EN EL HOSPITAL DE BASURTO (VIZCAYA)

SOS de sanitarios para lograr auriculares o revistas: "El paracetamol no cura la soledad"

Profesionales llaman a los ciudadanos a entregar cargadores de móvil o auriculares: "Es muy importante para el enfermo porque supone sentirse un poco más libre dentro de cuatro paredes"

Foto: Enfermeras del Hospital Basurto preparan pruebas de detección del coronavirus. (EFE)
Enfermeras del Hospital Basurto preparan pruebas de detección del coronavirus. (EFE)

A Beatriz Iglesias se le parte el alma muchas veces al día en esa primera planta del Pabellón Gandarias del Hospital de Basurto (Vizcaya) antes dedicada a curar las heridas de traumatología y ahora convertida en área de sanación de enfermos con coronavirus. Por mucho que en esta batalla uno intente rebelarse ante el poderoso medicamento del paso del tiempo, no hay coraza que valga ante la desgarradora soledad que contagia las cuatro paredes de la habitación y que puede hacer más estragos en el paciente que el propio virus.

“Tratamos de aliviarles con el paracetamol, pero el paracetamol no cura la soledad que tienen en este momento”, lamenta esta enfermera. Más allá de la faceta profesional, en su condición de persona “muy visceral”, a Iglesias le “duele mucho” no poder acercarse al paciente, no tener prácticamente contacto con él, cuando se adentra a la habitación con un traje “casi de astronauta” que hace irreconocible el rostro a ojos del enfermo.

Porque tan importante como combatir el avance del virus es hacer frente a la propagación de la soledad ante el confinamiento impuesto. Y en esta última batalla, los pequeños pero valiosos triunfos a veces llegan con elementos que pueden parecer livianos, sencillos. Unos simples auriculares para ver la televisión –se ofrece gratis pero requiere de ellos para estar activa–, un cargador de móvil para devolver a la vida a los celulares pueden ejercer de potente medicamento o una revista para cubrir la ausencia de rostros presenciales.

Por ello, las profesionales de esta planta han decidido hacer un llamamiento público a los ciudadanos a aportar estos elementos. Se trata de un pequeño gesto ciudadano que, sobre el papel, apenas puede tener relevancia, con la batalla del coronavirus centrada en otros múltiples frentes, pero que contiene una gran dosis de medicina en esta lucha derivada de la ausencia de calor humano. Incluso, algo de tan poco valor material como puede ser un cepillo o pasta de dientes tiene un inmenso valor emocional. Se apela a la población, al ciudadano, porque "puede hacer mucho".

Este SOS ha sido propagado por WhatsApp entre los contactos de los profesionales sanitarios de cara a su posterior difusión generalizada con un audio en el que Iglesias está a punto de derrumbarse al explicar lo que supone adentrarse día a día en las más de 30 habilitaciones habilitadas en la planta, todas ellas ocupadas. Disponer de esos auriculares que la población ya no utiliza o contar con uno de estos cargadores que ocupan espacio en los cajones de muchos hogares es “muy importante” para los enfermos porque “supone sentirse un poco más libre dentro de cuatro paredes”, se resalta en el audio. “Esperamos vuestra ayuda”, finaliza.

Como no se puede acudir al hospital a hacer las entregas, Iglesias ha enviado un llamamiento a policías y bomberos para que se presten a recibir estos elementos de los ciudadanos para depositarlos posteriormente en unas cajas que desde este lunes se van a colocar en la entrada del pabellón. Por lo pronto, desde el servicio de Bomberos ya le han transmitido que van a recoger material entre la plantilla para enviárselo.

"La soledad en un hospital es muy destructiva: Podemos poner muchos medicamentos para aliviar el dolor, pero sobrellevar el dolor del alma es difícil"

No es –recalca– una cuestión baladí. Muchos de los pacientes han llegado a esta primera planta con lo puesto tras ser ingresados después de acudir solos a las urgencias hospitalarias. Además, estos elementos no encuentran hueco en los neceseres que hacen llegar familiares y que no reparan en su importancia. Y siempre que haya allegados, porque no siempre hay un entorno. “Hemos constatado que muchas personas están solas de base, ya no solo por esta situación, pero que te impongan la soledad por una enfermedad es muy duro”, afirma Iglesias, quien, fuera del hospital de Basurto, conoce esta complicada situación de forma directa por un cuñado ingresado en aislamiento en el Gregorio Marañón de Madrid.

El coronavirus ha cambiado las pautas de los profesionales sanitarios, ha modificado sus hábitos y formas de trabajo, ha obligado a una adaptación no solo profesional sino también a nivel humano, pero la pandemia –como remarca Iglesias sin evitar emocionarse en varias ocasiones al otro lado del teléfono– “ha cambiado la vida de los pacientes de la noche a la mañana” al quedar “aislados, en soledad, y sin contacto con el exterior”. “Nosotros hacemos todo lo que podemos, pero la soledad en un hospital es tremendamente destructiva. Podemos poner muchos medicamentos para aliviar el dolor, pero sobrellevar el dolor del alma es muy difícil”, avisa ante una situación que “nos agobia mucho” por unas consecuencias que van camino de quedar en el olvido.

"Se habla mucho de cuestiones políticas, de los test rápidos… pero no de lo que siente el paciente"

“Se habla mucho de cuestiones políticas, de los test rápidos… pero no de lo que siente el paciente”, se queja Iglesias. Pero la soledad también llega a los profesionales sanitarios con cuarentenas obligadas por positivos en compañeros o aislamientos impuestos por “responsabilidad” para evitar posibles contagios a familiares. “Yo llevo un mes sin ver a mi madre”, expone. Hay soledad, como también lágrimas, incomprensión, rabia por no poder hacer más, crisis de ansiedad que derivan en bajas laborales…Todo dentro de un sector especialmente expuesto al coronavirus por estar en primera línea de batalla. De hecho, el 15% de los positivos en España corresponde a personal sanitario, una cifra "alta" comparada con algunos otros países, según ha admitido el Ministerio de Sanidad.

La carga profesional y emocional que afrontan los sanitarios no es una excepción en la planta primera del Pabellón Gandarias del hospital Basurto. “Para nosotros es muy duro”, resalta Iglesias para referirse a un plantel que “siempre intenta animar a los compañeros”. Así, dentro de las iniciativas para aliviar la situación, se ha pedido permiso para sustituir los carteles informativos colocados en las puertas de las habitaciones con las normas a seguir por otros con “frases bonitas” de los sanitarios con los nombres de sus autores. “Intentamos sobrevivir como podemos”, incide.

En todo caso, el foco de la conversación pronto vuelve a colocarse en el enfermo, el “gran olvidado”, más allá de formar parte de esta larga lista de contagios que no conoce de sentimientos. "Estamos hablando de personas y no de estadísticas", remarca. Y advierte: "Si una persona decide arrojar la toalla poco podemos hacer". Por ello, insisten en que cualquier circunstancia, por muy pequeña que pueda parecer, puede ser muy útil en esta batalla contra la soledad que contagia a los enfermos. “¿Aplausos para los sanitarios? Está muy bien, pero los luchadores son los que están en la cama, los que luchan día a día por sobrevivir”, concluye Iglesias.

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