alonso: "sigue habiendo reductos de odio"

Alsasua, homenajes, insultos, agresiones... Por esto el PP niega que ETA esté derrotada

Dos ikastolas han homenajeado a etarras, un ayuntamiento ha dejado el sillón a un terrorista, agredidos en Alsasua, víctimas amenazadas y un miembro de NNGG golpeado

Foto: Vecinos y amigos de los dos detenidos por agredir a dos Guardias Civiles en Alsasua. (EFE)
Vecinos y amigos de los dos detenidos por agredir a dos Guardias Civiles en Alsasua. (EFE)

La agresión que sufrió el presidente de las Nuevas Generaciones del PP de Bizkaia, Nacho Toca, la madrugada del domingo en Bilbao es la última prueba en la que se sustentan el Gobierno español y los populares para dejar constancia de que la derrota de ETA no sólo no ha llegado sino que está lejos de producirse. Asfixiada en el ámbito operativo y estructural por la presión de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (FSE), la banda terrorista se mantiene viva en el terreno social, con una parte de su base que no renuncia a la violencia para imponer su odio. Donde antes había tiro en la nuca y bombas ahora hay fanatismo e intolerancia.

Los hechos ocurridos durante el último mes largo están vaciando de contenido los discursos sobre el fin de la estrategia de ETA y los mensajes optimistas que están acompañando al quinto aniversario del cese de la violencia decretado por la banda terrorista en octubre de 2011. La lista es amplia. Poner un ayuntamiento al servicio de un ex preso de la banda terrorista recibido como un héroe por la ciudadanía, homenajear a diferentes etarras en ikastolas, agredir a dos guardias civiles fuera de servicio y a sus respectivas parejas, amenazar e insultar a víctimas del terrorismo o golpear a un joven por el simple hecho de pertenecer al PP son actitudes que cargan de “evidencias” a los populares en su denuncia de que el fin del terrorismo no ha supuesto el final del acoso terrorista.

Nacho Toca fue agredido el fin de semana en un bar de Bilbao al ser identificado como miembro del PP. La respuesta afirmativa a la pregunta de si era de las Juventudes del PP fue replicada con un puñetazo por parte del joven que se le acercó tras un previo “te vas a enterar”. No ha habido condena institucional. Tampoco EH Bildu ha rechazado este acto violento. Un silencio que para los populares vascos también dice mucho. Dice que el PNV “no pone todo lo que está en su mano” para acabar con la “radicalidad” que aún sigue vigente y que la izquierda ‘abertzale’ está “muy lejos” de desprenderse de la estrategia de ETA y de demostrar con hechos ese discurso de rechazo a la violencia que a día de hoy está escrito en papel mojado.

La agresión al líder de las Juventudes ‘populares’ en Bizkaia este fin de semana es la última “evidencia” de que la derrota social de ETA está lejos de producirse

Apagadas las armas, el gran peligro, alertan las víctimas, es la pervivencia de la memoria, la construcción de un relato veraz para dejar constancia a las nuevas generaciones de que el terrorismo no tuvo ninguna justificación. Y aquí queda mucho camino por recorrer a la vista de los homenajes a etarras dispensados en dos ikastolas guipuzcoanas, en Hernani y Azpeitia. El ‘Gudari eguna (Día del soldado)’ del pasado 27 de septiembre sirvió de marco para rendir tributo a miembros de ETA en estos dos centros a plena luz del día. En el colegio Agustín Iturriaga de Hernani medio centenar de escolares dieron honores a 22 etarras (alguno de ellos, Juan Oyarbide, implicado en 13 asesinatos) en el patio durante el recreo con un acto que incluyó pegada de carteles o el baile de un aurresku. A esas horas, a poco más de 40 kilómetros, el Instituto de Educación Secundaria Ies Urola Ikastola Azkoitia-Azpeitia BHI ensalzaba en la puerta de sus instalaciones a tres etarras, autores del asesinato del socialista Enrique Casas o del guardia civil Gregorio Posada.

La 'omisión' del PNV

Y más allá de escenificaciones públicas, la presión sobre los alumnos es constante a nivel educativo. Padres de este último centro han denunciado que se coacciona a los niños para acudir a los actos de apoyo a los presos de ETA, según han comunicado al colectivo de víctimas del terrorismo del País Vasco, Covite, que ha denunciado ante la Audiencia Nacional a ambos recintos por un presunto delito de enaltecimiento del terrorismo. Ha sido una denuncia material por acción, a la que hay que añadir la denuncia pública por omisión contra el Gobierno vasco, que ha archivado los casos con un simple tirón de orejas público por una “inaceptable” actitud, pero despojando de cualquier responsabilidad a los centros.

Tanto Covite como el PP son muy críticos con la actitud del PNV en las instituciones a la hora de acabar con “actos impropios de cualquier democracia moderna”. Unas veces se mira para otro lado, pero en otras ocasiones se convierte en un agente activo. Ocurrió, por ejemplo, el pasado 14 de septiembre cuando el Ayuntamiento vizcaino de Lekeitio, en manos ‘jeltzales’, cedió el salón de plenos para rendir un homenaje al etarra Antonio Gabiola a su salida de prisión. Este integrante del ‘comando Madrid’, uno de los que más muertos acumula a sus espaldas, llegó a ocupar el sillón del alcalde. De asesinar y de mantener secuestrado a Emiliano Revilla a disfrutar del poder, agasajado por centenares de personas que le recibieron como un héroe.

Alsasua, el epicentro

De los homenajes y los vítores se ha pasado en los últimos días a las agresiones con Alsasua como epicentro del odio radical. Agresiones físicas y agresiones verbales. Físicas contra dos agentes de la Guardia Civil (un teniente y un sargento) fuera de servicio y sus parejas en la madrugada del domingo 16 de octubre en un acto violento en el que participaron medio centenar de personas, según las estimaciones de este cuerpo. Y verbales contra las cuatro víctimas de ETA que hicieron frente seis días después en esta localidad navarra a los participantes en una manifestación contra la Guardia Civil entre una lluvia de insultos y amenazas.

Consuelo Ordóñez, presidenta del colectivo Covite, junto con cuatro víctimas del terrorismo. (EFE)
Consuelo Ordóñez, presidenta del colectivo Covite, junto con cuatro víctimas del terrorismo. (EFE)

Lo sucedido en Alsasua dio más cuerpo si cabe a la advertencia de las víctimas de que el odio y la rabia sigue activa. “ETA no mata pero la violencia no ha desaparecido”, ha alertado Consuelo Ordóñez, presidenta de Covite, en un mensaje que asume el presidente del PP vasco, Alfonso Alonso. “Han pasado cinco años desde que ETA no mata pero queda mucho por hacer para recuperar la convivencia en el País Vasco y para eliminar el odio”. Lo dijo la pasada semana y, ahora, la agresión sufrida por el responsable de las Juventudes del PP en Bizkaia ha alimentado la alerta de los populares. “Sigue habiendo un entorno que vive alimentando ese odio, vive alimentando esa subcultura de intolerancia, radicalidad y fanatismo”, ha aseverado este mismo lunes Alonso.

El repunte de los actos violentos coincide con las nuevas evidencias de la debilidad de ETA, caso del reciente hallazgo del zulo en Francia en el que se incautaron cerca de 150 armas (el último gran arsenal decomisado a la banda) y que los terroristas pretendían utilizar en una negociación con el Gobierno de cara a evitar su derrota. Su derrota operativa, porque su derrota social aún sigue pendiente. Los últimos acontecimientos lo demuestran. “Sigue habiendo reductos de odio”, censura Alonso. Y lanza una pregunta al Gobierno vasco: “¿Qué tiene que pasar para que se dé cuenta de que para terminar con las bolsas de odio hay que deslegitimar a ETA y a todo su pasado criminal

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