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José Antonio Zarzalejos

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Sánchez (al ataque) y sus sherpas

Irrelevancia internacional, ruptura con el sector mediático, atrincheramiento en RTVE y resistencia numantina del presidente con sus sherpas en la Moncloa, marcan el inicio del curso. Mañana Sánchez saldrá al ataque

Foto: Pedro Sánchez, en una imagen de archivo. (EP/Isaac Buj)
Pedro Sánchez, en una imagen de archivo. (EP/Isaac Buj)
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La expresión no es unívoca. Un sherpa es un natural del Nepal, pero también, nepalí o de otra nacionalidad, el que oficia de guía en la alta montaña. Y en su variante metafórica, los sherpas políticos describen a los asesores de alto nivel de líderes institucionales en el ámbito nacional e internacional. Así se definió, o le definieron, a José Manuel Albares, ahora ministro de Exteriores, Unión Europea y Cooperación, pero antes asesor de Pedro Sánchez en la secretaría general del PSOE y en su Gabinete en la Moncloa. Como otros sherpas —es el caso de Óscar López, o de Antonio Hernando— pasó del trabajo opaco en el recinto presidencial a la luz pública del cargo institucional. No todos migran, pero sí algunos muy significados. Unos y otros conforman lo que también se conoce como la ‘guardia pretoriana’ del presidente o, impropiamente, como su ‘guardia de corps’. Y tienen, además, una misión sacrificial: la de chivos expiatorios cuando el jefe tiene que redimirse.

No sería improbable que el fracaso de Sánchez en su proyección internacional, la pague muy merecidamente, el ministro Albares que, por razón de su cargo, ha de absorber la irrelevancia sobrevenida del presidente en el ámbito de la Unión Europea y de la OTAN y sus derivas un tanto excéntricas en las vinculaciones que ha establecido con la República Popular China, con Venezuela y con los presidentes más radicales e izquierdistas de Latinoamérica, en un contexto en el que ha incidido como un lobista Rodríguez Zapatero. Las posiciones de Sánchez en el exterior no son recuperables porque, además del reproche, explícito o tácito de los socios internacionales, la prensa británica y alemana, también la francesa, ha levantado acta crítica de un personaje que en su momento dispuso de predicamento. Sánchez no lo tiene ya. Además, él y sus colaboradores han roto con un muy amplio sector de medios de comunicación, incluidos los de Prisa, que se distinguen más por su crítica al PP que por el apoyo a este PSOE, tras la crisis del El País y la SER con la Moncloa, sucedida el pasado mes de marzo.

Mañana Pedro Sánchez concede a TVE una entrevista de apertura de curso que será la primera a un medio nacional desde hace más de un año. La Corporación pública se volcará porque la conversación con Pepa Bueno, exdirectora de El País y de nuevo, editora y presentadora del informativo de las 21 horas, dispondrá de una cobertura completa: La 1, la 2, Canal 24 horas, Radio Nacional de España y RTVE Play. El Gobierno ha ‘descubierto’ que su último reducto mediático es el ente público, financiado por los presupuestos, las tasas radioeléctricas y las aportaciones de operadores audiovisuales sobre un porcentaje de sus ingresos. Sánchez admitirá un cuestionario directo, duro, y pasará al ataque. No le queda otra en estos momentos de extrema debilidad en todos los frentes.

Pero la ofensiva no le será útil, sin embargo, si recurre para hacerlo a los argumentarios habituales consagrados el 24 de abril de 2024 en su carta a la ciudadanía. El presidente, entonces, quemó sus barcos. No dejó títere con cabeza: arremetió contra los medios críticos, que ahora son legión, contra los jueces y contra la ‘derecha y la ultraderecha’. Patentó un neolenguaje agresivo (‘máquina del fango’, ‘seudomedios’) que luego han venido repitiendo sus ministros y los portavoces del PSOE. A ver si insiste. O innova.

Foto: escandalos-desfiguran-imagen-sanchez-prensa-internacional

Tras intentar y no lograr el control del Grupo Prisa, la Moncloa ha decidido dejarse de zarandajas y entrar a saco en RTVE. Lo ha hecho externalizando la producción de programas informativos y sucedáneos, con fichaje de conductores entregados a la causa y con desprecio a los profesionales del ente público cuya protesta es inaudible para el Gobierno. En agosto de 2023 la dirección de RTVE firmó un acuerdo con los sindicatos para evitar el vaciamiento profesional de la radio y la televisión públicas, exactamente lo contrario de lo que está implementando el presidente de la Corporación, José Pablo López.

Sánchez no podría emprender ahora la gira mediática que consumó con éxito hace poco más de dos años en la campaña electoral del 23-J. El socialista se adentró en territorio adverso y con los interlocutores más incómodos, tanto en la radio como en la televisión privadas. La estrella de entonces ya no luce y la opción refugio es RTVE que la Moncloa va a optimizar tanto cuanto sea posible, sin importarle el coste reputacional del sectarismo rampante que se financia con los impuestos de todos los ciudadanos.

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El fracaso mediático de Sánchez es del mismo calibre, aunque de distintas consecuencias, que el internacional. Sus sherpas de la Moncloa algo tendrán que decir. Por ejemplo, su actual y tercer director de Gabinete, Diego Rubio, y el anterior, Oscar López, bajo cuya gestión el presidente consumó el disparate de su retiro abrileño el año pasado. Y los sucesivos secretarios de Estado de Comunicación, (van cuatro desde 2018) todos ellos piezas de la maquinaria macrocéfala de los servicios de la presidencia del Gobierno que integran un ‘superministerio’, anulan de hecho el funcionamiento coaligado del Gabinete, y sustituyen —Manuel de la Rocha es, de facto, el piloto de las políticas económicas y de relación con las empresas, muy por encima del ministro Carlos Cuerpo— a titulares de departamentos.

El relato —el traído y llevado relato del sanchismo— se basaba, precisamente, en la singularidad del izquierdismo ‘progresista’ de un Sánchez que llegó con ínfulas de regeneración y en su impecable, inicialmente, proyección exterior. Pues bien, el relato ha decaído en los organismos internacionales de referencia (EU, OTAN) y disminuyen los soportes mediáticos alineados en su gestión. RTVE es el tablón del náufrago. Sánchez se ha de conformar con manifiestos de los ‘abajofirmantes’ y dubitativos apoyos que otrora fueron firmes y constantes. Es su fracaso, pero lo es también de sus sherpas, de esa troupe de colaboradores en la Moncloa, algunos exportados al Consejo de Ministros —igualmente irrelevante— y de otros que se comportan como auténticos hooligans y que hoy son para Sánchez mucho más un lastre que un activo. Un aparato monclovita este pensado para concentrar toda la capacidad de decisión, para driblar al Gobierno de falsa coalición, para establecer vasos comunicantes entre la Moncloa y Ferraz, para, en fin, consolidar en el recinto presidencial el desvencijado santuario de su régimen que tratará de apuntalar mañana en RTVE. No lo tiene fácil.

La expresión no es unívoca. Un sherpa es un natural del Nepal, pero también, nepalí o de otra nacionalidad, el que oficia de guía en la alta montaña. Y en su variante metafórica, los sherpas políticos describen a los asesores de alto nivel de líderes institucionales en el ámbito nacional e internacional. Así se definió, o le definieron, a José Manuel Albares, ahora ministro de Exteriores, Unión Europea y Cooperación, pero antes asesor de Pedro Sánchez en la secretaría general del PSOE y en su Gabinete en la Moncloa. Como otros sherpas —es el caso de Óscar López, o de Antonio Hernando— pasó del trabajo opaco en el recinto presidencial a la luz pública del cargo institucional. No todos migran, pero sí algunos muy significados. Unos y otros conforman lo que también se conoce como la ‘guardia pretoriana’ del presidente o, impropiamente, como su ‘guardia de corps’. Y tienen, además, una misión sacrificial: la de chivos expiatorios cuando el jefe tiene que redimirse.

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