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Las monjas ancianas de Belorado son trasladadas al hospital por orden judicial
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Las monjas ancianas de Belorado son trasladadas al hospital por orden judicial

Una comitiva judicial ha evaluado a cinco religiosas de avanzada edad en Orduña por posible necesidad de atención, tras los indicios detectados en una investigación previa

Foto:  Laura García de Viedma, exabadesa del convento de las Clarisas de Belorado. (EFE/Santi Otero)
Laura García de Viedma, exabadesa del convento de las Clarisas de Belorado. (EFE/Santi Otero)

Una treintena de agentes de la Guardia Civil, un forense y una ambulancia invadieron en la mañana del jueves el monasterio vasco de Orduña, en el que se ha ‘refugiado’ la mayor parte de la comunidad cismática de Belorado. Su objetivo: ‘rescatar’ a las cinco monjas mayores, que no suscribieron la ruptura con la Iglesia Católica protagonizada por sus compañeras hace un año y medio, ante la existencia de indicios de que pudieran no estar siendo bien atendidas, al tratarse de personas dependientes.

La operación fue supervisada por la jueza de Instrucción 5 de Bilbao, que fue quien dictó la apertura de diligencias a raíz de un informe elaborado por la Guardia Civil. Los agentes, tras su última visita al cenobio vasco, a finales de noviembre, con motivo del proceso abierto en Briviesca por una posible apropiación indebida de obras de arte y de patrimonio, trasladaron al juzgado su convicción de que aquella residencia podría no ser adecuada para que residieran en ella las religiosas más ancianas.

El documento habla de una estancia con desorden, falta de higiene y heces de animales por todas partes. Según la comunidad, todo eso se refiere a la planta baja del monasterio, que es la que está sin acondicionar y en la que duermen los perros. Las religiosas, incluidas las monjas mayores, residirian en la planta superior, que sí está preparada. "Han mezclado la parte inferior con la de arriba. En la inferior no vive nadie", explica Enrique García de Viedma, uno de los letrados que representa a las exmonjas. "La parte del informe que se cita en el auto es tremendista y desproporcionada. Lo han revuelto todo", opina, a la espera de poder conocer el documento íntegro.

El portavoz de las religiosas, Francisco Canals, difundió varios videos para acreditar la idoneidad de la residencia actual de las monjas. Los videos muestran estancias limpias, habitaciones con baños adaptados y camas abatibles. Asimismo, se documenta la existencia de un ascensor, aunque las religiosas más mayores hacen su vida en la planta superior y apenas salen de allí.

La separación de las monjas que siguen siendo fieles a la Iglesia de sus compañeras cismáticas siempre ha sido un objetivo del arzobispo de Burgos, Mario Iceta, nombrado por el Vaticano Comisario Pontificio de los monasterios declarados ‘en rebeldía’. Y, de hecho, el juzgado de Briviesca dictó ya un auto en el que abogaba por su traslado a otros monasterios de su orden, las clarisas, en previsión del inminente desahucio de Belorado, ya acordado por la juez, pero que se encuentra recurrido. Sin embargo, en los dos intentos anteriores de ‘rescate’ de las religiosas, los agentes se encontraron con su decidida oposición a abandonar a sus hermanas, por lo que permanecieron con ellas. En esta ocasión, sin embargo, el criterio esgrimido es una posible desatención que habilitaba a los agentes a sacarlas del lugar.

Paradójicamente, han sido otro juzgado, otra jueza y otro procedimiento los que han permitido separar a las religiosas, que fueron trasladadas en primera instancia al hospital de Basurto para someterlas a una revisión médica. Dado que la operación se realizó con participación de un médico forense, hay que suponer que el perito encontró fundada la sospecha de desatención.

Foto: nuevo-varapalo-para-las-exmonjas-de-belorado-en-su-pretension-de-convertirse-en-asociacion

A última hora de la mañana, la Oficina del Comisario Pontificio explicó en una nota de prensa que el juzgado ha acordado poner a las cinco monjas mayores en sus manos, y que su destino serán otros monasterios de la Federación de Clarisas Nuestra Señora de Aránzazu "donde serán felizmente acogidas por sus hermanas y recibirán la atención esmerada y fraterna que merecen". Y donde podrán seguir viviendo la Regla de la Orden de Santa Clara "que ellas siempre han profesado, habiéndose negado a participar del cisma".

“El cuidado de las hermanas mayores ha sido objeto de constante preocupación para el Comisario Pontificio y la Comisión Gestora. Esta preocupación se agravó tras el temerario traslado de estas monjas mayores desde su residencia habitual en el Monasterio de Belorado al Monasterio de Orduña, que carece de las mínimas instalaciones necesarias para atender adecuadamente a personas mayores y vulnerables”, explicó el portavoz del Comisario Pontificio, Ignacio de Gamón.

El traslado fue, en realidad, el último episodio del juego del gato y el ratón que se traen las religiosas con la Iglesia. Al ver confirmada la amenaza de desahucio de Belorado se movieron al monasterio de Orduño, sobre el que también se ha iniciado recientemente un procedimiento de desahucio, pero que se encuentra en una fase judicial más temprana. Fue el temor al desahucio el que motivó también el traslado de las obras de arte del cenobio burgalés al vasco, para evitar que pudiera recuperarlas el Arzobispado de Burgos. Orduña se había constituido, en cierto modo, como un refugio para las monjas, como la última salida para eludir la amenaza de la justicia, pero la acción de los tribunales ha terminado por alcanzarlas también allí.

Otro de los abogados de las religiosas, Florentino Aláez, explicó ayer que, para facilitar la retirada de las monjas mayores, el resto de la comunidad fue encerrada por los agentes de la Guardia Civil en la iglesia del monasterio. Una retención que, según las religiosas, se prolongó alrededor de dos horas.

"Ni siguiera les han preguntado por los tratamientos médicos que sigue cada religiosa", aseguró Aláez. Las monjas cismáticas han trasladado con testimonios en video su queja por el mal trato que, a su juicio, han recibido sus hermanas de más edad, pues se las llevaron del monasterio “sin desayunar, sin haberlas podido bañar y sin haber tomado sus medicinas”. Extremos todos ellos que este periódico no ha podido confirmar ni desmentir.

Una treintena de agentes de la Guardia Civil, un forense y una ambulancia invadieron en la mañana del jueves el monasterio vasco de Orduña, en el que se ha ‘refugiado’ la mayor parte de la comunidad cismática de Belorado. Su objetivo: ‘rescatar’ a las cinco monjas mayores, que no suscribieron la ruptura con la Iglesia Católica protagonizada por sus compañeras hace un año y medio, ante la existencia de indicios de que pudieran no estar siendo bien atendidas, al tratarse de personas dependientes.

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