"SOMOS UNOS PRIVILEGIADOS", ADMITEN

El 'oasis de Hendaia' para 6.000 vascos: una hora para correr o pasear (incluso en familia)

La localidad fronteriza vive estos días un movimiento inaudito, con muchos de sus habitantes (cerca de un 40% de ellos españoles) aprovechando los 60 minutos permitidos para salir a la calle

Foto: Dos personas pasean los perros, mientras más adelante una pareja pasea este lunes en Hendaia, donde se permite salir del confinamiento una hora. (J.M.A.)
Dos personas pasean los perros, mientras más adelante una pareja pasea este lunes en Hendaia, donde se permite salir del confinamiento una hora. (J.M.A.)

"¿Necesitas un cambio de aire?" Lo que en otras circunstancias no deja de ser uno de otros tantos esloganes para captar visitantes, el lema que encabeza la página web de la Oficina de Turismo de Hendaia alcanza dimensiones bíblicas estos días, recién iniciada en España la cuarta semana de confinamiento dentro del estado de alarma decretado para combatir el avance del coronavirus y con la paciencia a punto de alcanzar el límite en algunos hogares. Porque en estos momentos de férrea reclusión domiciliaria, la localidad fronteriza francesa es poco menos que un paraíso para los españoles que viven a un paso de Irún (Guipúzcoa).

"Este fin de semana había mucha gente por la calle". Alberto es uno de esos muchos habitantes de Hendaia que el pasado domingo se hicieron a la calle impulsados por el buen tiempo... y también por la legalidad. No le hizo falta recurrir a la picaresca para abandonar de forma temporal el confinamiento. Las medidas decretadas por el Gobierno galo ante la pandemia permiten una hora de escapada al día para correr, pasear —incluso con todos los miembros del hogar— o sacar al perro en un entorno de un kilómetro con respecto al domicilio.

"La verdad es que el confinamiento se está sobrellevando mejor", admite abiertamente, de forma espontánea, sin ánimo —dice— de querer dar envidia. Pero, de forma inconsciente o no, sus palabras dan pie [nunca mejor dicho] a ello. "Ayer me fui a la cama reventado de cansancio". Como Alberto, más de 6.000 vascos que viven en esta localidad fronteriza de unos 16.500 habitantes tienen abierta de par en par la puerta a una hora al día de 'escapada' domiciliaria sin necesidad de tener que andar con justificaciones. El que habla en caso de control es el documento que deben llevar consigo con la hora de salida de casa que ellos mismos apuntan al tomar la calle con su firma.

El padrón municipal dice que son más de 5.000 vascos quienes viven en este 'oasis de Hendaia' a día de hoy, pero fuera del censo hay otra 'comunidad vasca' que no aparece en las estadísticas por no tener a esta localidad francesa como residencia oficial. Así, se estima que el porcentaje de vascos que habita en esta localidad puede ser del orden del 35-40% de la población, por encima de 6.000 personas.

Jon admite que sale más de la hora permitida, ya que la vigilancia policial no es muy estrecha: "En tres semanas, solo me he topado con un control"

La página web de la Oficina de Turismo de Hendaia apunta a cinco razones para acudir a Hendaia —la cornisa vasca, el castillo observatorio Abbadia, senderismo, surf y vela—. Ahora bien podría añadir una sexta: el "confinamiento más relajado" del que se presume a este lago de la muga. "Yo salgo un montón", afirma Jon. Incluso —admite sin reparos— más de lo permitido desde el punto de vista legal, ya que la vigilancia policial no es muy estrecha. "En estas tres semanas, solo me he encontrado con un control al ir a hacer la compra con el coche", apunta.

Pero a pie nadie le ha requerido la explicación que contiene el documento con la hora de salida de casa que uno mismo firma o la evidencia del carné de identidad con la ubicación del domicilio. "Todos los días salgo a correr, a andar y a pasear el perro y nunca he visto a la Policía", corrobora otro ciudadano para constatar esta laxitud policial. No pasa lo mismo en la frontera, donde la Gendarmería tiene implantados férreos controles en los diferentes pasos para cerrar al paso a quienes no dispongan de salvoconducto en virtud del cierre de la muga decretado por los gobiernos español y francés.

Oskar visualiza fotos hasta ahora impensables desde su casa: vecinos que exprimen al perro, 'runners' desconocidos, familias e hijos de paseo...

Acostumbrada a cohabitar con el silencio fuera de los periodos turísticos en su condición de ciudad dormitorio, Hendaia vive estos días un movimiento inaudito para un mes de marzo o abril —exceptuando las fechas de Semana Santa—. Oskar está viendo estos días caminar a "gente que no había visto nunca" por su urbanización, situada a 800 metros de la frontera dentro del término municipal de Urrugne, donde se ha visto alterada la tranquilidad reinante. Desde la ventana de su casa visualiza fotografías impensables hasta ahora: vecinos que exprimen al perro cuando hasta ahora apenas les daban bola, 'runners' que no se sabe de dónde han salido con zapatillas de correr sin el rodaje hecho, familias con los hijos de paseo.... "Lo nunca visto", asegura.

Él admite que no le "está sacando mucho partido" a la flexibilidad permitida dentro de la alarma por la emergencia sanitaria. Por un lado, hace tiempo que perdió la disciplina de salir a correr, y, por otro, cuenta con un amplio jardín —como muchas de las casas en Hendaia—, lo que le hace vivir el encierro obligado sin "agobios". En todo caso, debe ser un 'rara avis' en estos tiempos de confinamiento porque, como admite, el movimiento se ha instalado en un barrio en el que "normalmente no se ve mucha gente".

Un corredor, este lunes por Hendaia, con el malecón de la playa, a la izquierda, cerrado al paso. (J.M.A.)
Un corredor, este lunes por Hendaia, con el malecón de la playa, a la izquierda, cerrado al paso. (J.M.A.)

No obstante, puerta abierta a la calle no es sinónimo de pista libre. Hay un mayor movimiento que de costumbre, pero no impera, ni de lejos, eso de 'tonto el último', según se coincide en señalar. A grandes rasgos, se comparte que si la policía no está tan encima de la población es por el elevado grado de "responsabilidad" que demuestra la población con el cumplimiento de la hora de plácet, así como con el resto de normas impuestas por Francia, que sí guardan similitud con las de España. Oskar asegura que ve pasar varias veces a un mismo 'runner' por debajo de su casa para dar a entender este respeto al límite del kilómetro permitido. "No hay tanta firmeza policial porque hasta cierto punto la población está responsabilizada", comparte Aitor, un guipuzcoano con residencia oficial desde hace más de 20 años en esta localidad. En esta cierta relajación policial también influye, a juicio de los habitantes, el hecho de que apenas se hayan registrado "unos pocos casos" de coronavirus en la zona de Iparralde. De hecho, como evidencia Alberto, en un gran supermercado situado en la cercana localidad de Urrugne, muy frecuentado por la población de un amplio entorno, son contadísimos los clientes que utilizan guantes o máscaras. Nada que ver con lo que ocurre en Burdeos, situada a algo más de 200 kilómetros.

El aval a la "actividad física habitual de la persona", bien sea correr o andar, excluye la "practica deportiva colectiva" y la "proximidad con otras personas", pero sí está permitido dar un paseo grupal si está conformado por las personas que están confinadas en el mismo domicilio. "Ves muchas parejas paseando", describe Jon. Ainhoa, sin embargo, prefiere no utilizar el comodín de los 60 minutos y el salvoconducto familiar. Apenas consume el "tiempo justo" para dar un respiro a su perro. Lo hace por "precaución", la misma que mantiene encerrada en casa a su madre jubilada de 76 años. Con la despensa llena, sus hijos consideran que "tiene mucho que perder y poco que ganar" si sale a la calle.

La inmensa playa que propaga la imagen turística de esta localidad costera está cerrada estos días con motivo de la alarma sanitaria. También un precinto policial corta el paso al malecón junto al arenal. Pero sí se puede correr por la acera de enfrente, como lo atestigua Juan. "Para mí la gran diferencia está en poder salir a correr", valora este irunés, a quien su residencia en Hendaia le ha permitido no tener que poner las zapatillas en barbecho. "Si no te pillan puedes salir todo lo que quieras, pero eso ya depende de cada persona", esgrime quien no desaprovecha ningún permiso diario para salir a dar zancadas.

En su caso, por lo que ve en su área de influencia 'runner' de un kilómetro, estos días no han brotado corredores como champiñones. El hecho de que también se permita salir a pasear —considera— no ha dado de alta a nuevos corredores como excusa para abandonar por un momento el confinamiento. "Me cruzo con los corredores que normalmente me encuentro el resto del año", apunta quien a lo largo de estos días ha sufrido un único control policial en las cercanía de la playa. "Yo creo que la costa está más controlada", señala.

Se asume que hay vecinos que superan la hora permitida al día, pero se apela a la "responsabilidad de cada persona" y a la acción policial

"Hecha la ley, hecha la trampa", podrá pensar más de uno para confundir flexibilidad con barra libre. Así, ¿quien puede garantizar que nadie sale a la calle con varios papeles con una hora de salida diferente en cada uno? ¿O quien puede asegurar que alguien no salga más de una vez al día ante la poca vigilancia policial si no ha sido fichado en un primer control? Se asume que hay vecinos que utilizan este tipo de tretas, pero apelan, por un lado, a la "responsabilidad de cada persona" y, por otro, a la acción policial, que "no se anda con tonterías" con los listillos. "Es cierto que la Policía deja hacer un poco más, pero como te pases de listo...", avisa Aitor. Hay más voces que lo alertan: "Como te pillen tres veces en un renuncio te ponen una multa de 3.750 euros y seis meses de cárcel", avisa un periodista afincado en Iparralde que trabaja en el Sud Ouest.

La amenaza policial siempre está ahí. Alberto, por ejemplo, asegura que va a trabajar con cinco documentos diferentes: el certificado de la empresa de España que le permite cruzar la frontera, el salvoconducto que exige el Gobierno vasco con la autorización empresarial para transitar por Euskadi, el papel que exige el Ejecutivo de Francia para desplazarse a nivel profesional y las hojas de salida de casa y de la oficina donde trabaja. "Esto es un lío", apunta. Pero, visto lo visto, no lo duda: "Somos unos privilegiados".

Pero no todos los vascos que residen en Hendaia piensan igual. Dentro de este oasis de cierta libertad también hay confinamiento más allá de las cuatro paredes del hogar, con la reclusión que impone el cierre de fronteras para aquellos que no forman parte del censo municipal. Alberto aprovecha las horas de trabajo en Irún para cumplir con los encargos de varios vecinos de la urbanización, que no podrían regresar a sus casas en caso de pisar suelo español al no tener residencia oficial en Francia. Hay visitas a la farmacia para recoger medicinas de varios inquilinos, al estanco para adquirir tabaco a un precio mucho más barato para otro, al supermercado para llevar fruta a un matrimonio mayor que estos días no sale de casa...

Oskar no se ha topado con ningún control en Francia, pero este mismo lunes una patrulla de la Policía Local de Irún le ha dado el alto en pleno centro de la localidad cuando regresaba a su casa tras hacer y llevar la compra a sus padres, que por su avanzada edad no pueden realizar esta labor. "Me han hecho un interrogatorio en toda regla. Además, muy severo, en tono imperativo", constata. Hoy se ha librado de la multa económica al limitarse el castigo a una reprimenda por regresar a su domicilio en Francia por un trayecto más largo que por otro —afirma desconocer que existía otro recorrido más breve—. Mañana ya no lo tiene claro. Al menos, en Irún.

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