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La hora de exigir a Palestina (también)
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Javier Caraballo

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La hora de exigir a Palestina (también)

Ya que solo podemos aspirar a la coherencia, ya que nunca veremos el final del conflicto, es el momento de pedirle a los países árabes el reconocimiento de Israel con la misma convicción

Foto: El presidente de Estados Unidos, Donald Trump (d), estrecha la mano del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. (EFE/EPA/Pool/Jim Lo Scalzo)
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump (d), estrecha la mano del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. (EFE/EPA/Pool/Jim Lo Scalzo)
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La solución pactada para frenar la masacre de Gaza es una quimera que sólo nos demostrará el imposible histórico de encontrar la paz entre palestinos e israelíes en la Tierra Santa, que es el mayor cinismo religioso de la historia. No hay solución y, si existe, no la veremos nosotros. Por esa razón, debemos agarrarnos al pragmatismo de la coherencia y los principios, para no resbalar ni caer en lo más miserable de este conflicto en esta parte de Europa, que es la utilización de aquella barbarie como un revulsivo electoral. Todo reducido, jibarizado, a un lema que funciona en redes sociales y en los mítines. Demasiado vulgar como para caer en ese cieno.

Una vez que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha accedido a un plan de paz, forzado por Estados Unidos, lo importante es detenerse en los mínimos pasos que se contienen en el documento firmado para poder avanzar y abandonar la espiral en la que nos encontramos. Lo primero, lo fundamental, es el reconocimiento del otro. Esa declaración está, incluso, por delante del respeto que se dará por añadidura, como en la Biblia ("Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas las demás cosas se os darán por añadidura". Mateo 6:33). En el punto 19 del plan de paz firmado en la Casa Blanca se dice que, a medida que avance la reconstrucción de Gaza, se darán las condiciones para "la autodeterminación y la creación de un Estado palestino, lo que reconocemos como la aspiración del pueblo palestino". Simplemente, con que esas palabras las pronuncie, y las rubrique, un líder extremista como Netanyahu, que ha protagonizado una masacre que avergüenza a la Humanidad, ya es un avance significativo.

Ese reconocimiento de Israel del Estado palestino es lo que nos conduce, directamente, al segundo enunciado de esta polémica: de la misma forma que nuestras democracias occidentales se han volcado en las últimas semanas en el reconocimiento de Palestina y en el aislamiento internacional, o al menos social y cultural, de Israel, ahora se debe aprovechar este mínimo plazo de entendimiento para pedirle a los países árabes que procedan de la misma forma al reconocimiento del Estado de Israel. En la actualidad, casi un 20% de los países miembros de la ONU no reconocen el Estado de Israel, muchos de ellos musulmanes. Sólo seis Estados de fe islámica lo han reconocido formalmente, Egipto, Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Sudán y Marruecos. El resto, o sólo mantiene contactos diplomáticos, que ya es un avance, o directamente no lo reconocen como tal.

Es evidente que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días, ha sido un proceso lento pero expansivo, con intentos esperanzadores como los ‘Acuerdos de Abraham’, que fue el objetivo del atentado de octubre de 2023. El principal deseo del grupo terrorista Hamás cuando planificó y ejecutó aquella horrible matanza era, precisamente, evitar que nuevos países musulmanes se pudieran sumar a los Acuerdos de Abraham, que los reconciliaban con Israel. Algunos de los dirigentes terroristas han llegado, incluso, a reconocerlo abiertamente.

Foto: plan-paz-gaza-trump-netanyahu-1hms

Lo que no consiguieron los terroristas palestinos -al menos, no lo han logrado hasta ahora- es que la posterior respuesta israelí provocara un conflicto regional, o global, en el que se implicaran los países pertenecientes a la UMMA, la comunidad musulmana. ("La umma es un concepto teológico y político que cobra importancia cuando se produce un conflicto de intereses", según la definición de la Fundación de Cultura Islámica). Lo que hemos presenciado en los dos años transcurridos desde los atentados, y la posterior masacre ordenada por el Gobierno de Israel, es que muchos países musulmanes se han distanciado del conflicto, han evitado cualquier interferencia, y que otras potencias que podrían aprovecharlo en su beneficio, como Rusia o China, han mirado para otro lado.

A partir de la ofensiva social y diplomática de Occidente para condenar la salvajada asesina del Ejército israelí, numerosos países han reconocido el Estado de Palestina. Con el presidente del Gobierno de España a la cabeza, ese objetivo se ha cumplido plenamente. Ahora es el momento de demostrar, o de comprobar, que no se trata de una simple estrategia electoral, sino que la preocupación por la superación del conflicto es verdadera, Para ello, se impone una ofensiva igual para que la comunidad musulmana reconozca el derecho de Israel a existir como Estado junto a Palestina.

El pueblo judío no se debe confundir con el Gobierno asesino de Netanyahu de la misma forma que el pueblo palestino no es responsable de los atentados criminales de Hamás. Pero no podemos ignorar que en esos dos pueblos hay poderosos grupos radicalizados que lo que pretenden es el exterminio del otro. En ese caso, sí que se puede utilizar con todo rigor la palabra genocidio porque es un deseo manifiesto, abiertamente expresado. Por ejemplo, cuando se lee la Carta fundacional de Hamás, aprobada en agosto de 1988, y se encuentra en el artículo 13 su único objetivo, que sirve de respuesta anticipada al plan de paz de la Casa Blanca. Dice así: "Las iniciativas de las llamadas ‘soluciones pacíficas’ y las ‘conferencias internacionales’ para resolver el problema palestino contradicen el credo del Movimiento de Resistencia Islámico. Renunciar a una parte de Palestina es como renunciar a la propia religión".

Ni este plan de paz, ni el anterior, ni el que venga en los años sucesivos encontrarán en Hamás, que ganó las elecciones en Gaza por mayoría absoluta en 2006, será aceptado porque su único objetivo es el exterminio de Israel. No habrá solución, al menos debemos perder toda esperanza de que seamos testigos de la salida que pueda tener en el futuro, si cuando llegue es otro muy distinto al que conocemos y, sobre todo, al que hemos conocido. La única razonable aspiración que podemos tener es la coherencia con los principios y la equidad en el juicio. Con la misma fuerza que se ha exigido a los países aliados de Israel que reconozcan el Estado palestino, se debe pedir ahora el reconocimiento del Estado de Israel por parte de los países árabes. La hora de exigir a Palestina es esta. Para que cada cual quede en su sitio.

La solución pactada para frenar la masacre de Gaza es una quimera que sólo nos demostrará el imposible histórico de encontrar la paz entre palestinos e israelíes en la Tierra Santa, que es el mayor cinismo religioso de la historia. No hay solución y, si existe, no la veremos nosotros. Por esa razón, debemos agarrarnos al pragmatismo de la coherencia y los principios, para no resbalar ni caer en lo más miserable de este conflicto en esta parte de Europa, que es la utilización de aquella barbarie como un revulsivo electoral. Todo reducido, jibarizado, a un lema que funciona en redes sociales y en los mítines. Demasiado vulgar como para caer en ese cieno.

Conflicto árabe-israelí Palestina
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