Miredondemire
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Pequeñeces
Destacan los titulares la presencia de personas de talla baja para entretener precisamente a algunos titulares del Barça que acudieron a su cumpleaños. Puede que le denuncien, lo que tampoco me parece razonable
No sé si se puede decir enano mental. Estas pequeñeces te pueden costar caro. Reduzcámoslo, sin faltar al respeto a los afectados, a acondroplásico intelectual. Me refiero al padre de Lamine Yamal, no al pobre crío. Minutos antes de cumplir los dieciocho es total responsabilidad del progenitor la calamidad de fiesta que protagonizaron. Destacan los titulares la presencia de personas de talla baja para entretener precisamente a algunos titulares del Barça que acudieron a su cumpleaños. Puede que le denuncien, lo que tampoco me parece razonable. Entre el mal gusto y el delito debería haber un trecho. El mismo que hubo para que no le denunciáramos ninguno por recoger la medalla de la Eurocopa con varias gafas de sol en la cara y la cabeza de manos del Rey de España.
Apuntaban maneras padre e hijo. Un cerebro de liliputiense gestionando tamaño éxito, ¿qué podría salir mal? Saber mover los pies con precisión no garantiza habilidades añadidas. El mundo del fútbol siempre lo demostró. Pero esta familia va camino de romper todas las escalas de la educación, la falta de clase y el horterismo. Habrá gente que lo justifique con la previa falta de recursos o la influencia de un barrio conflictivo. Incluso quien lo entienda como una merecida venganza al sistema que amenazaba con marginarles. No compro ni una ni otra. Gente de toda condición y recursos resulta con clase o sin ella. Niños pobres son señores y señores ricos, niñatos. La consciencia de uno mismo y la de los que te rodean son innatas, heredadas o cedidas desde el momento mismo que se inicia nuestra existencia, siendo ese el momento que sea.
Me enfada su cumpleaños no por él o su familia. Los intuía perdidos para el ejemplo desde el primer día que les vi en una entrevista. Me enfada lo que suponen y representan. Y la tendencia que marcan. Chicas de compañía pagadas para acudir a tu fiesta. Una cosa es invitarlas, otra que te pasen la cuenta. Me haría más triste la factura que su ausencia. Si encima tienes dieciocho, ni una gotilla de grasa, tu descomunal sueldo es público, tu relevancia mediática infinita, pagar para que te acompañen es de pigmeo cerebral. Porque la inmensa mayoría de ese tipo de chicas irían gratis y porque, además y sobre todo, el mundo se va a enterar a velocidad de reel de Instagram.
En la cúspide evolutiva están este tipo de personajes. Y no es irónico, es verdad. Evolucionamos hacia lo zafio, lo irrespetuoso, lo banal, lo consumista. Los pongo en la cúspide porque hoy los futbolistas son los perfiles de referencia para las nuevas generaciones. Emular sus desatinos es más de burros que de mulas y hay mucho burro con perfil propio en ese inmenso prado con pasto que son las redes sociales. Las mulas al menos tienen la decencia de ser estériles. Los burros hoy se reproducen a golpe de like y se alimentan y crecen con el número de seguidores.
El dress code era de mafia, la tarta una especie de misil, me ha parecido. El trap, el alma de la fiesta. El oro, el hilo conductor de la vestimenta… El contraste lo daba la abuela con su hiyab en la foto de familia. La tradición religiosa y la tradición de perder el norte por un triunfo prematuro posaron con desparpajo. La sonrisa del chaval y la cara de circunstancias de la abuela resultaba, más que una foto, un verdadero cuadro. Igual de anacrónicas sus vestimentas entre sí que disfuncionales sus relaciones. ¿Qué pensará una musulmana de bien de las costumbres de su nieto? Su cara decía mucho, desde luego.
Entra en el estereotipo que todo le importe una mierda. Incluidas las opiniones de su abuela. He visto una foto suya en la que logra, ni sé cómo estando sentado, que se vea más calzoncillo que pantalón, a la que le han dado "me gusta" cuatro millones de pollinos y jumentos. Se ve bien lo de Calvin Klein por lo que deduzco sustancioso acuerdo comercial. Sobre todo porque la siguiente publicidad de Amazon me proponía el paquete oferta de seis unidades. Si cobra por lo que vende, ¿cómo le va a importar lo que digamos de él? ¿Cómo le van a afectar las razonables preocupaciones de unos padres viendo la cara de admiración de sus preadolescentes hijos con los braquets y las trenzas de colores de este chico? Calzoncillos y demás enseres con los que generar deseos siempre formaron parte del juego capitalista. Rentabilizar los iconos es de primero de marketing. Decir que el collar que le regalaron valía setecientos mil euros es lo que ahora parece que da el estatus de admirable cuando estás fuera de un campo de juego.
Pero se están cruzando líneas rojas peligrosas. Los escándalos sexuales vinculados a futbolistas responden a un patrón de comportamiento inducido, no a una tendencia personal enfermiza. Que piensen los chavales que, ya que puedes, pagar por acompañantes o imitar extravagancias sacadas de las películas es lo cool o lo divertido para mí no tiene gracia. Y no me parece que sean pequeñeces como para no considerarlas. Son millones los que se fijan y, siendo cierto que este chico no pidió tener esa responsabilidad, tampoco es lícito que la niegue. En sus sueldos lleva implícitos ciertos compromisos morales, ciertos esfuerzos de ejemplaridad y decencia a los que no se puede negar. Nadie le pide ser Gandhi, pero no puede seguir siendo ese Lamine Yamal.
No sé si se puede decir enano mental. Estas pequeñeces te pueden costar caro. Reduzcámoslo, sin faltar al respeto a los afectados, a acondroplásico intelectual. Me refiero al padre de Lamine Yamal, no al pobre crío. Minutos antes de cumplir los dieciocho es total responsabilidad del progenitor la calamidad de fiesta que protagonizaron. Destacan los titulares la presencia de personas de talla baja para entretener precisamente a algunos titulares del Barça que acudieron a su cumpleaños. Puede que le denuncien, lo que tampoco me parece razonable. Entre el mal gusto y el delito debería haber un trecho. El mismo que hubo para que no le denunciáramos ninguno por recoger la medalla de la Eurocopa con varias gafas de sol en la cara y la cabeza de manos del Rey de España.