Matacán
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El declive melancólico de Podemos
Nadie se sobrepone a un error tan colosal por el aura de simpleza, de vulgaridad, de chabacanería que se le queda a quien lo comete
El declive de Podemos debió comenzar el mismo día en el que un político paleto o un ridículo tertuliano remilgado se adueñó del alma de Pablo Iglesias y, en medio de una rueda de prensa, dijo aquello de “Podemos ha venido para quedarse”. Qué dolor de estómago… De todas las frases hechas, no puede haber otra peor que esa, “ha venido para quedarse”, que se le aplica a todo, ya sea una fuerza política o una nueva moda de vaqueros, una actriz de cine que presenta su primera película o la gamberrada viral de un grupo de jóvenes en las fiestas populares. “Ha venido para quedarse”… Nadie se sobrepone a un error tan colosal por el aura de simpleza, de vulgaridad, de chabacanería que se le queda a quien lo comete. Y eso es lo que le ha pasado a Pablo Iglesias, que ha confundido la ideología con la simpleza, la cercanía con la vulgaridad, la camaradería con lo chabacano.
Cuando pronunció aquella dichosa frase ya se podría haber apostado por el declive que habría de venir. Desde finales de 2014 hasta este principio de 2018, solo hay un lento e implacable deterioro de las perspectivas. Ya no son lo que eran ni nadie lo espera, tampoco ellos mismos; son una fuerza política más, el reflejo de una izquierda a la izquierda del PSOE que siempre ha existido. Tan lejos están de las expectativas que levantaron un día que ya solo se les puede mirar con melancolía, por lo que pudieron haber sido y no han sabido ser.
Opinión La melancolía en política, a ver, es una consecuencia, un estado sobrevenido; aparece cuando existe un mal mayor, pero perfectamente podría tratarse como patología porque la verdad es que altera el funcionamiento normal de las organizaciones y, sobre todo, de las decisiones que toman sus líderes. El problema fundamental de la melancolía política es que provoca empecinamiento, ceguera y un proceder 'murphyano': cuanto más fáciles sean las respuestas, más se persistirá en el error. Establezcamos esas dos fechas de antes como referencia, noviembre de 2014 y febrero de 2018. Hace cuatro años, cuando se hizo público el sondeo de otoño del Centro de Investigaciones Sociológicas, Podemos, que tan solo contaba con ocho meses de vida como organización, apareció como primera fuerza política en intención de voto directo, muy por encima de lo que obtenían el resto de partidos.
Pero el CIS no fue el único, en aquellos meses de finales de 2014 otras grandes empresas demoscópicas de España, como Sigma 2 o Metroscopia, situaban a Podemos también como primera fuerza política; podía ganar las elecciones con un 27% de los votos. Donde no había diferencia entre las distintas prospecciones era en la valoración de Pablo Iglesias: en todas aparecía como el político español más valorado. De ese tope máximo de expectativas nunca cumplidas, Podemos ha llegado a este último sondeo del CIS que ha celebrado como una victoria porque crece medio punto sobre el anterior (19% de apoyo), aunque sigue siendo la cuarta fuerza política. Pablo Iglesias es ahora el político peor valorado de España, incluso por debajo de Rajoy, algo que han conseguido muy pocos dirigentes en todos estos años de Gobierno del Partido Popular. Aun así, al verse vivos, los de Podemos respiraron satisfechos: “Hay Pablo Iglesias para rato”, dijeron.
Eso es lo que le ha pasado a Pablo Iglesias, que ha confundido la ideología con la simpleza, la cercanía con la vulgaridad, la camaradería con lo chabacano
Suelen decir los dirigentes políticos que las encuestas son 'fotos fijas' de la sociedad, y luego añaden la evidencia aún mayor de que “la única encuesta válida es la del día de las elecciones”. Pues siguiendo esos parámetros de obviedad, lo que se reafirma cada día que pasa es que Podemos ha supuesto en el panorama político español un fenómeno único de conexión y de desconexión con la sociedad; tal como llegaron se están yendo. Supieron conectar mejor que nadie con la sociedad cuando peor lo estaba pasando la sociedad española y por eso subieron como la espuma, porque Pablo Iglesias se convirtió para una gran parte de la sociedad española en una esperanza de cambio, en un desahogo frente al hastío, en una referencia de transformación y de mejora. Pero nada de eso se cumplió, una decepción para cada problema. Analicemos tres de esos errores garrafales de Podemos que han provocado la espantada.
Primer error: la crisis económica. El absurdo empecinamiento de Podemos en defensa de Venezuela es el ejemplo más claro del desnorte en las propuestas que se hacen: ¿quién en España, empezando por los trabajadores, por los mileuristas, que sus problemas actuales son llegar a fin de mes, va a soñar con el desabastecimiento y el reparto de la miseria como ideal político? El primer asesor económico de Podemos, Juan Torres, lo decía hace poco en una entrevista en 'El Independiente', “No han llegado nunca a hacer un planteamiento económico de amplia mayoría, sino que se han radicalizado verbalmente en una posición ideológica que cualquier persona sensata sabe que en España no tiene apoyo social suficiente como para permitir que quien la mantiene pueda cambiar las cosas”. Tan claro es el error que la tozudez solo aumenta las alarmas, porque demuestra que la radicalidad ideológica es lo único que no se cuestiona en Podemos. Como añade Juan Torres, “Podemos está queriendo salir del hoyo tirándose de los pelos, y lo que hace es enterrarse cada vez más”.
Segundo error: la crisis de la izquierda. En 40 años de democracia, solo Podemos ha tenido al alcance de su mano el sorpaso real en la izquierda, en un momento de crisis severa del PSOE como nunca antes en democracia. El término de 'sorpaso' comenzó a utilizarse con la potente Izquierda Unida de Julio Anguita, pero la posibilidad real de superar al PSOE en las urnas solo la ha conseguido, y frustrado, Podemos. Y no lo ha hecho porque, en vez de moderar y ampliar su base electoral, decidió que la fórmula adecuada era radicalizar el discurso; en ese instante se produjo la primera ruptura interna con Íñigo Errejón. De forma paralela, Podemos nunca ha sabido manejar bien la posibilidad real de cambio que se les ofreció con un Gobierno de coalición presidido por Pedro Sánchez. Tan mal gestionó Podemos aquella crisis, con argumentos tan erráticos en ocasiones, que ha acabado facilitando a los socialistas un potente argumento de crítica cada vez que en la izquierda se censura a Rajoy o a su Gobierno.
Tercer error: la crisis de Cataluña. Este ha sido, con diferencia, el error más grave, el que más les ha afectado. Ya lo advirtió en su día Carolina Bescansa y lo que hicieron fue excluirla, como a Errejón antes. La identificación con el interés del independentismo catalán es el exponente máximo de cómo se ha alejado Podemos de sus raíces, de aquello que le hizo conectar como nadie antes con una gran parte de la sociedad española. El más acérrimo de los antimonárquicos, el más fervoroso de los republicanos, hubiera entendido que en la gravísima crisis de octubre, tras la proclamación de la independencia de la república de Cataluña, el objetivo a batir no era el rey Felipe sino aquellos que se saltaban la ley, vulneraban la Constitución y amenazaban con la convivencia. Pero no. En Podemos ni lo entendieron entonces ni lo entienden ahora; de hecho, lo que ha decidido Pablo Iglesias es que lo mejor es no hablar de Cataluña, con lo cual se vuelve a equivocar porque no rectifica, sino que se esconde. Aunque igual es que piensa que el problema de Cataluña ha llegado para quedarse.
El declive de Podemos debió comenzar el mismo día en el que un político paleto o un ridículo tertuliano remilgado se adueñó del alma de Pablo Iglesias y, en medio de una rueda de prensa, dijo aquello de “Podemos ha venido para quedarse”. Qué dolor de estómago… De todas las frases hechas, no puede haber otra peor que esa, “ha venido para quedarse”, que se le aplica a todo, ya sea una fuerza política o una nueva moda de vaqueros, una actriz de cine que presenta su primera película o la gamberrada viral de un grupo de jóvenes en las fiestas populares. “Ha venido para quedarse”… Nadie se sobrepone a un error tan colosal por el aura de simpleza, de vulgaridad, de chabacanería que se le queda a quien lo comete. Y eso es lo que le ha pasado a Pablo Iglesias, que ha confundido la ideología con la simpleza, la cercanía con la vulgaridad, la camaradería con lo chabacano.