actitudes violentas en la escuela

El 'bullying', 13 años después de Jokin: tres de cada diez escolares acosados callan

Todavía existen muchos reparos a la hora de denunciar acoso en el colegio: solo un 15,3% de las víctimas de 'bullying' en la ESO habla con los docentes o el tutor, mientras que en Primaria es un 35%

Foto: El acoso escolar es un buen ejemplo de los males de la sociedad. (iStock)
El acoso escolar es un buen ejemplo de los males de la sociedad. (iStock)

El suicidio en septiembre de 2004 de Jokin Ceberio, el niño de 14 años que se arrojó al vacío desde las murallas de Hondarribia (Guipúzcoa) al no poder soportar el acoso escolar que sufría, marcó un antes y un después en la sensibilización social sobre el 'bullying'. Todo cambió con su muerte. Ya había habido otros casos de acoso escolar, pero el impacto mediático de su fallecimiento despertó las conciencias sobre la verdadera relevancia del 'bullying' y arrancó el compromiso de todas las partes implicadas en atajar este grave problema (gobiernos, colegios y hasta los propios padres) para activar protocolos o establecer medidas preventivas.

“Su caso sirvió para visibilizar el problema y entender las consecuencias tan terribles que puede tener el ser víctima de 'bullying'. Sirvió para que se pasara de decir que ‘son cosas de niños’ a prestarle atención y empezar a mejorar la prevención y la intervención”, señala Izaskun Orue, vicedecana de la Facultad de Psicología y Educación de la Universidad de Deusto.

Han pasado trece años desde entonces y su recuerdo sigue muy presente. Jokin sigue estando en la memoria de todos para combatir el 'bullying'. Pero ¿hasta qué punto su muerte sirvió para implantar procedimientos eficaces contra el acoso escolar? ¿En qué situación se está ahora al hacer frente a este problema? ¿Son a día de hoy los niños y los padres conscientes de la verdadera trascendencia del problema? “Se va perdiendo el miedo a la estigmatización y se van derribando las resistencias a admitir que se sufre acoso escolar”, afirma la consejera vasca de Educación, Cristina Uriarte, quien pone en valor “la mayor visibilidad social” de este problema.

El 23% de los alumnos vascos de Primaria y el 19% de los de Secundaria sienten que han sufrido maltrato por parte de sus compañeros

En el caso del País Vasco, los casos de acoso escolar se duplicaron en el curso 2015-2016. Este incremento no significa que cada vez se produzcan en las aulas más actos violentos, sino que, según resalta Uriarte, “la sociedad y la comunidad educativa han reducido su nivel de tolerancia”. Los datos son elocuentes. El reciente informe Maltrato entre iguales 2016, elaborado por el Instituto Vasco de Evaluación e Investigación Educativa (ISEI-IVEI), refleja que el 23% de los alumnos vascos de Primaria y el 19% de los de Secundaria sienten que han sufrido maltrato por parte de sus compañeros.

“Son cifras muy elevadas pero hay que tener en cuenta que en este estudio se ha preguntado a los alumnos sobre su percepción, es decir, si ellos se han sentido alguna vez víctimas. En los últimos años se ha mejorado mucho en la visibilidad y la detección de los casos de 'bullying' y esto puede hacer que esa percepción (de acoso) aumente”, detalla Orue. “Fíjate que hay gente que lo reconoce ahora cuando ya han pasado años e incluso hay quien escribe su historia de cómo fue acosado”, enfatiza para dejar constancia de que ya no existe la resistencia de antes a admitir ser víctima de 'bullying'.

Se ha ganado en visibilización, nadie lo pone en duda, pero los datos también evidencian que el 'bullying' sigue siendo todavía en algunos casos un fenómeno silencioso. Según refleja el informe, un 26,6% de los alumnos de Primaria y un 21,1% de los de Secundaria no se lo cuenta a nadie en muchas ocasiones, y el 4,4% de los escolares de Primaria y el 6,4% de Secundaria nunca desvela a nadie que padece acoso escolar. Esto es, tres de cada diez escolares opta de forma genérica por el silencio, lo que es “muy preocupante”.

¿A qué se debe este silencio? ¿Este callar evidencia que aún no se es consciente de la verdadera trascendencia del 'bullying'? “Creo que es difícil entender completamente el sufrimiento que pueden llegar a padecer estas personas si no lo vivimos de cerca. El problema muchas veces es que es difícil de identificar. Las víctimas no quieren delatar al agresor porque creen que todo irá a peor si lo hacen”, sostiene Orue.

"El problema muchas veces es que es difícil de identificar: las víctimas no quieren delatar al agresor al creer que todo irá a peor si lo hacen"

La ecuación es muy sencilla: si no se conocen los casos la intervención, es “casi imposible”. Por ello, hoy en día se trabaja mucho con los “observadores”, es decir, con los compañeros de clase, que son testigos de las situaciones “en mayor medida” que los profesores. “Se trabaja con la necesidad de que tomen un papel en la situación. Además, es importante saber que las consecuencias son malas para la víctima pero también para el agresor”, expone la vicedecana de Psicología. Y es que varios estudios han determinado que los niños y adolescentes agresores “tienen más problemas cuando crecen, desde consumo de drogas a síntomas de depresión”. Esto evidencia que “es importante trabajar con todas las partes implicadas en el proceso”.

Es clave no ocultar el acoso. Pero la realidad dice que los escolares que sufren acoso tienen a día de hoy muchos reparos a la hora de acudir a los profesores o a los profesionales del centro para dar cuenta de su situación. Solo un 15,3% de las víctimas de bullying en la ESO habla con los docentes o con el tutor. Este porcentaje se duplica y llega al 35% en el caso de Primaria (31,8% con los profesores y 39,4% con el tutor), según recoge el informe elaborado por el organismo dependiente del Gobierno vasco, que ha contado con la participación de cerca de 6.000 alumnos de los niveles de 4º, 5º y 6º de Educación Primaria y 7.610 de 1º, 2º, 3º y 4º de ESO de 185 centros escolares.

Ante esta desconfianza hacia el profesorado, los amigos son el principal receptor de las denuncias de las víctimas por delante de la propia familia. De hecho, en el caso de la ESO únicamente la mitad de quienes sufren acoso escolar se lo confiesa a sus allegados, mientras que en Primaria el porcentaje sube hasta el 76% (tres de cada cuatro). Los padres siguen estando al margen en algunos casos a pesar de que su concienciación e implicación es mayor. “Tras lo de Jokin los padres y madres se empezaron a preocupar más”, enfatiza Orue.

Los amigos son el principal receptor de las denuncias: solo la mitad de quienes sufren acoso escolar en la ESO se lo confiesa a sus allegados

El ‘colchón’ de los amigos es más fuerte en la ESO que en Primaria. Si se habla de percepción, la sensación de sufrir acoso es mayor en Primaria que en Secundaria debido, según apunta Uriarte, “al grado de madurez del alumnado y su implicación en el desarrollo moral”. En todo caso, Orue insiste en la importancia de “diferenciar algunos actos violentos como pueden ser las peleas entre compañeros de los casos de 'bullying'”, que es “un acto agresivo contra la víctima que se repite a lo largo del tiempo”.

La muerte de Jokin Ceberio no deparó consecuencias penales para los ocho presuntos agresores ni para los responsables del instituto, para decepción de su familia. El único consuelo (si se puede decir así) es que a día de hoy se sabe “mucho más” de las situaciones que pueden acabar en 'bullying', se conoce “mucho más” cómo intervenir (los profesores se están “formando y aprendiendo a identificar y manejar estas situaciones”). Sin embargo, hay expertos en acoso escolar que denuncian que, todavía trece años después del suicidio de este joven guipuzcoano, hay muchos centros educativos que “improvisan sobre la marcha” los procedimientos y algunos protocolos fijados son “inservibles” para atajar de forma efectiva el problema. En todo caso, pese a las carencias que pueda haber, la máxima de las instituciones educativas es resolver las situaciones de acoso en el ámbito escolar. “Cada vez se opta menos por sacar del centro a la víctima”, resalta el Gobierno vasco.

Trece años después del suicidio de Jokin Ceberio hay muchos centros que "improvisan sobre la marcha" y algunos protocolos son "inservibles"

Las estadísticas hablan de que en cada aula hay de uno a tres alumnos que sufren periódicamente acoso escolar. Las actitudes violentas más repetidas son el maltrato verbal (insultos o motes), la exclusión o marginación social (esto es, “me ignoran”, “no me dejan participar” o “están expandiendo rumores sobre mí”), las agresiones a las pertenencias (esconder, robar o romper cosas) y el maltrato físico (agresiones directas, amenazas, intimidaciones, chantajes, forzar a hacer cosas no deseadas). En los últimos años está ganando peso el 'ciberbullying', que va a ser el gran problema a atajar en los próximos años ya que “tiene unas características que le hacen muy peligroso”. “El hecho de que se dé también fuera del colegio hace que la víctima no tenga un sitio donde refugiarse, ya ni los fines de semana ni las vacaciones de verano sirven para descansar del maltrato. Además, se hace mucho más fácil para el acosador mantener el anonimato, manteniendo la distancia con la víctima y sintiéndose impune”, alerta Orue.

En el País Vasco, durante el curso académico 2015-2016, casi una cuarta parte de los casos de acoso se cometió a través de internet o las redes sociales. El acceso a los móviles a edades cada vez más tempranas (en su inmensa mayoría con conexión a internet) está facilitando el 'ciberbullying', que se manifiesta de muchas formas: mensajes amenazantes o que buscan burlarse del destinatario, exclusión de redes sociales y chats, difusión de imágenes sin consentimiento para utilizarlo en contra del afectado o grabaciones con el móvil para obligar a la víctima a hacer algo en contra de su voluntad.

Cuando se habla de 'bullying' por norma general se asocia al ámbito escolar, pero la violencia se proyecta también a la etapa universitaria, donde el acoso alcanza al 15% de los universitarios, según determinan algunos estudios. “El 'bullying' en la universidad no se estudia mucho en comparación con otras etapas, pero ciertamente hay casos y más allá. Lo podemos llamar de otra manera, pero al final las acciones que se dan son las mismas”, advierte Orue.

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