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El brutal asesinato de Aintzane en una casa rural: la permanente revisable se cierne sobre la pareja acusada
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en el municipio de Aizarnazabal

El brutal asesinato de Aintzane en una casa rural: la permanente revisable se cierne sobre la pareja acusada

Este jueves arranca el juicio por el homicidio de una joven explotada sexualmente. Los dos procesados vivían con ella cuando acabaron con su vida en un agroturismo. La Fiscalía pide la prisión permanente por primera vez en Guipúzcoa

Foto: Los agentes en el río Urola donde apareció el cuerpo. (Ertzaintza)
Los agentes en el río Urola donde apareció el cuerpo. (Ertzaintza)

El municipio guipuzcoano de Aizarnazabal (780 habitantes) siempre fue un lugar tranquilo. Una pequeña localidad circundada por el río Urola, rodeada de naturaleza de variados tonos verdes y multitud de caminos para hacer senderismo. Un pueblo donde todos se conocen, donde nunca hubo grandes conflictos y donde, hoy día, recuerdan el momento exacto en el que esa percepción de tranquilidad, calma y seguridad rotunda cambió de rumbo.

Aizarnazabal vive con una herida abierta desde el 4 de enero de 2021. Aquel día, relata su alcaldesa Mari Karmen Arregi (EH Bildu), hacía muchísimo frío. Los efectos colaterales de la pandemia del año anterior aún coleaban: todavía se llevaban mascarillas, apenas se salía a la calle y muchos vecinos estaban confinados. La primera edil recuerda bajar a orillas del río por un aviso de los operarios municipales entre las 11 y las 12 de la mañana.

Los trabajadores se toparon con un cuerpo sin vida en la maleza –con varias puñaladas, la ropa desgarrada y bridas en las manos– durante su jornada laboral. Pertenecía a la joven Aintzane Pujana, asesinada brutalmente en una casa rural del pueblo por una pareja que la forzaba a ejercer la prostitución. "Fue muy impactante", relata una vecina; "un shock", relata otra. Ninguna ha querido desvelar su identidad porque, recuerdan, apenas hay extraños en Aizarnazabal.

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El caso estremeció no solo a la localidad, sino a toda la provincia. Este jueves arranca el juicio contra los dos procesados –un hombre y una mujer de 23 y 24 años cuando se produjo el crimen– y, por primera vez en Guipúzcoa, la Fiscalía provincial pide para ambos la prisión permanente revisable. La pareja lleva en arresto preventivo desde su detención ocho días después del crimen. Este periódico ha contactado con los altos mandos que lideraron la investigación policial, el Ministerio Público encargado de redactar el escrito de acusación y el consistorio guipuzcoano para esclarecer qué ocurrió entre los días 1 y 4 de enero de 2021. ¿Quién era Aintzane? ¿Por qué acabaron con su vida a sangre fría?

La pareja se dedicaba a grabar videos pornográficos para subirlos a una plataforma online

El día de Año Nuevo

Aintzane Pujana, de 32 años de edad, se mudó a una vivienda de agroturismo a las afueras del municipio unos 20 días antes del crimen. No era oriunda del pueblo, sino que venía de San Sebastián (a 36 kilómetros de Aizarnazabal) y, según confirmaron diversas fuentes, no tenía una relación muy estrecha con sus familiares y amigos de su ciudad. Sus padres eran muy mayores y el vínculo entre ellos no era el más cercano; aunque nada de esto implica que su pérdida no supusiera un golpe horrible para sus allegados. Fuentes de la Ertzaintza confirman que, además, la mujer padecía un trastorno de personalidad múltiple.

En la misma casa rural residían, también, una pareja de jóvenes (E. y K., un varón y una mujer), de nacionalidad española e instalados hacía poco en la localidad. El inmueble se ubicaba al norte, en el barrio de Zubialdea. ¿Conocidos en el pueblo? A pesar de la cercanía entre vecinos, los recién llegados apenas se dejaban ver por las calles de Aizarnazela. Se sabía que estaban alquilados, pero ni la alcaldesa ni las vecinas consultadas recuerdan verles pasear o hacer vida con otros residentes. "Lo que supe de ellos fue por la prensa local", dice Arregi refiriéndose a las publicaciones de El Diario Vasco.

placeholder Una imagen de los dos detenidos. (Ertzaintza)
Una imagen de los dos detenidos. (Ertzaintza)

Dentro de aquella vivienda, que terminó siendo el lugar del crimen, no residían tres compañeros de piso al uso. La pareja acusada se dedicaba a grabar videos pornográficos para subirlos a una plataforma online y ofrecían su contenido sexual a cambio de dinero. Sin embargo, Aintzane no tenía opción de elegir: la explotaban sexualmente y ellos se encargaban de gestionar las citas. De hecho, la primera vez que los agentes de la Ertzaintza se personaron en el inmueble para preguntar por la joven, la explicación que dieron fue que la estaban “ayudando” a "promocionarse en el sector" de la prostitución, relatan fuentes de las pesquisas.

Fue, precisamente, la negativa de la joven a acostarse con un cliente lo que propició su muerte. A las 23 horas del 1 de enero, E. (el varón) recibió una solicitud de un hombre interesado en recibir los servicios de Aintzane en Azpeitia, otra localidad cercana. Ella rechazó la oferta, lo que llevó al presunto culpable a chantajearla con su perro Tyson; un animal de grandes dimensiones al que la donostiarra estaba muy unida. El escrito de acusación de la Fiscalía relata que el acusado introdujo al animal dentro de su coche "dejándola entender tácitamente que podía causarle algún daño".

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Compraron en un supermercado productos de limpieza después del asesinato. (Ertzaintza)

Su estrategia funcionó y Aintzane, que tenía nula capacidad de decisión en su situación, accedió subirse al vehículo –junto a E. y K.– en dirección a la casa del cliente. Una vez allí, la joven volvió a negarse a acostarse con él. El Ministerio Público explica cómo E., cabreado, condujo hasta una pista forestal, sacó a la mujer a la fuerza del coche y pidió a su compañera "sentimental y profesional", según la policía, que la golpeara con fuerza. Le rompieron la nariz y volvieron de vuelta al agroturismo. Allí, le colocaron unas bridas en las manos para evitar que se defendiera, le presionaron en el cuello, le cubrieron la cabeza con una toalla y le asentaron varias puñaladas en el cuerpo con un cuchillo de 13 centímetros.

Su muerte se produjo ya de madrugada y los dos acusados trataron de destruir de las pruebas. Limpiaron la escena del crimen con lejía, hicieron desaparecer el cuchillo (sospechan que lo tiraron al mar) y se deshicieron del cadáver; que apareció tres días más tarde cerca del río.

Tres días después

Una llamada de la comisaria de Zarautz activó al grupo el Servicio de Investigación Criminal Territorial de Guipúzcoa; encargado de indagar en los homicidios y asesinatos sin autor conocido. A su llegada a la localidad, los dos forenses y el médico presente certificaron que se trataba de una muerte violenta. La alcaldesa estuvo toda la mañana en la zona. La sorpresa era mayúscula: "Era algo que uno cree que no puede pasar en su pueblo", relata. Lo primero que pensaron en el consistorio fue que pudiera tratarse de un suicidio, una tesis que fue descartada al poco tiempo.

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Además, y debido a que gran parte del municipio estaba confinado por un brote de covid –ella incluida–, no se pudo celebrar un acto en su memoria. Sí se emitió un comunicado oficial y se dejó un ramo de flores en el mismo lugar donde apareció la chica. La ausencia del contacto personal entre los residentes agravó el desconcierto, según una de las vecinas.

Este caso, reconoce Arregi, sí dejó una cicatriz en el municipio. No tanto por la sensación de inseguridad; Aizarnazabal continúa siendo un lugar pacífico, sino porque "aunque no conozcas [personalmente] a la víctima, no puedes evitar sentir repulsa", relata.

Lo primero que hicieron los agentes fue desplazarse hasta la vivienda de agroturismo donde conocieron a los dos detenidos. "Estaban muy tranquilos", relata la Ertainzanta. Habían tenido tiempo para pensar en una coartada sobre la desaparición de Aintzane. De hecho, los agentes también barajaron que detrás su muerte podían estar implicados su pareja –que fue quien denunció su desaparición– o alguno de los clientes de los chulos.

placeholder La vivienda donde se produjo el crimen. (Google Maps)
La vivienda donde se produjo el crimen. (Google Maps)

E. y K. incluso se acercaron a comisaria a declarar como testigos. Eran las últimas personas que habían tenido contacto con la joven y los investigadores necesitaban saber cuál era su versión. Sus palabras, no obstante, no convencieron a los agentes. Poco a poco, y según avanzaban las pesquisas, muchas dudas en torno al crimen se fueron resolviendo.

La suerte quiso que la noche del asesinato, una patrulla de la policía vasca (ubicada en la carretera entre Zarautz y Getaria) diese el alto a la pareja de proxenetas por saltarse el toque de queda de la región. De aquella, no estaba permitido salir de casa pasadas las 10 de la noche. En ese momento nada levantó las sospechas: en el interior del vehículo había dos personas (los acusados), un perro (Tyson), y algunas bolsas. Días después, la Ertzaintza descubrió que aquel viaje por la costa se debía a que se estaban deshaciendo de las pruebas. La policía localizó la funda del cuchillo y documentación personal de Aintzane en las inmediaciones de la vía.

placeholder El 12 de enero, cuando detuvieron a los procesados. (Ertzaintza)
El 12 de enero, cuando detuvieron a los procesados. (Ertzaintza)

El arresto

El 12 de enero detuvieron a la pareja "al lado" de la casa rural. Ambos seguían viviendo allí ocho días después del crimen y, aunque barajaban la posibilidad de mudarse, les pillaron antes de empezar a hacer las maletas.

La Fiscalía pide para ellos la pena de prisión permanente revisable por un delito de asesinato agravado; cinco años de cárcel por detención ilegal; y otros tres entre rejas por prostitución. El juicio comienza este jueves en la Audiencia Provincial de Guipúzcoa, en San Sebastián. La primera jornada estará destinada a la elección de los magistrados y el viernes declararán como acusados los dos procesados.

La vista oral está prevista para el 21 de octubre. "Que paguen por lo que han hecho", reseña la alcaldesa. La casa rural cerró sus puertas después del trágico suceso y ya no está en alquiler. "Lo último que he oído es que la compró un particular", continúa una residente.

El municipio guipuzcoano de Aizarnazabal (780 habitantes) siempre fue un lugar tranquilo. Una pequeña localidad circundada por el río Urola, rodeada de naturaleza de variados tonos verdes y multitud de caminos para hacer senderismo. Un pueblo donde todos se conocen, donde nunca hubo grandes conflictos y donde, hoy día, recuerdan el momento exacto en el que esa percepción de tranquilidad, calma y seguridad rotunda cambió de rumbo.

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