fuertes controles policiales

Primer día de cierre de la frontera en Irún: "Dé media vuelta", "la próxima vez no entra..."

Los controles establecidos por la Guardia Civil y Policía Nacional en los tres accesos a la ciudad impiden el paso a los franceses y a los vascos que viven en Hendaia salvo por motivos laborales

Foto: Un agente de la Guardia Civil ordena a un vehículo dar media vuelta y regresar a territorio francés en el puente de Santiago de Irún. (J.M.A.)
Un agente de la Guardia Civil ordena a un vehículo dar media vuelta y regresar a territorio francés en el puente de Santiago de Irún. (J.M.A.)

El estanco ubicado junto al puente de Santiago de Irún, en la frontera con Francia, está abierto, pero apenas hay movimiento de clientes. Nada que ver con el trajín de la tarde noche de este lunes, cuando numerosos franceses acudieron en manada a hacer acopio de tabaco –mucho más barato que en el país galo– ante el anuncio de España del cierre de las fronteras terrestres desde esa misma medianoche para contener la expansión del coronavirus. Hoy es un establecimiento prácticamente fantasma ante los controles establecidos por la Guardia Civil y la Policía Nacional en los tres accesos a la ciudad transfronteriza por Francia y que impiden el paso a los ciudadanos del país vecino.

Pero hay ciudadanos franceses que tratan de despistar a los agentes haciéndose los desinformados o los despistados para llegar a la puerta del estanco que alcanzan con la mirada. La respuesta con la que se encuentran no deja lugar a dudas. "Debe dar media vuelta", ordena un guardia civil a un vecino de Hendaia que trata de acceder a pie a la zona comercial.

La actitud inflexible de los policías sorprende a quienes hasta ahora han estado habituados a pasar de un lado a otro de la muga. Han pasado 25 años desde que entró en vigor el Acuerdo de Schengen y el regreso del cierre de las fronteras era un escenario inimaginable. Silvia se acaba de ganar una reprimenda porque en el certificado emitido por la empresa para poder pasar a España no refleja el horario laboral. "La próxima vez no entra", ha escuchado por boca de un agente cuando trataba de acceder a territorio nacional por la frontera de Biriatou.

Agentes de la Guardia Civil y Policía Nacional niegan el paso a España a un ciclista en la frontera de Behobia. (EFE)
Agentes de la Guardia Civil y Policía Nacional niegan el paso a España a un ciclista en la frontera de Behobia. (EFE)

A Luis, por el contrario, tan solo le han pedido el DNI antes de dejar paso a su coche en el puente de Santiago. En todo caso, él ya se había cubierto las espaldas y, en su condición de autónomo sin horario fijo, se había emitido su propio certificado de trabajo que había obtenido a través de un grupo de amigos de WhatsApp con una jornada laboral de once horas de lunes a sábado. Pero no le ha hecho falta para entrar a Irún. Ahora teme que, una vez la Gendarmería coloque sus controles para impedir la entrada a Francia en virtud del cierre de fronteras establecido por Emmanuel Macron –estaba previsto para las 12:00 horas, pero una hora larga después aún no había ni rastro de la Policía francesa–, no pueda regresar a su domicilio de Hendaia después de cumplir con el trabajo.

Silvia se gana una reprimenda policial porque el certificado de la empresa no refleja el horario laboral; a Luis, en cambio, solo le han pedido el DNI

"¿A ver si no voy a poder entrar?", se pregunta. Porque no las tiene todas consigo pese a tener el 'salvoconducto' de la residencia oficial en Hendaia. "Tal y como se están poniendo las cosas uno ya no sabe a qué atenerse", exclama. Por si acaso, en previsión de imprevistos, ya ha contactado con un familiar en San Sebastián para pedirle una cama en la que dormir en caso de necesidad. "Pero no debería pasar nada", se autoconvence.

Luis es uno de los más de 5.000 vascos que residen en Hendaia, que cuenta con una población de 16.500 habitantes. Pero, más allá de los datos oficiales, la realidad dice que los vascos representan más de un tercio de la vecindad de esta localidad, que se caracteriza por la tranquilidad y la calma reinante en sus calles durante gran parte del año, un sosiego que se rompe con el gran movimiento de turistas en verano y épocas festivas. "Hay mucha gente procedente de Guipúzcoa que no está censada", se asume en la calle. El alcalde de esta localidad, el veterano Kotte Ecenarro, es consciente desde hace años de la existencia de una realidad que repercute en los tributos municipales.

Control policial en uno de los accesos a Irún por Francia. (J.M.A.)
Control policial en uno de los accesos a Irún por Francia. (J.M.A.)

Y esta ausencia de registro censal que hasta ahora no le suponía ningún problema a efectos prácticos a los residentes vascos, en estos momentos representa un serio inconveniente, ya que el coronavirus les ha cerrado el paso al otro lado de la muga. De hecho, Ainhoa, residente en Hendaia, está aprovechando la jornada laboral para comprar productos básicos para un matrimonio conocido que vive en la casa de su hijo de esta localidad francesa sin estar empadronado en el domicilio. "Me han pedido el favor", admite. No es por falta de provisiones en Francia, sino por puros motivos económicos.

Precisamente, el ahorro para el bolsillo ha llevado a algunos guipuzcoanos que residen en Hendaia a pasar a Irún a hacer la compra sorteando los controles. Pero existe desconcierto entre ellos, ya que no saben si pueden estar o no a este lado de la muga por este motivo. El paso solo está permitido por motivos laborales o por circunstancias excepcionales, avisan fuentes policiales. Las dudas están disipadas. "Sólo cuando sea estrictamente necesario", remarcan. De ello se deja constancia no solo de palabra, ya que, sobre el terreno, los agentes han impedido a lo largo de la mañana el acceso a España por Hendaia de numerosos ciudadanos.

Hay muchos vascos que viven en Hendaia sin estar censados: Ainhoa compra productos básicos para un matrimonio que no puede pasar la frontera

El control de la Guardia Civil y la Policía Nacional no solo afecta a los vehículos y se extiende a todos aquellos que tratan de pasar a Irún a adquirir pan, fruta, productos de higiene o tabaco. "Nunca se ha visto el aparcamiento así de vacío", afirma una joven en el espacio comercial de Behobia, que cualquier otro martes en otras circunstancias es un ir y venir continuo de gente. Pero este martes apenas hay estacionados vehículos de trabajadores o de caravanas de extranjeros en su camino de vuelta a sus países de origen.

Agentes de la Guardia Civil y Policía Nacional niegan el paso a España a una joven este martes en la frontera de Irun entre España y Francia. (EFE)
Agentes de la Guardia Civil y Policía Nacional niegan el paso a España a una joven este martes en la frontera de Irun entre España y Francia. (EFE)

La inmensa mayoría de establecimientos de alimentación ha cerrado pese a tener licencia para abrir sus puertas. Hay quien, en cambio, mantiene las persianas subidas, pero las ventas llegan a cuentagotas. Hoy apenas hay salida para el jamón o el jabón, productos muy demandados un día normal. "Pero hoy no es un día normal", se lamenta. Ni siquiera se despacha apenas alcohol, en contra de la creencia popular de que la cuarentena domiciliaria impuesta por las autoridades españolas y francesas iba a aumentar la adquisición de bebidas con graduación para ‘pasar este trago’.

De hecho, hay prácticamente más periodistas que clientes por los alrededores de esta zona, donde los controles policiales son férreos. Solo hay vía libre para los camiones y las furgonetas de reparto para garantizar la continuidad de la actividad económica y el abastecimiento de productos, amén de para los trabajadores transfronterizos cuando, en su caso, lo acrediten en los controles instalados en los tres pasos fronterizos. "He pasado sin problemas con el DNI y el escrito de la empresa diciendo que tengo que ir a trabajar", apunta Gurutze.

La zona comercial de Behobia en Irún, prácticamente sin movimiento, durante el primer día de los controles terrestres en la frontera española con Francia. (J.M.A.)
La zona comercial de Behobia en Irún, prácticamente sin movimiento, durante el primer día de los controles terrestres en la frontera española con Francia. (J.M.A.)

El control, vehículo por vehículo, a consecuencia del estado de alerta sanitaria hace brotar las colas en los accesos a Irún y trastoca la rutina de los miles de vascos que viven al otro lado de la muga, pero la fotografía, como coinciden en señalar personas habituadas a transitar diariamente por estas zonas, no dista mucho de días anteriores. "Los que tenemos que ir a trabajar tendremos que seguir cruzando la frontera", dicen, conscientes de que tendrán que llevar consigo en todo momento toda la documentación durante un largo periodo. "Esto va para largo", se resigna Luis.

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