elecciones 25-S

Un debate sin heridas para Urkullu y con el silencio de Alonso como 'minuto de oro'

PSOE y PP atacaron al líder del PNV, pero Urkullu contó como aliados con la bisoñez de los candidatos de Podemos y EH Bildu

Foto: Los candidatos a lendakari, durante el debate electoral. (EFE)
Los candidatos a lendakari, durante el debate electoral. (EFE)

En un combate en el que los cuchillos vuelan hacia todos los lados y algunos adversarios eluden el cuerpo a cuerpo, el que se encuentra más protegido, el que defiende el trono, no corre el peligro de desangrarse. A no ser que los golpes sean certeros y al gran rival le falle el escudo protector con el que acude a la batalla. El lendakari y candidato a la reelección del PNV, Iñigo Urkullu, salió sin grandes heridas del debate televisivo a cinco en la televisión pública vasca (el único de cara a las elecciones del 25 de septiembre) porque, en gran medida, no fue un todos contra uno como sí ocurrió en el debate de las autonómicas gallegas, donde Feijóo tuvo que esquivar las continuas balas en la lucha sin cuartel emprendida por sus adversarios.

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Los mayores apuros los sufrió con el debate soberanista, cuando el PSOE y el PP sacaron toda la artillería contra Urkullu por su creciente vena independentista y la consulta sobre el derecho a decidir que planea para la próxima legislatura. Pero fueron, en términos generales, fuegos de artificio porque el lendakari y aspirante ‘jeltzale’ contó como aliados con la bisoñez de la candidata de EH Bildu, Miren Larrion, que ejerció de líder 'abertzale' en ausencia del inhabilitado Arnaldo Otegi, y, especialmente, con la falta de tablas políticas y la errónea estrategia de la aspirante de Podemos, Pili Zabala, que apenas situó a Urkullu en su diana. El suyo fue un discurso en clave positiva, sin apenas ataques, que incluso llegó a sorprender al aspirante del PNV, quien, en un gesto esclarecedor, le pidió “no caer en el buenismo”.

Iñigo Urkullu, salió sin grandes heridas del debate televisivo porque, en gran medida, no fue un todos contra uno como sí ocurrió en el debate gallego

No se habría imaginado Urkullu que apenas sufriría en las trincheras. Se podría decir que fue un debate plácido para él. Por momentos daba la sensación de que, más allá de los obligados ataques a quien está instalado en el poder, el adversario no era el actual lendakari. No lo entendieron así el PP y el PSOE. La más agresiva fue la candidata socialista, Idoia Mendia, que se esforzó en romper cadenas con el PNV, con quien gobierna en coalición en las instituciones vascas. Lo hizo ya en la primera intervención, al advertir de que su partido revisará los acuerdos suscritos con los ‘jeltzales’ si la formación de Andoni Ortuzar se decanta por la “incertidumbre y la inestabilidad”, en alusión a sus aventuras soberanistas con la consulta ciudadana como telón de fondo. Y lo recalcó en el capítulo de pactos al avisar de que no se le puede requerir su apoyo para que el País Vasco funcione mientras se “juega a la independencia”.

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Los contundentes sondeos electorales, que auguran un desplome socialista en Galicia y Euskadi que amenaza el liderazgo de Pedro Sánchez en plena guerra interna, llevaron al PSE a atacar con dureza durante el debate de ETB, en especial contra Urkullu en cada uno de los bloques (economía, políticas sociales, autogobierno, convivencia y pactos). Lo hizo con la privatización de las pensiones que plantea el PNV, la “discriminación” en favor del euskera en la Administración pública o la falta de claridad ante el derecho a decidir o la independencia. Incluso, quiso poner contra las cuerdas al aspirante del PNV al recordarle su apoyo en octubre de 2014 en el Parlamento vasco a un texto de EH Bildu que apostaba por salirse de la vía de la legalidad para avanzar en la senda de la autodeterminación.

Pero Urkullu, consciente de que le bastaba con salvar la compostura en materia soberanista, apenas se salió del guion establecido. No hizo ningún alarde y se parapetó en los reiterados principios democráticos y de legalidad, y en la defensa de una consulta “legal y pactada” para no entrar al trapo en la cuestión que, 'a priori', más le podía poner en aprietos. Ante las embestidas, se  mostró a favor de la independencia… del siglo XXI, como ya había constatado en alguna entrevista radiofónica anterior.

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En este debate, el candidato del PP, Alfonso Alonso, dio un golpe de efecto al regalar al aspirante nacionalista un libro escrito por el expresidente catalán Artur Mas en 2002, cuando se definía como un nacionalista “moderado” y afirmaba que la independencia era un “concepto anticuado y oxidado”.  “No se convierta en el Artur Mas vasco”, le espetó. Pero el lendakari, sin soltar esa leve sonrisa de su rostro que le acompañó durante todo el debate, contraatacó acusando al PP de “radicalismo” por “no dar respuesta al problema de la crisis de Estado”.

Urkullu, consciente de que le bastaba con salvar la compostura en materia soberanista, apenas se salió del guion establecido. No hizo ningún alarde

Apenas hubo novedades en los discursos, como suele ocurrir en este tipo de debates tan encorsetados. En  todo caso, el modelo que propuso ETB abría en principio la puerta a los golpes directos. Incluso mediante el juego inicial de una pregunta invisible entre los diferentes candidatos, con que el ente público vasco quiso romper con los tradicionales y sosos debates electorales de antaño.  Pero en este ring había muchos adversarios a los que noquear y no todos estaban por la labor de enfundarse los guantes.

La estrategia cocinada en los despachos de los partidos no obvió que en unas elecciones tan ajustadas como se prevén en Euskadi, y donde serán necesarios los pactos para conformar el próximo Gobierno, hay que buscar los puntos flacos de todos los rivales para ganar fuerza. Y antes de la cita con las urnas del 25-S en Euskadi, por mucho que Mendia se esfuerce en distanciarse de su socio de gobierno, los bloques parecen estar definidos. Por un lado, el PNV y el PSE, y, por otro, Podemos y EH Bildu. De hecho, estas dos últimas fuerzas firmaron un pacto de no agresión. Hasta Larrion llegó a poner en valor aquellos puntos que les unen a la formación de Pablo Iglesias, lo que deja a las claras quién será su socio preferente en la próxima legislatura. En estas dos ententes parece estar el juego, con permiso del PP, quien, en todo caso, en función de los resultados, podría tener la llave de la gobernabilidad, para disgusto del PNV.

Llegada al plató de ETB. (EFE)
Llegada al plató de ETB. (EFE)

En este escenario, Urkullu buscó la confrontación con la candidata de EH Bildu, a quien incluso le recordó su apoyo a Juan José Ibarretxe en las urnas, como ha admitido la propia Larrion. Quien está llamada a ser el rostro de futuro de la coalición 'abertzale', con permiso de Otegi, dejó al descubierto su inexperiencia en estas lides. Apostó por no jugar la baza victimista del veto al líder batasuno, como sí ha hecho EH Bildu durante la precampaña, y apenas puso en aprietos al lendakari, quien no obvió este cuerpo a cuerpo. En especial, en el apartado de paz y convivencia. Hasta en cuatro ocasiones la emplazó Urkullu a admitir que “matar estuvo mal”. Larrion se escudó en la demagogia de la izquierda 'abertzale' para no condenar a ETA aunque, al final, ante el acoso generalizado, acabó por cometer una osadía con un “evidentemente” que vino a reconocer lo que no quería admitir y lo que la izquierda 'abertzale' no está dispuesta a asumir.

Alonso estuvo sólido, cómodo en la confrontación con el candidato a la reelección pero, en las cuestiones donde había que apretar las clavijas a Urkullu, solo contó con el apoyo del PSOE. Fue el único que apenas se refugió en notas, al contrario que Larrion y Zabala, que se apoyaron en los papeles, demostrando menos capacidad de improvisación. La candidata de Podemos estuvo encorsetada en sus notas y rehuyó las cuestiones polémicas, esquivando en ocasiones las apelaciones del presentador.

Al menos, admitió su apuesta por el derecho a decidir del pueblo vasco con el argumento de que esta cuestión está “interiorizada” en las democracias “maduras” como un principio “democrático y legal”. Sus apenas ataques se dirigieron al PSOE, en ese intento de captar el voto que, según las encuestas, ha abandonado a los socialistas para hacer frente a la pérdida de ese electorado 'abertzale' que les llevó a ser primera fuerza política en Euskadi en las dos elecciones generales.

La única salida de tono de Zabala tuvo como destinatario a Alonso, con quien mantuvo un enfrentamiento verbal a cuenta del reconocimiento de la condición de víctima de la violencia que el PP le niega a la hermana de ‘Joxi’ Zabala, uno de los dos jóvenes que fueron secuestrados, torturados, asesinados y enterrados en cal viva por el GAL. “¿Usted no me considera víctima?”, le espetó. Y el candidato del PP balbuceó en su respuesta: “Con arreglo a la ley de víctimas del terrorismo, no, pero sí es víctima del exceso y del abuso”, replicó, dando paso a un silencio de unos segundos que prolongó el presentador antes de seguir con el debate. Un momento que no tardó en convertirse en lo más comentado en las redes sociales.

Zabala no era la adversaria de Mendia. La candidata socialista comenzó muy fuerte, elevando el tono en sus enfrentamientos con Urkullu por la privatización de las pensiones o la “discriminación” lingüística en el acceso al empleo público, pero el lendakari se encontró con muchos salvavidas, salvo en el capítulo de economía, el único que unió a todas las formaciones en contra del Gobierno vasco.

La candidata socialista volvió a jugar la baza del “juego independentista” del PNV y su falta de claridad ante esta cuestión. Urkullu se expuso más en esta ocasión, al defender el derecho a decidir como “un principio democrático”, aunque se esforzó en desligar este concepto de independencia y secesión antes de volver a la baza segura de una consulta pactada.  Apenas sudó más. Ni cuando Alonso le atacó en su última intervención con la borrachera de poder en la que vive el PNV, que se alía con “quien sea” con tal de instalarse en el poder. “Demasiado poder le puede llevar por la senda equivocada”, le espetó. De momento, el camino equivocado lo cogieron en el debate quienes son, 'a priori', sus dos principales rivales en las urnas.  

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