El Gobierno pierde el control (La trilogía de Leire)
Los volantazos desafiantes de Pedro Sánchez han provocado que la gestión pública descarrile y toque fondo en un ambiente en el que lo sórdido y lo escandaloso son rasgos inseparables
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene durante un pleno en el Congreso de los Diputados. (Europa Press/Carlos Luján)
En Bruselas, Teresa Ribera, vicepresidenta de la Comisión es desautorizada por Ursula von der Leyen y la escalada gubernamental contra Israel y su Gobierno se diluye en su nula efectividad y en la insaciabilidad antisemita de la extrema izquierda que reclama la ruptura de las relaciones diplomáticas con Jerusalén. La presidenta de la Comisión planteó ayer una alternativa (suspender ventajas comerciales de Israel) que, sin embargo, no contará con la mayoría del Consejo que es el órgano decisor. Desde Washington llegaba también una dura crítica a las decisiones del Gobierno español que estarían ‘alentando a los terroristas de Hamás’. Al tiempo, la OTAN entraba en alerta máxima por el ataque de drones rusos sobre Polonia.
Para que nada faltase en esta serie de goyescas pinturas negras, las abrasivas informaciones que afectan a la reputación de Begoña Gómez y su entorno y el silencio al respecto de la Moncloa y del propio Sánchez, se desbordan con acusaciones que implican a Óscar López y Antonio Hernando -ambos hombres de confianza del presidente- en supuestas averiguaciones sobre la naturaleza de los negocios de la familia política de Sánchez durante la época 2016-2017, cuando se celebraron las segundas primarias en el PSOE que el hoy secretario general del partido ganó a Susana Díaz y a Patxi López.
La posibilidad de que los Presupuestos Generales del Estado de 2026 prosperen es tan remota como inverosímil es que Salvador Illa logre el apoyo de ERC a las cuentas de la Generalitat porque el desarrollo de la ‘financiación singular’ de Cataluña ofrece obstáculos igualmente insalvables. Parecidos a los que se enfrenta el anteproyecto de ley de reforma de la ley orgánica de financiación de las comunidades autónomas y de estabilidad presupuestaria para hacer posible la quita de más de 17.000 millones de euros de la deuda contraída por los sucesivos gobiernos catalanes con el Fondo de Liquidez Autonómico.
El colapso del suministro eléctrico que condiciona inversiones en más de una treintena de provincias españolas -Endesa e Iberdrola han llevado al Supremo el dictamen oficial sobre las causas del apagón de abril de 2025- se suma al fallo sistémico del transporte de viajeros en ferrocarril. Sigue su curso la opa del BBVA al Sabadell – impugnado ante la Sala Tercera del Supremo el condicionado del Gobierno impuesto al banco con sede en Bilbao- que se ha convertido en un asunto más político que financiero, con repercusiones de largo alcance, tanto si prospera como si fracasa la iniciativa de la entidad que preside Carlos Torres.
La pérdida de relevancia exterior de Pedro Sánchez, tanto en la Unión Europea como en la OTAN, agudizada por la torpeza de José Manuel Albares, el peor ministro de Asuntos Exteriores de los dieciséis que desde 1978 han habitado el Palacio de Santa Cruz, margina al país de las decisiones geopolíticas más sensibles, incluso de las relativas a nuestra seguridad. En particular, y como describía aquí el analista Hicham El Alaui, por la incidencia en la estrecha relación entre Marruecos e Israel de las medidas del Gobierno al margen de la Unión Europea.
Por fin, los sondeos electorales consolidan una tendencia que viene de atrás: la suma del PP y Vox en unas próximas elecciones generales superaría con mucho la mayoría absoluta del Congreso y propiciaría un difícil, pero inevitable pacto entre Feijóo y Abascal que como argumento de convicción para movilizar a la izquierda ha perdido fuerza, lo mismo que ocurre en otros países europeos en los que las crisis políticas (véase lo que sucede en Francia) predicen un ocaso de la democracia liberal.
En estas circunstancias no es arriesgado afirmar que el Gobierno ha perdido el control de la situación política y carece ya del traído y llevado ‘relato’ que antes tanto le rentó. Hay síntomas de desmoralización en el PSOE y de un irreversible distanciamiento de sus socios que no le evitan al presidente ni una sola adversidad. Más allá del acierto de la oposición, lo que realmente desafía al PSOE y a su líder son las variables de la realidad española que Sánchez ha despreciado desde el ‘somos muchos más’ de la noche del 23-J.
Ahí estuvo la raíz del mal diagnóstico, continuó con la firma de unos pactos de investidura destituyentes e incumplibles, siguió con un congreso extraordinario de los socialistas, noviembre diciembre de 2023, en el que se aclamó a Sánchez (y a su mujer, y a Cerdán) y alcanzó su cenit con la perniciosa ‘carta a la ciudadanía’ de Sánchez, y su retiro durante cinco días, entre 24 y 29 de abril de 2024. El Gobierno, erróneamente, se ha desenvuelto a lo largo de los últimos meses con los argumentarios falaces que externalizaban la responsabilidad del Ejecutivo en instancias terceras y frivolizaban sobre las causas judiciales que le conciernen.
Han mediado, además, catástrofes de proporciones extraordinarias, como la riada mortal de Valencia (octubre de 2024), los incendios forestales del pasado mes de agosto -mediando ‘el cero eléctrico’- que han desvencijado el Estado autonómico mientras el Ejecutivo y sus socios impulsan un modelo territorial confederal fáctico en un proceso de mutación constitucional validado por un Tribunal Constitucional sectario. Además, el ataque al Poder Judicial es constante.
Los volantazos desafiantes de Pedro Sánchez -cuyo rostro es la viva imagen de su insufrible estrés- han provocado que la gestión pública descarrile y toque fondo en un ambiente en el que lo sórdido y lo escandaloso son rasgos inseparables. Por eso, la oportunista, ordinaria y logrera Leire Díez aseguró en el Senado que está dispuesta a escribir no un libro sino una trilogía para relatar sus ‘investigaciones’. No le faltará trama ni editor para publicarla. Tiene lógica que sea la ‘fontanera’ la que describa este cenagal.
Si Leire Díez, en su escasez cognitiva, ha olfateado el insalubre olor de la descomposición del régimen, no serían necesarios análisis adicionales para suponer que el andamiaje del sanchismo adolece de precariedad irremediable y que los acontecimientos se suceden atropellando a Sánchez, a su Gobierno y a su partido.