurso de que los votos de Vox tarde o temprano volverán a la “gran casa de la derecha” es pensamiento mágico

La paradoja para Núñez Feijóo es que cuanto más apunte a la moderación, o si lo prefieren al sentido de estado, mejor para Vox. En la medida que para el laboratorio de mensajes de la ultraderecha pasa a ser muy sencillo trabajar en ese escenario la idea de que la derecha de siempre no sirve para cambiar nada, sino únicamente para sostener la decadencia. Feijóo pierde si se mueve. Pero si no se mueve no puede ganar. Endiablado.

No es una situación nada fácil para los populares. El discurso de que los votos de Vox tarde o temprano volverán a la “gran casa de la derecha” es pensamiento mágico. Vox no es Ciudadanos y cabalga una ola favorable en el largo plazo para sus intereses. Las campañas a favor del voto útil al PP van a tener siempre un efecto limitado. Hay que entender que hay mucha gente que siente que, por primera vez, tiene un partido. Esa, guste más o menos, es la realidad. Entendida esta cuestión, que Vox fiije como primer adversario al PP, dado que todo partido aspira a crecer, pasa a ser lo más natural del mundo. Otra cosa, claro, es el interés general. Pero ¿a quién le interesa eso cuando estamos hablando de partidos?

El PP camina sólo. La amenaza de Vox de bloquear los presupuestos en aquellas comunidades gobernadas por los populares en las que el voto de los de Santiago Abascal es necesario para su aprobación (Baleares, Murcia, Comunidad Valenciana, Extremadura, Aragón y Castilla y León) certifica que las divergencias en el espacio político de la derecha no solo no amainan, sino que tienden a acrecentarse.

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