Rufián es detonante, pero donde pone el ojo pone la bala. Se está transformando. Parece más un líder de la izquierda radical que un republicano independentista. Y su propuesta tiene tralla: frente ‘plurinacional’
El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián. (Europa Press/Eduardo Parra)
La idea la ha lanzado el portavoz de ERC en el Congreso de los Diputados, Gabriel Rufián Romero. Ha sugerido que la llamada ‘izquierda plurinacional’ se una ante unas futuras elecciones en un frente que rescate de su debilidad al puzle de partidos que se sitúa en el flanco izquierdo del PSOE. Como ha escrito aquí Josep Martí Blanc no se sabe bien si Rufián juega al margen de su partido o tiene proyectos personales fuera del republicanismo catalán. Y aunque su iniciativa dispone de una lógica innegable y tiene mucha tralla política, no ha sido bien acogida en Barcelona.
Gabriel Rufián Romero es el insólito jefe de filas del grupo parlamentario de ERC cuyos otros miembros ostentan apellidos de linaje catalán indudable. Es decir, que son catalanes por ius soli y por ius sanguinis, por su lugar de nacimiento, pero también por ascendencia. Gabriel Rufián es catalán porque nació en Santa Coloma de Gramanet (1982) y por asimilación voluntaria: es hijo de migrantes andaluces y fue él quien decidió incorporarse a la plataforma Súmate de ERC. Es diputado en el Congreso desde 2016 y el portavoz de su grupo desde 2021. Es un referente de esos ‘otros catalanes’, una condición que definió y describió el valenciano Paco Candel cuyo centenario (1925-2007) ha pasado demasiado desapercibido.
Rufián creció políticamente a la sombra de Joan Tardá al que sucedió en la portavocía parlamentaria y ha contado, al menos hasta ahora, con el beneplácito de Oriol Junqueras. Pero él ha contraído méritos que le acreditan sin necesidad de credenciales ajenas. Es un tipo ingenioso, arrogante, desafiante y ocurrente. Además, atrevido. Sólo hay que leer la contra de El País del pasado viernes para comprobar que se atreve hasta con piezas literarias, aunque la suya parezca escrita por un adolescente. Su tuit en octubre de 2017, cuando Puigdemont dudaba en declarar la independencia de Cataluña o convocar elecciones para evitar la aplicación del artículo 155 de la Constitución, ha quedado para la historia, grande o pequeña: "155 monedas de plata", escribió en la red.
Se interpretó la frase como lo que parecía: el presidente de la Generalitat se comportaría como un Judas si no proclamaba la secesión. Luego, Rufián ha desmentido esa exégesis, lo cierto es que aquel post corrió como reguero de pólvora. Como otras muchas de sus sentenciosas frases proferidas tanto en la tribuna del Congreso como en canutazos y declaraciones. Rufián es detonante, pero donde pone el ojo pone la bala. Su desenvolvimiento político le está transformando. Parece más un líder de la izquierda radical que un republicano independentista. Su mirada dispone de un angular más amplio que el catalán. Y por eso ha esbozado la propuesta, muy incipiente, de que, ante el desplome de Sumar y la disidencia de Podemos, se unan los partidos de obediencia secesionista y nacionalista de izquierdas para obturar la hemorragia de los de Yolanda Díaz y demás grupúsculos en su órbita. Es una propuesta de estrategia conjunta de las izquierdas. Va más allá de Cataluña.
En Barcelona le han dicho que no. Y ninguna formación corresponsal de ERC en el País Vasco, en Galicia, incluso en la Comunidad Valenciana, parece haber acogido el criterio de Rufián con receptividad. Pero el portavoz ha tanteado con acierto lo que viene en la política española: las derechas en el poder tratarán de revertir en todo o en parte la etapa ‘progresista’ de Pedro Sánchez. Gabriel Rufián verbaliza la certeza de que las siglas de las izquierdas son débiles -incluida la del socialismo, el PSOE- y que la oferta electoral futura ha de ser rompedora: hay que ir a las urnas con el equipaje del frentismo.
No es nueva esta iniciativa. Haciendo historia: en 1935, las izquierdas españolas urdieron el Frente Popular que ganó las elecciones de febrero de 1936. A esa agrupación no se incorporó ERC, pero colaboró muy activamente formando en Cataluña y Comunidad Valenciana el Front d’Esquerres. En 1977 se registró un intentó de unir en un frente a todas las fuerzas nacionalistas catalanas, de izquierda, pero también con el propósito de que se uniese el partido de Pujol. La idea, sin embargó, fracasó.
A las izquierdas les cuadra con frecuencia ese tipo de uniones electorales, aunque son coyunturales. En las legislativas francesas de junio del pasado año, todas se unieron en el Nuevo Frente Popular que orquestó Melénchon para detener al lepenismo. Y aquí, observada la debilidad de Sánchez, del PSOE, de Díaz y la dispersión de otras formaciones territoriales, tendría sentido que la idea difusa de Rufián fuese el precipitante de un debate que ya germina en algunos círculos izquierdistas.
El ’frente plurinacional’ por el que aboga el republicano trata de activar una fórmula para mantener la implantación sanchista de un modelo territorial confederal. Supondría, claro es, una propuesta constituyente y exasperaría la polarización. Rufián, al cabo, se ha comportado quizá más como un líder de la izquierda radical que como un político de obediencia secesionista que detiene su iniciativa en el borde territorial de Cataluña.
El portavoz de ERC es un caso extraño. Incluso podría ser un tipo excesivo en su partido -a algunos ya se lo parece- y no es descartable en absoluto que esté adelantando un plan que, en los próximos meses, podría ir tomando forma: un frente popular de las izquierdas complementado en Cataluña y en otras comunidades con otro ‘plurinacional’. De fondo se produce la certeza de que las siglas en solitario del PSOE -sin Sánchez, pero sobre todo con él (lean The Economist) - se desplomarían.
El Partido Popular debe incluir esta variable, probable, del frente populismo izquierdista y del ‘plurinacional’ en su estrategia ante unos próximos comicios. Rufián podría ser el canario en la mina. El portavoz de ERC ha formalizado una idea que puede tomar vida propia en cualquier momento.
La idea la ha lanzado el portavoz de ERC en el Congreso de los Diputados, Gabriel Rufián Romero. Ha sugerido que la llamada ‘izquierda plurinacional’ se una ante unas futuras elecciones en un frente que rescate de su debilidad al puzle de partidos que se sitúa en el flanco izquierdo del PSOE. Como ha escrito aquí Josep Martí Blanc no se sabe bien si Rufián juega al margen de su partido o tiene proyectos personales fuera del republicanismo catalán. Y aunque su iniciativa dispone de una lógica innegable y tiene mucha tralla política, no ha sido bien acogida en Barcelona.