Es noticia
Morante anuncia su regreso: lo que no puede ser, no puede ser
  1. España
  2. Madrid
Juan José Cercadillo

Miredondemire

Por

Morante anuncia su regreso: lo que no puede ser, no puede ser

La inesperada reaparición de Morante en La Maestranza rompe el vacío del toreo, reaviva la afición y promete una temporada de emoción y leyenda desde el Domingo de Resurrección

Foto: Morante, saliendo a hombros de Las Ventas en la Feria de Otoño. (Efe)
Morante, saliendo a hombros de Las Ventas en la Feria de Otoño. (Efe)
EC EXCLUSIVO

"Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible". Si lo dijo Guerrita, qué mejor expresión para citar en estos tiempos de guerra, de guerrillas. Un axioma posmoderno, una sentencia taurina, un aforismo eterno de un torero intemporal que define nuestra era, nuestra conformidad. Por si el citado aún no gozara de su plena admiración, siendo torero y personaje de época, atribuyámosle su otra memorable sentencia: "Hay gente pa tó". La combinación es de orden bíblico, resumen de mandamiento, evangelio del conformismo, epístola de la aclaración.

Le contaban que fulanito quería ser Gobernador Civil. "Hay gente pa tó" espetó. Me apropié el análisis hace tiempo para explicarme la vocación política de muchos de nuestros representantes. Sobre todo, en estos tiempos de tempestades, de titulares, de persecuciones mediáticas, de lupas más que gigantes que dejan en evidencia tantas debilidades. Y aplico lo de que "lo que no puede ser, no puede ser", vistos de forma diaria los resultados mediocres que obtiene la gente seleccionada -tanta gente- que hay para nada, pero también "para tó".

Pero hoy no me vino a la mente la genial conjunción filosófica de D. Rafael Guerra, con más de un siglo de vigencia, para sobrevivir a la lectura de titulares sobre imperialismo, imposturas, malas contrataciones, materiales y empresas de reputaciones dudosas o demasiado evidentes. Hoy me vino esto a la cabeza pensando en la reaparición de Morante.

Porque no podía ser su ausencia. Y lo que no puede ser… Ese vacío era imposible. Y existe una ley en la naturaleza que ya formuló Aristóteles: Horror vacui. El mundo tiene terror al vacío, no lo tolera. Todo tiende a rellenarse. El viento corre por eso, el agua busca los huecos, las plantas colonizan, los animales ocupan, los seres humanos invaden cualquier espacio que les resulte despoblado, próxima estación: Groenlandia, sin ir más lejos.

Foto: morante-on-tour-vii

El vacío en el toreo que nos dejaba Morante requería de una épica que no se encuentra al alcance de un escalafón en tránsito, de esta juventud torera, que lo hará, pero que necesita tiempo para que cumpla todo lo bueno que promete. En esa extraña circunstancia de un vacío irreemplazable solo había una salida: no permitirse el hueco, no facilitar la vacante. Y la sabia Naturaleza urde su plan inmejorable de ponerle enfrente a un retirado Morante, un recién llegado empresario de La Maestranza, su plaza. De la que no se despidió. Y lo que no puede ser…

Un invierno saboreando la cúspide de su retirada, observando la cuesta abajo que le permitía su legado, vida solucionada, mente en vías de arreglo, calma, Portugal y casa. Un suspiro de descanso. Una luz de gas, la retirada, con muchas más luces que sombras. Un invierno breve que se le ha hecho eterno. Nostalgia de anteayer, recuerdos demasiado frescos. Sólo sus trajes de luces le alumbran la oscuridad de vestirse de paisano. Solo el toro es más realidad que la inventada en su laberinto de psicosis. Mejor la bipolaridad del todo o nada. Del toro o nada a mejor prescribir. Muerte o vida, vale más que morirse en vida. Mejor la presión del público que la depresión de no verse rodeado de tendidos abarrotados, de entendidos arrebolados de gritarle sus grandezas...

Foto: morante-puebla-retiro-ventas-1hms
TE PUEDE INTERESAR
Genio y Figura
Juan José Cercadillo

Sea la razón que sea Morante ya está de vuelta. Y me da igual no saber por qué. Ni por qué se fue para volver. Ni por qué volverá a irse sin avisar otra vez. Lo cierto, e inevitable, es que aquel paseo al centro de su universo, donde se quitó la coleta, continúa como si nada en la puerta de cuadrillas del coso de La Maestranza a las primeras de feria. En Madrid nos hizo llorar a todos, asomarnos al vacío, y a punto de caer estábamos que se convence a sí mismo de que con esas dos alas, sus muñecas, vuelve a levantar el vuelo de su tauromaquia eterna. Y nos eleva a nosotros el ánimo para sostenerla. Y acompañarle a donde vaya para acopiar los recuerdos que engrandezcan su leyenda. Para contarle a los nietos lo que era el de La Puebla. Empezamos en Sevilla. Domingo de Resurrección. Y apenas a los tres días, nuestra afición resucita con la fe de ver su definitiva ascensión a los cielos del toreo para contarla también los próximos dos mil años.

Sin desmerecer a nadie, sin sublimar los recuerdos, su vuelta la justifico, se la merece y la aplaudo. Hay gente pa tó, incluso para volver aún sin irse, pero muy poca sería capaz de hacerse entender tan bien, sin decir una palabra, como lo ha hecho Morante. Y si alguien no lo entiende, pues mucho peor para él.

"Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible". Si lo dijo Guerrita, qué mejor expresión para citar en estos tiempos de guerra, de guerrillas. Un axioma posmoderno, una sentencia taurina, un aforismo eterno de un torero intemporal que define nuestra era, nuestra conformidad. Por si el citado aún no gozara de su plena admiración, siendo torero y personaje de época, atribuyámosle su otra memorable sentencia: "Hay gente pa tó". La combinación es de orden bíblico, resumen de mandamiento, evangelio del conformismo, epístola de la aclaración.

Sevilla Tauromaquia