Es noticia
Autónomos, autómatas y dependientes
  1. España
  2. Madrid
Juan José Cercadillo

Miredondemire

Por

Autónomos, autómatas y dependientes

En la sociedad conviven quienes impulsan el cambio y quienes lo frenan, una división presente en todos los ámbitos y que amenaza especialmente a quienes arriesgan por cuenta propia

Foto: Imagen de archivo de un examen de oposición. (Europa Press/Gustavo Valiente)
Imagen de archivo de un examen de oposición. (Europa Press/Gustavo Valiente)
EC EXCLUSIVO

Emprender o reprender. Proponer o denegar. Inventar o legislar. Aportar o distraer. Actuar o vigilar… En una sociedad tan compleja, nos parecerá mentira, todo se puede resumir en un par de camisetas. Ni una más por mucho que nos empeñemos. Da igual adonde mires: hay quien da y quien recibe. Hay quien ofrece y quien recoge. Hay quien avanza y quien frena. Esta sociedad bipolar tiene esta característica igual en horizontal que en vertical. Encuentras de ambos en similar proporción entre ricos y pobres que entre formados y brutos. Puedes encontrarte en oficios miserables gente espléndida, entregada, aportante, que salta sobre los problemas y trata de ir adelante. Y los hay instalados en la protesta, en la evaluación de los otros, en esa queja sistémica que le alza algún peldaño para que su mirada le quede muy por encima del hombro para juzgar al contrario. Sirve igual para los de vida extremadamente acomodada y favorecida. Te encuentras por igual el que desata que el que anuda en la universidad y en la obra, en el despacho más lujoso y en la más humilde portería.

Los del "no es así" seguido siempre del "así tampoco" se evitan dos problemas. El esfuerzo de la ejecución y el riesgo del fracaso. Es un perfil muy latino, ladino valga el calambur y la referencia a nuestra mezcla histórica. Esos árbitros de todo, esos jueces de instrucción, esos dioses de taberna regalando su perdón me superan y me enfadan. Y da lo mismo, insisto, en qué altura de la pirámide laboral o social te fijes. No es una cuestión de formación, ni de dinero, ni siquiera de educación. Parece un mandato físico, natural o biológico que distingue a dos especies. Podría mejorar a estas alturas la ciencia de la taxonomía y añadir al Homo sapiens una nueva subespecie.

Del genérico sapiens sapiens pasaríamos al Homo sapiens donator y al Homo sapiens captator. O, me gusta más, el Homo sapiens Generans -el que genera, multiplica, deja huella…- en perfecta oposición al Homo sapiens exhauriens -el que agota, succiona o consume de lo ajeno-. Porque existir existen, no creo que nadie a estas alturas lo niegue. Aunque queden más a la vista los exhauriens a ojos de los generans que viceversa.

Foto: incongruencia-coherencia-educacion-publica-1hms Opinión
TE PUEDE INTERESAR
Incongruencias
Juan José Cercadillo

Normal, no es lo mismo perseguir a que te persigan. Se me ocurren mil ejemplos. Quizá con una prueba genética atestiguaríamos científicamente la diferencia entre los voluntarios que dejan su vida discretamente ayudando a la población desplazada, en guerra, sojuzgada o víctima de hambrunas, hombro con hombro con los desfavorecidos, sin reclamar atención ni alaracas, de aquellos que viajan en barco para no llegar a ningún sitio, compartiendo foto por minuto para alimentar su ego, sin aportar ni un ápice de bienestar o consuelo a los desfavorecidos, pero pasándose el día diciendo exactamente como tiene que hacer, para ayudar, el resto.

El Homo Sapiens generans nace, pero luego se hace. Necesita una mente abierta, una visión periférica, un talento de partida. Pero ser generans se entrena. Se practica en el colegio siendo bien aconsejado de profesores honrados que te acompañan en la labor de detectar las oportunidades para ayudar y asumir el compromiso de intentar llevarlo a cabo. Pensar en los demás, al fin y al cabo. Te sale de dentro, pero ese gen para desarrollar y mejorar, requiere de varios espejos. En casa, en tu círculo de amigos, en tus primeros trabajos. Y requiere sobre todo de alejarte de la maquinaria perversa que tan empeñada parece en hacer, sobre todo últimamente, de todos perfectos exhauriens domesticados.

La mejor versión del que multiplica y aporta me parece la del emprendedor. Dentro de su categoría me parece que es siempre el que más arriesga, por eso le doy más valor. En nuestra estructura económica a los que abordan sus primeros pasos, camino del éxito de beneficiar más por mucho que sus ideas o talentos les beneficien a ellos, les llamamos ahora autónomos. El Homo generans solitarius. Esos que se la juegan incapaces de someterse a férreas estructuras corporativas, pero dispuestos a consagrar sus horas a sobrevivir primero y a prosperar después, si les dejan.

Foto: morante-antoinete-curro-vazquez-tauromaquia-1hms Opinión
TE PUEDE INTERESAR
Pase lo que pase
Juan José Cercadillo

Si les dejan. Porque su acoso y derribo está de moda. Porque los exhauriens, aun sin saberlo, son antropófagos. Son capaces sin problema de comerse la mano que les da de comer y están llevando a la extinción a los que tiramos del carro. Primero con la educación. El setenta por ciento de los jóvenes declara su vocación funcionaria. Su acomodamiento, su conformidad con el miserable trueque del poco esfuerzo por pienso suficiente en el pesebre. Después con el laberinto legislativo, con el entramado de trampas en las que caer y de las que te dejan salir pagando… para que vuelvas a caer. Inspecciones, multas, revisiones, pruebas, acreditaciones que se convierten a su vez en un monstruo recaudatorio. Y el diezmo obligatorio y coactivo que hoy puede llegar a unos porcentajes que es mejor no contar del todo por no volverte un delincuente.

Anuncian nuevas redadas, nuevos pagos de los autónomos. Tan ciegos no pueden estar esos autómatas en su delirio recaudatorio, por muy dependientes que se sientan de lo que tomen de otros, podrían aflojar un poco. Más les vale o cuando empiecen a faltar de verdad los que producen, tendrán que empezar a comerse unos a otros.

Emprender o reprender. Proponer o denegar. Inventar o legislar. Aportar o distraer. Actuar o vigilar… En una sociedad tan compleja, nos parecerá mentira, todo se puede resumir en un par de camisetas. Ni una más por mucho que nos empeñemos. Da igual adonde mires: hay quien da y quien recibe. Hay quien ofrece y quien recoge. Hay quien avanza y quien frena. Esta sociedad bipolar tiene esta característica igual en horizontal que en vertical. Encuentras de ambos en similar proporción entre ricos y pobres que entre formados y brutos. Puedes encontrarte en oficios miserables gente espléndida, entregada, aportante, que salta sobre los problemas y trata de ir adelante. Y los hay instalados en la protesta, en la evaluación de los otros, en esa queja sistémica que le alza algún peldaño para que su mirada le quede muy por encima del hombro para juzgar al contrario. Sirve igual para los de vida extremadamente acomodada y favorecida. Te encuentras por igual el que desata que el que anuda en la universidad y en la obra, en el despacho más lujoso y en la más humilde portería.

Trabajo Impuestos Educación