prisión para dos de los detenidos

La víctima de la nueva 'manada' de Bilbao: "Abusaron de mí durante tres días"

Desde el viernes a las 16:30 hasta el domingo a las 15:00, estuvo completamente drogada. A veces su conciencia se asomaba a la realidad, pero estaba sin fuerzas, rendida

Foto: Agentes de la Ertzaintza. (EFE)
Agentes de la Ertzaintza. (EFE)

Viernes 20 de septiembre, 15:00. Ana (nombre ficticio), brasileña, reside en Bilbao desde hace ya tiempo. Comparte piso con unas amigas de su misma nacionalidad. Ese día discuten por alguna razón banal y Ana se va de casa enfadada. En la calle se encuentra con un chico, un desconocido, que lee en su rostro el enfado y comienza a charlar con ella. Al final, el muchacho la invita a su casa a una copa de vino. Cuando suben al piso, la joven se encuentra que allí hay tres varones más. Le ofrecen la bebida y ella acepta. Cuando lleva media copa bebida se da cuenta de que en el fondo reposan unos polvos blancos. Cuando pregunta qué son, le responden que le han puesto algo para que se relaje, que todavía la ven muy alterada por el cabreo con el que ha salido de casa. Ana se lo bebe.

Poco después pierde el sentido. Desde el viernes a las 16.30 hasta el domingo a las 15:00 estuvo completamente drogada. A veces su conciencia se asomaba a la realidad, pero estaba sin fuerzas, rendida. Recuerda que estaba desnuda y cómo encima de ella se colocaban los hombres y la violaban. Incluso describe una imagen de una toalla empapada en sangre suya.

El portal donde vivían los supuestos agresores.
El portal donde vivían los supuestos agresores.

El sábado, en un despiste de sus captores, recupera levemente la voluntad, le quita el teléfono a uno de ellos y escribe a su hermano, que reside en Brasil. Le explica que está secuestra en una casa. El chico no entiende nada. Desde tan lejos no sabe cómo ayudar, así que se pone en contacto con las compañeras de piso de su hermana y les solicita colaboración. Ellas llaman al número de móvil desconocido desde el que ha escrito Ana. Les responde un chico y les explica que allí no ha pasado nada. Pero en cualquier caso quedan en el puente de San Antón por la tarde noche. Allí les harán entrega de la chica, sin denuncias de por medio.

Las compañeras de piso acuden al lugar y esperan, pero nadie se presenta. Quizás el hecho de que por allí pase una patrulla de la Policía Municipal de Bilbao disuade a los presuntos captores de la joven de hacer la entrega. Se hace tarde. Las chicas desisten y regresan al domicilio. El domingo lo vuelven a intentar. Después de varias llamadas logran cerrar otra cita. Esta vez a las tres de la tarde en el mismo lugar. Las compañeras de piso de Ana acuden antes. Están nerviosas. Ven a un joven en actitud de sospecha, como vigilante, y le sacan una foto sin que se percate. Minutos después se presenta un varón con Ana de la mano. Las jóvenes le gritan y le reprochan su acto, pero él se defiende: “No ha pasado nada. No le hemos hecho nada”.

Ana, una vez en libertad, decide denunciar: “Abusaron de mí durante tres días”. Además del relato anterior, cuenta que antes de liberarla la ducharon y que le pusieron una ropa que no le pertenecía. La que ella llevaba desapareció. El forense la somete a una revisión y percibe lesiones visibles que apunta a una agresión sexual.

Los investigadores de la Ertzaintza desconocen el lugar donde Ana ha estado secuestrada. Solo creen conocer la zona. Patrullan el barrio y van preguntando con discreción y prudencia. Finalmente, uno de ellos reconoce a un joven. Es el de la foto del puente de San Antón. Los agentes se acercan a identificarle y le detienen. Canta. Reconoce que ha habido una mujer brasileña en su casa y les da la dirección. No está muy lejos. Hasta allí acuden con él. Cuando abre la puerta, dentro hay tres individuos más que inmediatamente quedan detenidos. Son un español, dos georgianos y un argelino. Solo uno de los georgianos reconoció haber mantenido relaciones "consentidas" con la chica. Los dos georgianos han sido enviados a prisión, mientras que el tercer extranjero ha quedado en libertad con cargos.

Agentes de la Ertzaintza, con una orden judicial de entrada y registro y la presencia de los detenidos, registró este lunes el domicilio entero. Uno de los presuntos autores de la agresión sexual gritó al salir del domicilio que todo se trataba de un “montaje”. Tras encontrar en la vivienda restos de semen y una toalla con sangre de la víctima, los tres acusados han pasado este martes a disposición judicial.

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