SUFRÍA ATAQUES CON CÓCTELES MOLOTOV Y PINTADAS

Cuando los vascos hacían cola para comprar libros quemados en Lagun

María Teresa Castells, fallecida este domingo, era la propietaria de la librería Lagun, un símbolo de resistencia a la dictadura franquista y la violencia de ETA

Foto: Fachada de la librería Lagun con una pintada contra el ex consejero vasco José Ramón Recalde (EFE)
Fachada de la librería Lagun con una pintada contra el ex consejero vasco José Ramón Recalde (EFE)

Una noche de enero de 1997, varios cócteles molotov atravesaron el escaparate, rompiendo los cristales de la librería Lagun de San Sebastián. Los grupos en apoyo a ETA entraron en el local, cogieron docenas de libros, los apilaron en la calle y les prendieron fuego. No sería ni la primera ni la última vez que esta librería, símbolo de la resistencia al franquismo, sufriría estos asaltos violentos. Una vez dejados atrás los ultraderechistas de la época franquista, era el turno a los proetarras. Solo en el año anterior, en 1996, había sido objeto de 20 agresiones y pintadas.

María Teresa Castells ha fallecido este domingo a los 82 años de edad a causa de un atragantamiento. Ella abrió, junto a su marido Ramón Recalde e Ignacio Latierro, la librería Lagun en la Parte Vieja donostiarra. Lagun era el símbolo de la lucha por las libertades y de resistencia a la ideología franquista y desde que llenara sus estantes de libros en 1968, tuvo que hacer frente a la censura y, con ella, a los ataques de grupos de ultraderecha. En los años 80, llegó el turno de los radicales abertzales. Era habitual que en sus cristales aparecieran pintadas de amenaza. Eso cuando no amanecían rotos, junto a decenas de libros tirados en el suelo con las hojas chamuscadas. Castells recuerda que con ETA “era para meterse en la cama a dormir y no querer saber nada”. La librería sufrió ataques durante toda la Navidad de 1996.

Un profesor de instituto compró el libro más quemado, lo enmarcó y lo colgó en su aula

Pero que los libros quedaran ennegrecidos, casi inteligibles, pareció no importar a los donostiarras, que se acercaron en masa a la librería para hacerse con uno. Querían mostrar su solidaridad y transmitir su apoyo de tal manera que, en una de estas ocasiones se formó una cola de personas ansiosas por comprar esos libros quemados “que no se podían ni leer”. Castells recordaba un caso concreto, el de un profesor de instituto que se encontraba entre estos compradores. No dudó en coger el libro más quemado, enmarcarlo y colgarlo en su instituto. De esta forma quería decir “lo que nunca se debe hacer con los libros”.

El exsecretario general del PSOE Alfredo Pérez Rubalcaba (d) conversa con María Teresa Castells (EFE)
El exsecretario general del PSOE Alfredo Pérez Rubalcaba (d) conversa con María Teresa Castells (EFE)

Una voz que no pudieron callar

La voz de María Teresa Castells siempre sonó fuerte, incluso en los momentos más difíciles donde lo fácil hubiera sido callar, huir o esconderse. Recordamos hoy sus palabras, pronunciadas siempre bajo el peso de las amenazas y la violencia:

  • "Los que han hecho esto pueden estar seguros de que no nos vamos a marchar de aquí. "¿Quiénes son los que a lo largo de la historia han atacado los libros? No hay más que una respuesta: los nazis y los fascistas". (Tras encontrarse los cristales de la librería rotos y los libros teñidos de pintura roja.)
  • “¿Necesito enseñar a algunos, en este momento, cómo la librería fue el lugar en donde se recogían fondos, también clandestinamente, para ayudar a los chilenos exiliados en el momento de la caída de Allende? ¿Necesito decir que fui la única comerciante que sufrió prisión por intentar movilizar al comercio con el fin de evitar las ejecuciones de Txiki y Otaegui? [militantes de ETA ejecutados por la dictadura franquista]. ¿Necesito recordar cómo fui una de las fundadoras de la sociedad que se constituyó para apoyar a los comerciantes agredidos por los fascistas en el franquismo? ¿O me reprochan acaso una evidente verdad: que nunca he sido de ETA?
  • "Las coacciones no me van a obligar a renunciar ni a mis ideas, ni a mis amigos, ni al trabajo de los que han formado conmigo lo que ha sido, lo que es y lo que será la librería Lagun".

María Teresa Castells ha muerto, pero las múltiples muestras de cariño dejan claro que nunca será olvidada:

País Vasco
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