dimite el único edil que tenía en álava

El partido de Rivera se desangra en Euskadi: ya solo le queda un concejal en Getxo

La dimisión de su concejal en Laguardia agudiza la crisis y deja a la formación de Rivera con un único representante institucional en Euskadi, en la alcaldía de Getxo (Vizcaya)

Foto: El candidato a lendakari de Ciudadanos, Nicolás de Miguel. (EFE)
El candidato a lendakari de Ciudadanos, Nicolás de Miguel. (EFE)

El partido que aspiraba hace apenas dos meses a convertirse en alternativa constitucionalista al nacionalismo en Euskadi se desangra por las heridas internas y camina de forma irremediable hacia el ostracismo político. Ciudadanos ha visto limitada su ya de por sí exigua presencia institucional en el País Vasco a un único concejal en Getxo (Vizcaya), después de que su otro representante municipal en esta comunidad, en la localidad alavesa de Laguardia, haya dimitido al estar en desacuerdo con las decisiones adoptadas por el partido.

Las discrepancias con la dirección han motivado la marcha de José Antonio Mateo, quien, al parecer, ha llegado a sentirse menospreciado por el partido durante su corta etapa en el Ayuntamiento de Laguardia, de apenas año y medio, y a pesar además de ser uno de los dos únicos representantes institucionales del partido en Euskadi. Ciudadanos confirmó este martes la salida del edil a través de un escueto comunicado en el que eludió concretar los motivos de esta decisión, si bien denunció su “incomprensible” actitud. Además, para negar un supuesto ninguneo o abandono hacia la persona de Mateo, la formación de Albert Rivera quiso dejar constancia del “esfuerzo y dedicación” del partido a la agrupación municipal, que se plasma en la asistencia a Laguardia en “varias ocasiones” de “diferentes cargos y portavoces a nivel nacional”, con quienes el ya exconcejal “siempre ha tenido contacto directo”.

La marcha de José Antonio Mateo, que se ha sentido menospreciado por el partido, viene acompañada de la baja de algunos militantes de la formación

Desde Ciudadanos no quisieron incidir en las cuestiones que han motivado la marcha de Mateo, que deja muy tocada a la formación en Euskadi, y se remitieron a las “explicaciones” que pueda ofrecer su hasta ahora representante en Laguardia, cuya decisión de abandonar el ayuntamiento tiene unos graves efectos que van más allá de la cuestión institucional. Porque este varapalo político ha venido acompañado de un hachazo a la reducida base social de Ciudadanos en Euskadi, ya que 24 militantes en Álava se han dado de baja de la formación, 17 de ellos en Laguardia y siete en Vitoria. Y la herida no deja de manar sangre, ya que la pérdida de representación institucional y de respaldo ciudadano coincide con el cuestionamiento del liderazgo del partido en Euskadi, ya que su rostro visible, Nicolás de Miguel, ha dejado de ser delegado en el País Vasco. Quien fuera candidato a lendakari en las elecciones del 25 de septiembre tras imponerse en las primarias internas conserva el cargo de portavoz en el partido, pero la dirección nacional le ha despojado del que es un puesto de confianza.

La dirección nacional de Ciudadanos niega pérdida de confianza en el antiguo responsable de UPYD en Euskadi, que el 25-S no fue capaz de atraer a los votantes de la formación magenta, que no presentó candidatura a las elecciones, y dejó al partido fuera del Parlamento vasco. Ya antes de las elecciones vascas, se puso en cuestión su liderazgo, después de que el líder de UPYD, Gorka Maneiro, confesara que Ciudadanos le había ofrecido ser el rostro visible del partido en Euskadi. Ahora, dentro del nuevo organigrama que se prevé, será el secretario de Organización, Fran Hervías, quien nombre a una persona de su confianza para el cargo de delegado en el País Vasco.

La pérdida de representación institucional y de respaldo social coincide con el cuestionamiento del liderazgo del partido en Euskadi

La dimisión de Mateo es la última evidencia de la profunda crisis que vive Ciudadanos en un territorio que ya de por sí le da la espalda, por su discurso en contra del concierto económico y su planteamiento de no negociar nada con los nacionalistas. El partido de Rivera ha tocado fondo en Euskadi en apenas año y medio, el tiempo que ha transcurrido desde su primer examen electoral vasco de importancia, las elecciones municipales y forales de mayo de 2015 (su estreno en las urnas vascas tuvo lugar en las europeas de 2014, donde apenas logró 6.262 votos). En los comicios del pasado año, Ciudadanos obtuvo dos concejales y un representante en el Parlamento territorial de Álava. Hoy, únicamente conserva a uno de los tres cargos públicos salidos de las urnas, el edil en Getxo, Santiago Sainz.

Catarata de salidas y líos internos

La primera salida tuvo lugar en marzo con la expulsión de su cargo más importante en Euskadi, el representante en las Juntas Generales de Álava, Miguel Ángel Carrera, después de que presentara una denuncia en los tribunales por espionaje contra varios compañeros del partido a los que acusaba de haber robado datos de su teléfono móvil para expedientar a militantes críticos con la dirección. La denuncia no prosperó, pero abrió el camino de la polémica por el que ha transitado Ciudadanos desde entonces. La dirección también se quitó de encima a la cabeza de lista al Congreso por Vizcaya en las elecciones generales de diciembre, Henar Pascual, quien acusó a De Miguel de amenazarla y discriminarla a causa de su sordera (aspiraba a ser la primera mujer sorda en el Congreso de los Diputados). El rostro de Ciudadanos en el País Vasco ha tenido además que lidiar con la polémica, al conocerse que estaba cobrando su salario a cargo del grupo parlamentario del partido en el Parlamento de La Rioja.

El 20-D marcó el techo electoral de Ciudadanos en Euskadi. Los 50.268 votos logrados le hubieran abierto las puertas a tener representación en el Parlamento vasco por los tres territorios. Pero el descalabro fue mayúsculo. El 25-S apenas logró el 2,03% de los sufragios, con 21.477 papeletas, menos incluso de las que tuvo UPYD en las elecciones vascas de 2012. En las generales del 26-J, la formación naranja ya había perdido 10.000 apoyos. Era la primera vez que se exponía a las urnas como rostro visible de Ciudadanos en Euskadi  Nicolás de Miguel, que encadena un fracaso electoral tras otro ya desde su etapa como líder de UPYD en el País Vasco (en 2011, no logró acceder al Ayuntamiento de San Sebastián al frente de la formación magenta).

Un negro panorama

Ni las reiteradas visitas de Rivera a Euskadi durante la campaña electoral vasca lograron que Ciudadanos consiguiera su entrada al Parlamento vasco, que tiene al PP como única oposición constitucionalista, después de que el PSE haya cerrado un acuerdo de gobierno con el PNV que se plasmará con el apoyo de los socialistas a Urkullu, que será investido lendakari este jueves en segunda vuelta por mayoría simple.

El varapalo electoral de Ciudadanos en Euskadi forzará a la dirección del partido a acometer un replanteamiento interno con vistas a no quedar instalado de forma perpetua en el fango político vasco. Pero las expectativas no son nada halagüeñas, porque la crisis en la que está instalada la formación naranja en Euskadi en el último año se ha agudizado ahora con la abrupta salida de Mateo, que deja a Rivera sin representación institucional en el territorio más proclive a sus postulados (Álava) y con un irrisorio único cargo público en Vizcaya. 

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