malestar de las bases con la dirección

Crisis 'morada' en el País Vasco tras dejarse Podemos 180.000 votos por el camino

La formación de Pablo Iglesias vive una crisis tras las elecciones por la sangría de votos y la falta de autocrítica de la dirección, que ha sentado muy mal en las bases

Foto: La candidata a lendakari de Elkarrekin Podemos, Pili Zabala (c), valora los resultados obtenidos en las elecciones al Parlamento vasco. (EFE)
La candidata a lendakari de Elkarrekin Podemos, Pili Zabala (c), valora los resultados obtenidos en las elecciones al Parlamento vasco. (EFE)

Hay realidades que resultan esclarecedoras por muy intrascendentes que sean. Orexa fue el único municipio vasco en el que Podemos no obtuvo ni un solo voto en las exitosas elecciones generales del 26-J. Hoy, este núcleo rural guipuzcoano de poco más de un centenar de habitantes se ha convertido en el único municipio en el que la formación morada ha crecido el 25-S al recibir… un único voto.

En cualquier otro momento, este hecho no pasaría de la mera anécdota o daría pie a todo tipo de gracias o bromas, pero ahora dice mucho, más bien lo dice todo, de la situación de Podemos en Euskadi. Dice que la formación ha sufrido un varapalo de grandes dimensiones que la deja muy tocada. Manifiesta que el partido pasa de aspirar a gobernar a ni siquiera jugar un papel clave en la configuración del nuevo tablero político en el Parlamento vasco. Constata que Pablo Iglesias ha sufrido un durísimo baño de realidad: de querer competir de tú a tú con el nacionalismo gobernante, a tener casi el mismo peso que la ‘casta’ del PSOE y el PP.

El mapa político vasco estaba teñido de morado con el 26-J y ahora, tres meses después, no hay ninguna casilla de este color. Podemos no ha sido primera fuerza en ningún municipio. Y en algunos de ellos, además, ha caído hasta la quinta plaza. De tener 335.740 votos en junio ha pasado a 156.671 en septiembre, un total de 179.069 menos. O, lo que es lo mismo, ha perdido más de la mitad de su electorado. Y la caída es homogénea. Sorprendentemente, en los tres territorios pierde el mismo porcentaje, el 53% de los votos. En Álava pasa de primera fuerza a cuarta, en Vizcaya pasa de desbancar al PNV en el que es su feudo a situarse a más de 150.000 votos de distancia, y en Guipúzcoa se deja la primera plaza para colocarse a una enorme distancia de la formación ‘jeltzale’ y de EH Bildu. ¿Consecuencia directa? El morado estará en 11 asientos del Parlamento autonómico, muy lejos del verde del PNV (29 escaños), y muy cerca del rojo socialista (9) y del azul popular (9).

La formación morada es víctima de sus propios errores: se deja 179.069 votos en tres meses al ponerse de perfil ante cuestiones clave en Euskadi

Han escocido los resultados, pero también la interpretación de los datos. De hecho, las lecturas 'a posteriori' han provocado un gran malestar. De puertas para afuera, muchas voces se muestran muy críticas con la valoración triunfalista de las elecciones. La candidata a lendakari, Pili Zabala, y la líder de Podemos en Euskadi, Nagua Alba, han calificado de “históricos” los resultados porque “nunca antes” un partido había irrumpido con tanta fuerza en el Parlamento vasco en sus primeras elecciones. Ni el paso de las horas ha rebajado el optimismo en la dirección, lo que mantiene encendido el malestar interno. “Más de 150.000 votos y 11 escaños es una magnífica oportunidad y un magnífico suelo desde el cual construir”, ha valorado el día después el director de campaña y diputado en el Congreso, Eduardo Maura

"Falta mucha autocrítica"

Frente a estas interpretaciones, hay un sentir crítico compartido en las filas moradas. “Falta mucha autocrítica”, censuran a nivel interno varios cargos indignados. En el ámbito público, Podemos se ha topado con la sorprendente y contundente denuncia de la magistrada Garbiñe Biurrun, la primera opción que manejó la formación morada para su asalto a Ajuria Enea y que no llegó a cuajar tras una prolongada negociación. En su intervención en Radio Euskadi durante la noche electoral, la reconocida jueza, a quien el PNV temía como rival en las urnas, reclamó una “reflexión” y reprochó la falta de perfil durante la campaña, que llegó a calificar de “difusa” y “confusa”.

La primera opción para lendakari, la magistrada Garbiñe Biurrun, se muestra muy crítica con la estrategia electoral y reclama una “reflexión”

Porque la dirección de Podemos apostó por una campaña vacía de contenido. No se ha posicionado en ninguno de los temas clave y candentes de la política vasca, donde se ha pasado de puntillas. No ha habido claridad ante la independencia, la consulta soberanista o la anexión de Navarra a Euskadi, pero tampoco ante las cuestiones económicas o sociales, convertidas en las principales preocupaciones de la sociedad vasca. La estrategia de no hacer ruido se ha demostrado fallida y ha debilitado su posición en beneficio del que hasta ahora ha sido su principal caladero de votos, las bases de la antigua Batasuna. “Se lo hemos puesto en bandeja a EH Bildu”, lamentan voces en Podemos.

También ha pasado factura la inexperiencia e indefinición de Pili Zabala, que fue la escogida como candidata a lendakari tras no prosperar las primeras opciones, entre ellas el 'exararteko' Iñigo Lamarca. Con la elección de la hermana de Joxi Zabala, uno de los dos jóvenes miembros de ETA asesinados por los GAL en 1993, la dirección de Podemos en Euskadi buscó dar un golpe de efecto ante la izquierda 'abertzale', que siempre ha instrumentalizado la figura de esta víctima del “terrorismo de Estado” para sus fines. Pero el ‘efecto Zabala’ ha sido devorado por el ‘efecto Otegi’. Su ausencia de gimnasia política y la equivocada estrategia cocinada en los despachos del partido en Euskadi ha sido una losa pesada ante una izquierda ‘abertzale’, que, por el contrario, ha sabido aprovecharse de esta debilidad para levantar el vuelo y consolidarse como segunda fuerza en Euskadi, algo impensable hace apenas tres meses. Nunca una pérdida de cuatro escaños fue tan celebrada (EH Bildu pasa de 21 a 17 escaños en el Parlamento vasco). De hecho, los resultados han dado alas a la antigua Batasuna para alimentar sus reivindicaciones soberanistas

El éxito de Urkullu

Podemos ha dilapidado los 180.000 votos de distancia que le separaban el 26-J de EH Bildu, que ahora le saca 70.000 sufragios. En todo caso, el análisis de los resultados electorales desmonta el reducido argumento del varapalo electoral por la pérdida de esa amplia base ‘abertzale’ que en las generales dio su apoyo a Iglesias. La suma de EH Bildu y Podemos es incapaz de llegar a los apoyos del PNV, que arrasa por la movilización de su arraigada base social y por el voto del miedo. La formación de Iñigo Urkullu ha atraído tanto a la izquierda como a la derecha. Ha concitado a una base socialista que, ante la manifiesta debilidad y deriva del PSOE, ha encontrado refugio en la derecha nacionalista para frenar el empuje con el que llegaba la formación de Iglesias a las elecciones. Este mismo motivo le ha permitido a Urkullu, de perfil moderado, atraer a un electorado constitucionalista de derechas que no quiere aventuras soberanistas desde la izquierda. Su apelación al “voto útil” ha tenido su efecto y ha colocado al PNV en los números de Juan José Ibarretxe.

Cartel del candidato a lendakari del PNV, Iñigo Urkullu. (Reuters)
Cartel del candidato a lendakari del PNV, Iñigo Urkullu. (Reuters)

La situación interna de Podemos ha contribuido también a este importante desplome. La dirección de la formación morada en Euskadi no está sabiendo gestionar la crisis de puertas para adentro, con varios círculos enfrentados de forma abierta y con diferencias que a día de hoy parecen irreconciliables. Hasta la fecha, esta fuerte conflictividad interna no había pasado factura al partido de Iglesias, que había logrado hacer de Euskadi su principal bastión electoral en España. Sin embargo, despojado el carácter nacional de la cita con las urnas, la formación morada se ha dado un auténtico baño de realidad en el País Vasco. Además, el 25-S ha llegado en plena lucha entre los dos grandes nombres del partido, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, división que tiene su efecto dentro de la formación en Euskadi, con familias declaradas pablistas o errejonistas.

A la conjunción de estos factores se puede sumar la alta abstención del 38%, una de las más elevadas de la historia en las elecciones al Parlamento vasco. La desmovilización estuvo dos puntos por encima de las elecciones autonómicas de 2012 y casi cuatro de las generales del 26 de junio. La mayor abstención se dio en 1994, cuando se elevó hasta el 40,3%. Desde la formación morada, consideran que no han sabido movilizar al electorado como sí hicieron en las generales, quizá por el hartazgo que existe entre la población por el bloqueo de la política española, que amenaza con unos terceros comicios para las Cortes Generales en diciembre.

Para rebajar el impacto de la caída, Podemos pone en valor que es la primera fuerza de ámbito estatal en Euskadi. En todo caso, la realidad dice que la próxima legislatura puede jugar un papel irrelevante en el Parlamento vasco, ya que al PNV le bastaría con llegar a un acuerdo con el PSOE (o con el PP) para asegurarse la mayoría absoluta en la Cámara de Vitoria y gozar de cuatro años relativamente placenteros sin las presiones de la entente EH Bildu-Podemos, la cual, antes de las elecciones, había llevado el temor a Sabin Etxea. Pero ahora el PNV respira muy tranquilo. La formación morada ha contribuido a este bienestar nacionalista.

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