primer año de servicio de los radares móviles

La calle 'infernal' de San Sebastián: acumula el 80% de las multas a conductores

La avenida de Tolosa, la arteria de entrada y salida a la ciudad por el barrio del Antiguo, tiene un límite de velocidad de 50 kilómetros por hora y los numerosos vehículos cazados circulan de media a 80

Foto: Varios vehículos transitan por la avenida de Tolosa. La fotografía está realizada desde donde se coloca el radar móvil. (EC)
Varios vehículos transitan por la avenida de Tolosa. La fotografía está realizada desde donde se coloca el radar móvil. (EC)

Como todos los días laborables, Juan se adentra en San Sebastián por la avenida de Tolosa, la que abre la puerta al barrio del Antiguo, para acudir a su puesto de trabajo. Tiene interiorizada la prohibición de circular a más de 50 kilómetros por hora y casi siempre levanta el pie del acelerador. Sin embargo, hoy es una de esas ocasiones en las que se ha descuidado. Y resopla porque ha tenido suerte. Mucha suerte. El radar móvil no estaba situado en este punto, por lo que su cuenta corriente no va a adelgazar de nuevo por una multa.

Con anterioridad no ha tenido tanta suerte. Juan forma parte de la larga lista de más de un millar de conductores que han sido cazados en un año en este punto por el radar móvil, que ha convertido esta calle en un infierno sobre ruedas para los vehículos. Este punto concentra el 80% de las multas impuestas por los radares móviles que desde el pasado verano se turnan por los puntos más conflictivos de la ciudad. Entonces, el Departamento de Movilidad del Ayuntamiento donostiarra sacó a las calles estas unidades ante las “abundantes quejas” de peatones y vecinos por el exceso de velocidad en determinadas zonas. “Hay ciudadanos a los que va a resultar complicado convencer que reduzcan la velocidad si no es mediante el castigo económico”, argumentó la responsable del área, Pilar Arana.

El primer día de pruebas cayeron 12 vehículos por minuto: ahora, un año después, no es extraño que 60 conductores sean multados en apenas una hora

La medida no estuvo exenta de polémica. Donde el consistorio veía (y sigue viendo) razones disuasorias para obligar a levantar el pie del acelerador por cuestiones de seguridad muchas de las posibles víctimas percibían (y lo siguen haciendo) meros motivos recaudadores. “Si el objetivo es concienciar y educar, ¿por qué los agentes se esconden entre coches o detrás de los árboles? Solo quieren cazarnos”, se queja una de las presas de estos radares móviles.

Ante el aluvión de protestas, y para dejar constancia de que el fin económico no se encuentra detrás de la medida, el Ayuntamiento publica cada día en su página web y en las redes sociales la ubicación de estos controles móviles, cuya área de actuación está integrada por una docena de calles en las que se detectó que los vehículos circulaban a una velocidad muy por encima de los 50 kilómetros por hora permitidos. La elección de los emplazamientos es aleatoria y los equipos no salen todos los días a la calle. Este viernes, por ejemplo, se quedaron en casa.

Muchos conductores ven motivos recaudatorios tras estos radares móviles: "¿Por qué los agentes se esconden entre coches o detrás de los árboles?"

La amenaza de estos radares móviles hace que los grupos de WhatsApp 'quemen rueda' cada día con mensajes alertando de la localización de los agentes naranjas y que pueden llegar a circular con más velocidad que los propios vehículos. Pero ni por esas. Muchos usuarios de la avenida de Tolosa, la arteria de acceso y salida de la ciudad por este barrio, siguen cayendo como moscas. El paso del tiempo no ha logrado frenar las multas. El primer día de pruebas, el pasado verano, multaron a un ritmo de 12 vehículos por minuto. Ahora, un año después, no es extraño que un día cualquiera unos 60 conductores sean multados en apenas una hora.

Varios vehículos acceden o abandonan la ciudad por la avenida de Tolosa. (EC)
Varios vehículos acceden o abandonan la ciudad por la avenida de Tolosa. (EC)

¿A qué se debe este elevado porcentaje de multados? Muchos conductores lo achacan a la configuración del propio vial. Los que entran en la ciudad, procedentes de las vías rápidas, se ven obligados a reducir a 50 kilómetros por hora en un abrir y cerrar de ojos. “Es imposible rebajar la velocidad en unos 40 o 50 kilómetros por hora en tan poco tiempo”, lamenta un conductor. Y en el caso de los que salen de la capital guipuzcoana, muchos se lanzan a la carrera por esta recta larga al dejar atrás el último semáforo (El Confidencial es testigo de ello).

No tiene sentido limitar la velocidad a 50 km/h porque no te da tiempo a frenar: estoy convencido de que voy a caer más veces

La cantidad de la multa varía en función de la velocidad y, a este respecto, la media de cazados en la avenida de Tolosa en este primer año se acerca a los 80 kilómetros por hora, es decir, casi 30 más que lo permitido. Markel no recuerda a qué velocidad iba en el momento de ser pillado, pero sí cómo fue el momento (“vi de repente a los agentes con el radar”) y la cantidad de la multa: 100 euros por pronto pago (la mitad). Lleva más de diez años atravesando diariamente esta vía y nunca ha contemplado un accidente. Por ello, lo tiene claro. “No tiene ningún sentido limitar la velocidad a 50 kilómetros por hora en este punto porque, además, no te da tiempo a frenar”, expone. En su caso, no duda de que la multa que ahora acumula no va a ser la única. “Estoy convencido de que voy a caer más veces sin querer”, señala.

Iván también tira de sinceridad. “En muy pocos sitios de la ciudad suelo ir a 50 kilómetros por hora”, reconoce quien, de momento, no ha tenido que echar mano del bolsillo para pagar una multa. Al menos que él recuerde. “Que yo sepa nunca me han puesto una multa”, sonríe. Es todo un afortunado porque admite que pasa muchas veces por la avenida de Tolosa y “nunca miro” si hay agentes apostados en la rotonda que se alza sobre esta vía a la altura de las torres de Errotaburu a la espera de cazar a los ‘fitipaldis’. “Aquí todo el mundo va a tope”, asegura. “Algún día me pillarán seguro”, afirma antes de lanzarse de nuevo a la carrera.

Rafa no se extraña de que este punto registre ocho de cada diez multas de los radares móviles. “Siempre tengo la sensación de que vas rápido por este punto”, expone. Él era uno de los que antes pisaba el acelerador en el casco urbano. Ahora, se puede decir que ha tenido que levantar el pie por obligación. Es lo que tiene “tener dos hijos y una hipoteca”. “Yo ya dejé de ser un cabeza loca al volante. No estoy para perder el dinero en multas”, afirma.

Jorge se conoce casi de memoria los puntos de colocación del radar móvil, ya que todos los días recorre la ciudad “una y otra vez” con su moto por motivos laborales. Nunca ha sido multado. Y no será porque no se haya topado con ellos. “Les he llegado a ver escondidos entre los árboles. Normal que te cacen así”, señala, crítico con esta forma de actuar. “Es recaudación pura y dura”, censura.

El Ayuntamiento niega afán recaudatorio. De ser así, asegura que los radares móviles saldrían todos los días a la calle o no se informaría de su ubicación

La concejal de Movilidad lleva todo este año esforzándose en desmentir el supuesto afán recaudatorio. De moverse por fines económicos, asegura que los radares móviles saldrían todos los días a la calle o no se informaría de su ubicación. Durante el primer año en servicio de estos radares móviles se han puesto 3,5 sanciones de media (cerca de 1.300 en total), con una multa económicamente ligeramente superior a los 100 euros de media. Asimismo, Arana replica que el dinero obtenido se destina a fines sociales. El pasado año la cantidad fue entregada a la ONG Zaporeak para el proyecto puesto en marcha para alimentar a los refugiados que desembarcan en la isla griega de Chios. Pero, pese a estos argumentos, pocos comparten los fines disuasorios esgrimidos. “Es mentira que no lo hagan para recaudar más. Los agentes se esconden donde más se corre”, clama Verónica.

Tramo de la bajada de Hospitales, el segundo punto con más multas impuestas por el radar móvil. (EC).
Tramo de la bajada de Hospitales, el segundo punto con más multas impuestas por el radar móvil. (EC).

En su caso, su indignación es mayúscula por el radar móvil que se coloca en la subida/bajada de Hospitales, el segundo punto con más multas de la ciudad, con el 10% del total. En este punto, los cazados circulan a una velocidad medida de 73 kilómetros por hora. “Es imposible circular cuesta abajo en una pendiente tan pronunciada a 50 kilómetros por hora. Ni frenando es posible ir a esa velocidad”, critica. “Parece que todo está montado para cobrar”, acrecienta su malestar. “En esta bajada alcanzas los 80 kilómetros por hora sin darte cuenta”, asegura Pedro, que hace apenas unos minutos ha tenido que dar una “frenazo seco” en ese punto donde en otras ocasiones ha ‘cazado’ a los agentes con el radar móvil. A otros vehículos, en cambio, no les da tiempo a frenar dada la velocidad con la que bajan. Es el caso, por ejemplo, de un autobús interurbano que se salta el semáforo en rojo ante la imposibilidad de frenar a tiempo, como puede comprobar El Confidencial.

La velocidad más elevada que ha detectado el radar móvil ha sido la de 112 kilómetros por hora

Hasta la fecha, la velocidad más elevada que ha detectado el radar móvil ha sido la de 112 kilómetros por hora. No ha sido la única ocasión en la que se ha cazado a conductores superando los tres dígitos por las calles de la capital guipuzcoana. Para persuadir a los vehículos de ir a velocidades inadecuadas, el Ayuntamiento ha ampliado recientemente el mapa de radares fijos con la instalación de puntos de control en zonas conflictivas y que responden, según alega, a demandas de los propios vecinos. Es el caso, por ejemplo, de las calles Federico García Lorca y el paseo de Riberas de Loiola. "Que pongan radares en los sitios peligrosos me parece una buena medida, pero no en los que está demostrado que no hay ningún peligro", concluye Juan. "Ya verás cómo caigo más veces sin querer", insiste ante la amenaza del radar móvil en la avenida de Tolosa.

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