Es noticia
Prohibir el burka es antirracismo
  1. España
  2. Matacán
Javier Caraballo

Matacán

Por

Prohibir el burka es antirracismo

Es la opresión de las mujeres musulmanas lo que provoca rechazo e incertidumbre en nuestra sociedad, igual que ver a una mujer tapada con un velo en la playa o caminando por la acera

Foto: Una mujer con burka. (EFE/Archivo)
Una mujer con burka. (EFE/Archivo)
EC EXCLUSIVO

Poca gente se atreve a decir lo que Maruan Soto Antaki, un escritor y ensayista de padre mexicano y madre siria: "En el siglo VII del calendario de Occidente, el Corán fue un factor de unificación. Hoy, a la distancia, me atrevo a decir, con cierto dolor, que el islam ha sido lo peor que nos ha pasado a los árabes y a nuestro mundo". En la búsqueda de documentación sobre la nueva polémica del burka en España, a cualquiera le sorprenderá el contraste que existe: no existen casos como el citado.

Dentro del mundo islámico, las únicas protestas relevantes son las de aquellas mujeres que lo padecen, y se juegan la vida para librarse de ese yugo, mientras que en el mundo occidental, los principales defensores del burka son los políticos e intelectuales de izquierda y de extrema izquierda. Los musulmanes que viven en nuestras sociedades también suelen callar, como si se tratara de un tema tabú o porque ninguno de ellos quiere correr el riesgo de convertirse en un Salman Rushdie de su comunidad. De modo que, antes de comenzar a analizar nada, ya nos encontramos con un marco de debate muy significativo: en el mundo musulmán sólo se manifiestan en contra del burka algunas mujeres que lo padecen y en el mundo occidental sólo lo defienden aquellos que más dicen representar los derechos de las mujeres. La distancia que hay entre uno y otro es la misma que separa el miedo de la frivolidad; la represión de la veleidad y el cinismo.

Sólo unos seres tan extravagantes y desorientados como Patxi López y Yolanda Díaz, portavoces cualificados del Gobierno de coalición de Pedro Sánchez, son capaces de construir un discurso en el que ‘burka’ y ‘libertad’ vayan en la misma frase. De todas las formas que hay de eludir un pronunciamiento sobre este asunto, ellos eligen el más inconsistente y, por ello, el más lacerante. Podrían haber hecho como los nacionalistas vascos, por ejemplo, que para no mojarse han pedido la creación de una comisión parlamentaria, garantía absoluta de que el problema se pudrirá en los despachos. Ni eso…

La vicepresidenta Díaz sostiene que prohibir el burka va "en contra de la Constitución", en referencia al artículo 14 que protege "la libertad ideológica, religiosa y de culto". Cita ese artículo, pero se olvida de todos los demás que garantizan la dignidad de todos los ciudadanos, la igualdad entre hombres y mujeres, la persecución de toda clase de maltrato a la integridad física y moral de las personas. Por su parte, el portavoz socialista, Patxi López, que cada día confirma su brillante carrera de degeneración política, ha dejado una frase antológica. Defiende el burka porque, según dice, "para algunos o algunas, llevar el burka forma parte de esa expresión de la libertad religiosa".

Foto: burka-niqab-velo-islam-constitucion-1hms

Como todos sabemos que ningún hombre se coloca un burka, cuando el osado portavoz López habla de "algunos" debemos entender que se refiere, por ejemplo, a los hombres que obligan a sus mujeres a ponerse un burka en ejercicio de su libertad religiosa. Según ese razonamiento, también lapolicía de la moral’ iraní está velando por la libertad religiosa de las mujeres cuando las vigila con cámaras y drones para ver si alguna de ellas no lleva el ‘velo islámico correcto’, que es el que cubre la cara completamente.

En definitiva, que para enredarse en pamplinas y frivolidades, lo mejor para ellos es imitar a la ministra de Igualdad, Ana Redondo, que con una volea alta ha dicho que se trata de un "tema complejo y poliédrico", por lo que a ella no le da para opinar sobre la vulneración de los derechos de las mujeres. Sólo ha deslizado que este asunto esconde un propósito racista, contra el islam, y esto es, de todo este debate, lo más interesante.

Foto: pp-vox-sortean-rechazo-congreso-abren-via-prohibir-burka-ayuntamientos

¿Realmente podemos afirmar que la prohibición del burka es un símbolo de islamofobia? En absoluto, se trata justo de lo contrario: prohibir el burka es una medida de antirracismo. Cuando hablamos de inmigración, o cuando la extrema derecha de Vox se refiere al peligro que suponen los inmigrantes para nuestra sociedad y para nuestra forma de vida, nunca se refieren a los inmigrantes sudamericanos. Ni a los que proceden de Europa del Este o de países orientales, como China. Ni siquiera señalan a los inmigrantes del África subsahariana, aunque la negritud siempre les causa repulsa. Se refieren sólo a los inmigrantes magrebíes, en particular, e islámicos, en general.

Deberían decirlo claramente, porque se trata de una absoluta minoría, menos del diez por ciento, con lo que hablar de ellos y alertar de "una invasión" es del todo insostenible. No, no existe una invasión silenciosa y programada, pero sí es verdad que, entre nosotros, provoca angustia e incertidumbre y, por lo tanto, rechazo, tropezarse con una mujer con burka que camina por la acera o que está en la playa, completamente cubierta, mirando a sus hijos y a su marido en el agua, chapoteando entre las olas. Prohibir el burka en nuestras democracias occidentales es una medida que combate el racismo porque no es odio al extranjero lo que alimenta el discurso radical de la ultraderecha, sino el temor hacia aquellos que atentan contra los valores de la cultura judeocristiana de nuestra sociedad. Valores irrenunciables como la libertad, la igualdad, el respeto, la tolerancia.

Combatir el apoyo social creciente a esos partidos políticos populistas supone oír a la sociedad, intentar entender sus miedos, sus preocupaciones, y ofrecerles una certeza de principios inamovibles, de valores inalterables y la determinación férrea de que todos aquellos que se integren en nuestra sociedad van a respetarlo, sea cual sea su ideología, sea cual sea su religión. Que aquí cabemos todos, pero no cabe todo.

Foto: fiesta-burkini-completar-caos Opinión
TE PUEDE INTERESAR
Una fiesta del burkini para completar el caos
Javier Caraballo

Se equivoca la izquierda, profunda y lamentablemente, con la ceguera que arrastra en su análisis de la realidad, igual que muchos acomplejados del centro derecha. Es por ellos por lo que muchos ciudadanos apoyan a la extrema derecha, como Vox, que, al no distinguir, tienen un discurso racista y se comportan como racistas, aunque ellos no se llamen racistas.

Pese a todas las reservas que podamos tener sobre el islam, convengamos que nuestra batalla democrática no es contra las religiones, sino a favor de los derechos y libertades. Pese a las diferencias, pensemos que hay musulmanes como Maruan Soto Antaki, citado al principio, que nos dice a todos: "Los árabes no somos los imanes fanáticos, tampoco Hamás, Al Qaeda, ni el Estado Islámico de Irak y Siria, menos los burdos represores de derechos humanos que obligan el uso del burka, los matrimonios forzados y las guerras en nombre de Dios como si fuéramos cruzados. Los árabes no somos ellos, pero hay algo en el pensamiento de aquellos que decapitan y hablan de califatos que invade nuestra memoria".

Poca gente se atreve a decir lo que Maruan Soto Antaki, un escritor y ensayista de padre mexicano y madre siria: "En el siglo VII del calendario de Occidente, el Corán fue un factor de unificación. Hoy, a la distancia, me atrevo a decir, con cierto dolor, que el islam ha sido lo peor que nos ha pasado a los árabes y a nuestro mundo". En la búsqueda de documentación sobre la nueva polémica del burka en España, a cualquiera le sorprenderá el contraste que existe: no existen casos como el citado.

Religión Islam Racismo
El redactor recomienda