El PNV desactiva la amenaza de Podemos y ya contempla gobernar en minoría
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ELECCIONES PAÍS VASCO 2016

El PNV desactiva la amenaza de Podemos y ya contempla gobernar en minoría

La campaña apenas ha puesto en aprietos a la formación nacionalista, a la que las encuestas dan como clara favorita en Euskadi

placeholder Foto: El lehendakari y candidato a la reelección por el PNV, Iñigo Urkullu, en un acto electoral en Vitoria. (EFE)
El lehendakari y candidato a la reelección por el PNV, Iñigo Urkullu, en un acto electoral en Vitoria. (EFE)

“Nos podríamos haber ahorrado estas dos semanas”. La reflexión dice mucho por proceder de quien hace escasamente unas semanas estaba llamado a hacer sombra al nacionalismo gobernante. No por real deja de ser sorprendente. Lo admiten a El Confidencial desde Podemos en un pensamiento político que, en esencia, parece haber calado entre la población. “No he cambiado mi voto”. Una consulta a pie de calle sirve de ejemplo para evidenciar que, al menos en términos de utilidad, la campaña poco (o nada) ha influido en la mayoría de la masa social. El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) reflejaba en su sondeo electoral previo a los comicios que uno de cada tres electores estaba indeciso de cara a las autonómicas de este domingo. Pero ni el hecho de que la gobernabilidad de España esté en juego en las elecciones vasca y gallegas parece haber calado en la sociedad hasta el punto de decidir el sentido del voto… Pero tampoco en la política vasca.

[Consulte aquí los resultados de las elecciones gallegas]

[Consulte aquí los resultados de las elecciones vascas]

Porque ha sido una campaña anodina en la que ha primado el quién sobre el qué. El mensaje ha estado de lado y ha primado el aspecto visual frente al discurso político. Los partidos nacionales han antepuesto el rostro al discurso. El nombre al mensaje. La imagen al contenido. Nunca antes Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, la cúpula de Podemos o, sobre todo, el líder de Ciudadanos habían tenido tanta presencia física en unas elecciones vascas. Las urnas decidirán el inquilino de Ajuria Enea pero también está en juego la celebración de unas terceras elecciones generales. Y esta derivada ha tenido sus consecuencias en el tablero político, con unos peones que han optado más por proteger a su reina que por atacar a su adversario. Cualquier gesto, cualquier movimiento, tiene más relevancia si cabe.

El gran beneficiado de este escenario es, sin duda, el PNV. Lo que hace tres meses era un gran temor, ahora es más una leve inquietud. El 26-J había puesto en guardia sobremanera a la formación ‘jeltzale’, con el mapa político vasco pintado de morado, con Euskadi convertida en el principal bastión de Podemos en España, pero el paso del tiempo ha ido tranquilizando a las huestes de Sabin Etxea, que cuentan con el aval de las encuestas, que proyectan el desinfle de Podemos. Los sondeos le otorgan una mínima ventaja de 10-12 escaños con su inmediato perseguidor (28 representantes frente a 18-17). Pero la tranquilidad no solo llega de los números. El hecho de que algunas encuestas sitúen a EH Bildu como segunda fuerza por delante de Podemos juega mucho a su favor. No es lo mismo que Otegi necesite el apoyo de Iglesias para gobernar que Iglesias pueda recibir un cheque en blanco de Otegi para desalojar al PNV de Ajuria Enea. Y más si se atiende a cómo está el tablero político español.

No es lo mismo que Otegi necesite el apoyo de Iglesias para gobernar que Iglesias pueda recibir un cheque en blanco de Otegi para desalojar al PNV de Ajuria Enea

La incertidumbre del nombre de su perseguidor ejerce de colchón para el PNV. De hecho, la formación nacionalista ya no descarta, como bien han dejado caer en campaña, la opción de gobernar en minoría con apoyos puntuales durante la legislatura ante la fuerte caída de Podemos que pronostican las encuestas. Todo está a su favor. El temor, aunque resulte paradójico, podría estar en los resultados del PSOE, su hasta ahora socio de gobierno en las instituciones vascas. Los sondeos vaticinan un sonoro varapalo para el socialismo, tanto en las elecciones gallegas como en las vascas, y al PNV le interesa contar con un PSOE fuerte en cierto modo para no tener que depender de la alianza Podemos-EH Bildu y, en última instancia, del PP. El lendakari y candidato a la reelección del PNV, Iñigo Urkullu no quiere estar a la expectativa de un posible intercambio de cromos en Ajuria Enea y en La Moncloa, aunque, de llegar a esta situación, el PNV cuenta con el posible respaldo de los populares a cambio de nada con tal de no facilitar la llegada de la izquierda al Gobierno vasco.

La posibilidad de que Podemos y EH Bildu se instalen en Ajuria Enea alimenta de por sí el voto del miedo en determinados sectores del PP. Históricamente, la formación ‘jeltzale’ ha contado en las elecciones autonómicas con el respaldo de una base ‘popular’, que, vistas las circunstancias, prefiere lo malo conocido que lo malo por conocer. Por ello, el candidato a lendakari del PP, Alfonso Alonso, se ha esforzado durante la campaña en intentar evitar fugas de su electorado. Para ello, ha incidido en las aventuras independentistas del PNV, que proyecta una consulta por el derecho a decidir en la próxima legislatura para avalar el reconocimiento de Euskadi como nación dentro de una posible reforma del Estatuto en el Parlamento Vasco, donde las fuerzas soberanistas van a ser mayoría.

La incidencia española de las elecciones vascas ha hecho que tanto Rajoy como Sánchez hayan medido mucho sus palabras en sus visitas a Euskadi. La gobernabilidad de España está en juego y, con los partidos a la espera de lo que deparen las urnas, cualquier movimiento debe hacerse con pies de plomo. Por ello, no ha habido grandes ataques al PNV, que, consciente de la situación de privilegio en la que está, se permite rechazar al PSOE y al PP antes de las elecciones del 25-S. Sabe que puede apoyarse en unos y otros. La aritmética que deparen las urnas podría obligar a la formación de Andoni Ortuzar a moverse, pero, de momento, se mantiene en un estratégico segundo plano.

Al PNV le interesa contar con un PSOE fuerte en cierto modo para no tener que depender de la alianza Podemos-EH Bildu y, en última instancia, del PP

De hecho, el PNV ha buscado una campaña de perfil bajo para no 'sacudir el árbol'. En esta estrategia, no ha entrado en el cuerpo a cuerpo en el 'ring' soberanista. Se calza los guantes para contentar al sector más independentista, principalmente en Guipúzcoa, pero se guarda mucho de no dejar al descubierto la guardia ante los ataques derivados de su defensa del derecho a decidir. Curiosamente, quien más directos le ha lanzado es su socio de gobierno, el PSOE, que busca un ataque a la desesperada para dar la vuelta a las malas encuestas. Su candidata a lendakari, Idoia Mendia, se ha esforzado en romper cadenas con el PNV, consciente de que una base del electorado socialista no apoya ser el salvavidas constante del nacionalismo. Para ello, ha insistido en advertir de que la relación con la formación 'jeltzale' acabará, de haber juegos soberanistas. Pero su fiereza, que ha sorprendido dentro de Sabin Etxea, podría jugar en su contra.

Difícil papeleta tiene el PSOE, que, a tenor de las encuestas, podría igualar el peor resultado de su historia, con solo ocho escaños en el Parlamento Vasco, cuando hace apenas dos legislaturas, en las elecciones que auparon a Patxi López a Ajuria Enea, obtuvo 25 representantes. De confirmarse los sondeos (en la actualidad cuenta con 16 asientos en la Cámara de Vitoria), no solo supondría un varapalo para Idoia Mendía en su primera gran revalida como líder de los socialistas vascos, sino que dejaría muy tocado a Pedro Sánchez dentro de la pugna abierta en Ferraz por el liderazgo del partido. Y más cuando barones socialistas no aprueban el intento del líder socialista de conformar un gobierno alternativo al de Mariano Rajoy.

Del mismo modo, Iglesias también se juega mucho en Euskadi, donde Podemos ha sido la fuerza más votadas en las dos últimas elecciones generales, hasta el punto de que el País Vasco se ha convertido junto con Cataluña en el gran bastión electoral de la formación morada. En plena lucha interna con su ‘número 2’, Íñigo Errejón, un mal resultado electoral pondría en riesgo el proyecto político de Iglesias, que ya el 26-J se dio un baño de realidad ante la pérdida de poder en España en alianza con IU. En Euskadi, Podemos no ha rentabilizado como preveía el nombramiento de Pili Zabala como candidata a lendakari. A la víctima del GAL, escogida por la formación morada para hacer daño a esa izquierda 'abertzale' que siempre había instrumentalizado su figura (antes lo intentó con la magistrada Garbiñe Biurrun), le ha pesado su inexperiencia política. De hecho, su gran logro en esta campaña no ha sido su discurso, su palabra, sino el silencio de Alfonso Alonso, cuando en el debate electoral de la televisión pública vasca balbuceó para negarle la condición de víctima del terrorismo. Toda una evidencia para una formación que intenta no perder a toda esa base 'abertzale' que le apoyó de forma masiva en las generales.

La falta de mensaje político beneficia a EH Bildu, que se agarra al ‘efecto Otegi’ para dejar olvidar los dos últimos varapalos electorales. La coalición 'abertzale' ha tratado de rentabilizar su victimismo por el veto electoral al líder 'abertzale', quien, no obstante, ha seguido ejerciendo de rostro visible de la antigua Batasuna en campaña. Primero por estrategia y segundo por la ausencia de un líder alternativo. Quien está llamada a liderar a la izquierda 'abertzale', la portavoz de EH Bildu en el Ayuntamiento de Vitoria, Miren Larrion, la misma que renunció a la Alcaldía de la capital alavesa para ponérsela en bandeja con tal de desalojar al PP del poder, ha dejado bastante que desear en campaña. Además, la antigua Batasuna tiene pendiente de acometer una renovación que a nivel interno sigue sin llegar.

Ciudadanos tiene muy difícil su entrada en el Parlamento vasco. Busca ocupar el espacio dejado por UPyD, si bien tiene muy difícil encontrar su hueco

Por su parte, Ciudadanos tiene muy difícil su entrada en el Parlamento Vasco. Busca ocupar el espacio dejado por UPyD, que ha renunciado a poder estar una tercera legislatura en la Cámara de Vitoria ante la fuga de la mayoría de su base social, si bien tiene muy difícil encontrar su hueco en una Euskadi que hasta ahora le ha dado la espalda de forma contundente (su presencia institucional se limita a un juntero en Álava y dos concejales en este territorio). Ni las reiteradas visitas en campaña de su líder Albert Rivera parecen hacer efecto para una formación que no sólo aspira a entrar en el Parlamento por la vía de Álava sino que ve en las elecciones vascas una oportunidad para contar con más peones en la partida de ajedrez político que se iniciara tras el 25-S por la gobernabilidad de España.

En Euskadi, el tablero político parece estar más despejado, con un PNV que, a falta de los movimientos posteriores, cuenta con la baza del mayor número de peones y la debilidad de los adversarios.

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