ACOSÓ SEXUALMENTE A VARIAS CLIENTAS

"¡Qué piel más bonita tienes!": 11 años de cárcel para un tatuador por delitos sexuales

El condenado deberá indemnizar a las víctimas con más de 26.000 euros tras la sentencia que le considera autor de tres delitos de agresión sexual, seis de abuso, uno de acoso y otro de coacciones

Foto: El acusado declara tras un biombo durante el juicio por los abusos a clientas. (EFE)
El acusado declara tras un biombo durante el juicio por los abusos a clientas. (EFE)

El tatuador acusado de cometer supuestos abusos de índole sexual contra más de una decena de clientas en San Sebastián ha sido condenado a más de once años de prisión como autor de tres delitos de agresión sexual, seis de abuso sexual, uno de acoso y otro de coacciones leves. Asimismo, Jack E. L. deberá abonar compensar a las víctimas con una cantidad que supera en su conjunto los 26.000 euros, según refleja la sentencia, que le impone también cinco años de libertad vigilada una vez cumpla la pena de prisión.

La sentencia del Juzgado de lo Penal número 2 de San Sebastián llega justo después de que la Audiencia de Guipúzcoa hubiera ratificado la situación de libertad provisional en la que se encontraba el acusado desde que el juicio quedara visto para sentencia en octubre del pasado año, a la espera de la resolución, si bien había acordado aumentar las medidas cautelares impuestas para evitar una posible fuga. El magistrado del Juzgado de lo Penal 2 había decidido decretar la excarcelación del imputado cuando había cumplido un año y ocho meses de prisión preventiva a la conclusión del juicio con la obligación de presentarse en el tribunal el primer día de cada mes. Para decretar esta medida, tuvo en cuenta que el imputado tiene familia y arraigo en España, con una solicitud, además, de asilo pendiente de resolución.

El fallo llega justo después de que la Audiencia de Guipúzcoa hubiera ratificado su libertad provisional, si bien había incrementado las medidas cautelares

Sin embargo, la Audiencia de Guipúzcoa atendió una de las peticiones formuladas por la Fiscalía y las acusaciones particulares, que recurrieron la puesta en libertad y exigieron, o bien su reingreso en prisión a la espera de sentencia, o bien un incremento de las medidas cautelares para minimizar cualquier intento del acusado de evitar la acción de la Justicia. Así, acordó la obligación de que el procesado acudiera a sede judicial los lunes, miércoles y viernes, al tiempo que ordenó la retirada del pasaporte y la prohibición de abandonar el país.

La Fiscalía solicitaba para el acusado penas que sumaban 28 años y medio de cárcel tras incrementar durante el juicio la petición inicial de 21 años de reclusión, mientras que la defensa, ejercida por la letrada Cristina Morcillo, reclamaba la libre absolución del acusado al sostener que no habían quedado acreditados los supuestos abusos cometidos y que todo había sido orquestado por un antiguo compañero de piso por venganza.

La sentencia del caso, informa EFE, relata de forma cronológica unos hechos sucedidos entre 2014 y 2018, que se destaparon el 30 de enero de ese año cuando una de las clientas desveló a través de Twitter que había sido "acosada sexualmente" ese mismo día por el tatuador en su estudio ubicado en la Parte Vieja de San Sebastián, lo que dio paso a una serie de denuncias en cascada en las redes sociales por parte de otras mujeres que aseguraban haber sido también objeto de similares abusos de índole sexual. Su testimonio se hizo viral y motivó una investigación de oficio por parte de la Guardia Municipal, aflorando al poco tiempo nuevas denuncias que llevaron a la detención unos días después del acusado, que permaneció en prisión provisional hasta que el juicio quedó visto para sentencia el pasado 21 de octubre, momento en el que el juez decretó su excarcelación a la espera de la resolución judicial en contra del criterio de la Fiscalía y las acusaciones particulares.

Durante el juicio, la joven que destapó los presuntos abusos relató que el tatuador le tocó en primera instancia el culo y que, con posterioridad, le soltó el botón del pantalón y le “metió la mano por debajo del pantalón y encima de la ropa” interior. Fue el preludio de lo que ocurrió en la camilla, cuando, una vez estaba tumbada boca abajo, le “agarró en la cadera” para llevarla con “fuerza hacia él”, momento en el que le "pasó la mano por el culo" y luego le “frotó su pene” contra su mano, entre otros abusos. “Estaba temblando, queriendo huir. Solo quería salir. Al principio creí que lo había malinterpretado todo, pero luego vi que no: me sentía intimidada totalmente”, explicó la joven, que afirmó estar “asustada” y “bloqueada”, en “estado de 'shock”, mientras el acusado le realizaba el tatuaje en el cuarto de trabajo del establecimiento, motivo que le impidió gritar para pedir ayuda.

La denuncia pública en las redes sociales de una joven de que había sido acosada sexualmente por el tatuador derivó en una cascada de denuncias

Las denuncias aludían en su mayoría a diferentes tipos de abusos sexuales cometidos por el tatuador, de nacionalidad venezolana, en el estudio de San Sebastián, pero también a delitos realizados en viviendas en las que comenzó a ejercer inicialmente su profesión en España, e, incluso, en una escuela de tatuaje en la que era profesor. A este respecto, los abusos cometidos se iniciaron en 2014 en una vivienda de Pasaia, donde el inculpado había iniciado un año antes su estancia en este país junto a su esposa y la hija de esta, y en la que convivían junto al propietario del domicilio y su novia.

Precisamente, la pareja del dueño de la casa es una de las mujeres que denunciaron haber sufrido abusos sexuales: fue "acorralada" en la encimera de la cocina por el tatuador, que se encontraba con los "pantalones y los calzoncillos bajados" para intentar que "le tocara el pene". Este episodio, que motivó que el propietario del domicilio le expulsara del mismo, se sumó a las continuas "insinuaciones" del imputado, que le decía que "soñaba con tener relaciones sexuales conmigo" y que "cuando hacía el amor con su mujer pensaba en mí", según apuntó la afectada durante el juicio.

La resolución judicial, que no es firme, ya que puede ser recurrida en apelación ante la Audiencia de Guipúzcoa, deja constancia de este primer incidente de índole sexual, que no llegó a más por los gritos de la joven, lo que motivó la presencia en la cocina de la mujer del procesado, que cesó en su actitud. La sentencia refleja que también trató de besarla durante el periodo en el que convivieron juntos y que en alguna ocasión intentó subirle la camiseta para ver el 'piercing' que tenía en un pecho. La defensa de Jack E. L. acusó al propietario de la vivienda de orquestar una campaña contra su cliente por venganza hacia su persona y le acusó de ofrecer tatuajes o 'piercings' gratis a quienes denunciaran haber sido objeto de presuntos abusos sexuales.

La sentencia da por probados otros delitos de índole sexual cometidos por el tatuador en otra vivienda, ubicada en el barrio donostiarra de Bidebieta, a la que se había mudado junto a su familia tras el incidente en el domicilio de Pasaia, y en la que continuó ejerciendo su trabajo. Así, indica que en febrero de 2016 puso "contra la pared" a una clienta "frotando su cuerpo contra el suyo" mientras le tocaba un pecho y le agarraba la mano para llevársela hasta su pene, momento en el que la mujer le empujó y escapó del lugar. En esta misma vivienda, meses después, en verano, otra mujer fue víctima de una situación similar después de que el acusado le pusiera la mano sobre su pene mientras exclamaba que "se estaba excitando" y que "no aguantaba más", según el relato de la afectada, que denunció que el procesado se abalanzó sobre ella para besarla "a la fuerza" antes de bajarse los pantalones y comenzar a masturbarse.

El acusado —refleja la sentencia— abrió en noviembre de 2016 un estudio de tatuaje en la Parte Vieja de San Sebastián, donde cometió la mayoría de los delitos de índole sexual que el magistrado da por probados. Así, por ejemplo, la sentencia señala que en este local trató de besar en la boca a una de sus clientas, sometió a otra a tocamientos y llegó a realizar insinuaciones sexuales a otras mujeres. Según la denuncia de una de las víctimas, que aparece recogida en la resolución judicial, el procesado se dirigió a ella diciéndole "qué piel más bonita tienes", "estoy superexcitado" y "tengo una erección", tras lo cual le agarró una de las manos y la dirigió hacia sus genitales. Al acabar la sesión, el tatuador se bajó los pantalones y comenzó a masturbarse delante de la denunciante.

Pintadas en el estudio de tatuaje de San Sebastián del procesado tras las denuncias por supuesto acoso. (EC)
Pintadas en el estudio de tatuaje de San Sebastián del procesado tras las denuncias por supuesto acoso. (EC)

El magistrado también le imputa un delito de coacciones leves por la actitud que mantuvo hacia una alumna de un curso intensivo de tatuajes que el procesado impartía en una escuela del barrio donostiarra de Gros, donde ejercía de profesor. La afectada puso en conocimiento del director que estaba siendo acosada por Jack E. L. mediante el envío de "multitud de mensajes" en los que le decía que "la deseaba" o le proponía posar desnuda en una sesión fotográfica para él a cambio de descuentos en tatuajes. Esta actitud, afirmó, no solo le hizo sentir "incómoda" sino que además le afectó a nivel psicológico.

Durante el juicio, varias de las denunciantes justificaron el no haber denunciado los presuntos abusos sexuales cometidos por el tatuador hasta la denuncia pública en las redes sociales por "miedo", "vergüenza" e "impotencia". Esto las llevó a imponer el silencio sobre lo ocurrido, incluso en el entorno familiar. "Nadie se iba a creer lo que había pasado", subrayó una de las afectadas en un argumento compartido por el resto de víctimas.

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