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Prepárate para vivir en un Madrid de edificios de madera que se desmontan y se reciclan
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Miguel Díaz Martín

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Prepárate para vivir en un Madrid de edificios de madera que se desmontan y se reciclan

Madrid ya fue una ciudad de madera, pero casi nadie lo recuerda. La construcción industrializada ha recuperado ese material y está levantando una nueva metrópoli sostenible de edificios desmontables que combinan tradición y tecnología

Foto: Edificio del nuevo campus estudiantil de la Politécnica de Madrid. (UPM)
Edificio del nuevo campus estudiantil de la Politécnica de Madrid. (UPM)

Madrid es, en buena parte, una ciudad hecha de madera. No lo percibimos a simple vista porque las fachadas monumentales, los muros de cristal y las pantallas gigantes la mantienen oculta. Pero créeme si te digo que centenares de inmuebles del casco histórico y del primer ensanche esconden vigas, entramados y cubiertas de pino. La madera fue el material dominante durante siglos. Ahora, la tecnología lo ha devuelto a su lugar para levantar cualquier tipo de edificio de forma más sostenible y en tiempo récord.

Si crees que no vivirás lo suficiente para pasear por un Madrid lleno de construcciones de madera o para tener tu propio piso hecho a base de forjados y traviesas de conífera, voy a sacarte de tu error.

La mayor parte de los caserones castizos del siglo XVI en adelante se hicieron en madera o con sistemas mixtos, como relata en sus numerosos estudios el doctor en Historia de la Arquitectura Carlos Sambricio. Las casas se hacían básicamente con muros de piedra sumados a estructuras interiores de origen natural. Vigas, cubiertas, escaleras y galerías eran casi siempre de pino, lo que encaja con las tipologías del Madrid de los Austrias, las corralas y casas de vecinos del sur, los primeros edificios de Argüelles o Malasaña y hasta los posteriores palacetes del Paseo de la Castellana. Así pues, la imagen de la capital como una urbe maciza y pétrea es una ilusión superficial: durante siglos, Madrid fue una ciudad verde por dentro.

placeholder Interior del Real Taller de Aserrío Mecánico de Valsaín. (Parques Nacionales)
Interior del Real Taller de Aserrío Mecánico de Valsaín. (Parques Nacionales)

Pero, si la ciudad estaba hecha de madera, ¿de dónde procedía esta? La respuesta es que “de la sierra”, ese nombre genérico que los madrileños damos a todo lo que se eleva desde El Tiemblo —ya en Ávila— hasta los límites de Somosierra. La realidad es que venía de pinares localizados en todo el Guadarrama, con especial mención a los montes de Valsaín, por los que ahora vamos a caminar.

Una Gran Vía de madera

Los valles de Valsaín siempre han estado entre los principales proveedores forestales de lo que hoy llamamos Madrid. De hecho, el Archivo General de Simancas guarda documentos sobre su aprovechamiento al menos desde 1495. ¿Y qué tenía su afamado pino silvestre? La rectitud y resistencia ideales para componer vigas y elementos estructurales.

El rey Carlos III lo vio claro e integró Valsaín en el patrimonio de la Corona en el siglo XVIII. De esta forma, se aseguraba un suministro continuo para las grandes obras reales. No tardarían en fundarse en estos montes las factorías del Real Aserradero y el Aserradero de Cabeza de Hierro, que incorporaron máquinas de vapor para un mayor rendimiento.

Así pues, Madrid no solo utilizaba la madera: es que dependía de ella para desarrollarse. Esta se bajaba de la sierra en carretas hasta depósitos urbanos como el de la actual calle de la Madera, donde existían numerosos almacenes. Carlos Osorio, uno de los grandes cronistas y guías castizos, enumera en su Madrid olvidado la cantidad de sucursales y talleres que proliferaron en la zona centro hasta la era moderna.

placeholder Forjado de madera en un edificio del Paseo de la Castellana en Madrid. (Cedida)
Forjado de madera en un edificio del Paseo de la Castellana en Madrid. (Cedida)

Tan importante fue para la expansión de la capital que incluso llegó a plantearse la pavimentación con tablones de la futura Gran Vía, que después sería inaugurada por Alfonso XIII. Así lo propuso el arquitecto y urbanista Carlos Velasco, que apostó por copiar aquellos modelos europeos y norteamericanos de calles con superficies más silenciosas, limpias y confortables para el paso de carruajes que el ruidoso adoquín. La idea de Velasco nunca se ejecutó, pero revela hasta qué punto el pino serrano formaba parte del imaginario técnico y urbano de la época.

Cómo reciclar 700 viviendas

La llegada del hormigón y las aleaciones relegó la madera a la categoría de elemento auxiliar. El centro histórico siguió en pie, demostrando su fortaleza, mientras Madrid crecía a lo alto y a lo ancho como si el uso masivo del cemento, del acero o del aluminio no tuviese consecuencias. ¿Por qué ha regresado entonces la madera? Muy fácil: porque ahora la tecnología nos permite ser mucho más eficaces en su uso y porque el cambio climático nos obliga a reducir las brutales emisiones de CO2 que implican los materiales con los que hacemos nuestros edificios.

El cambio no es una cosa del futuro, sino que ya está en marcha. Y lo vas a comprobar a poco que prestes atención. La Empresa Municipal de la Vivienda, por ejemplo, está levantando 700 viviendas asequibles con estructura de madera. La Universidad Politécnica progresa con su nuevo Campus Sur, que albergará una residencia de madera con más de 300 habitaciones. Distritos como Villaverde, Arganzuela, Vallecas, Tetuán o Barajas verán elevarse paneles y muros de madera en promociones públicas y privadas muy pronto. Y hasta Pozuelo, uno de los municipios más ricos, tiene ya edificios de alto standing construidos con este método.

placeholder Edificio ejecutado con sistema de estructura ligera de madera. (Cedida)
Edificio ejecutado con sistema de estructura ligera de madera. (Cedida)

Madrid no es una isla en lo que a la madera se refiere. Navarra, por ejemplo, ha levantado su residencial público de madera de mayor tamaño hasta el momento en Mutilva. Cataluña tiene en la nueva residencia de mayores de Lloret de Mar el equipamiento público más grande hecho con estructura ligera de madera en España. Y Valencia y Andalucía se preparan para adoptar soluciones similares.

Si opinas que todo esto es marketing verde, moda o simplemente nostalgia, estás muy equivocado. La ciudad del presente, el Madrid de la nueva era, ya no se construye: se fabrica. Nace en factorías especializadas —lo que llamamos industrialización—, se transporta por partes como paquetes de IKEA y se instala mucho más rápido —en cuestión de días— como un juego de Lego donde sea necesario.

Otra ventaja es que los bosques que nos surten de materia prima se cultivan de manera sostenible, como quien cuida un jardín o administra un campo agrícola, lo que permite aprovecharlos y conservarlos indefinidamente. Por si fuera poco, la madera es perfectamente reutilizable una vez que el ciclo de vida del edificio se agote. En definitiva, en el Madrid que estamos levantando podremos desmontar y reciclar los edificios a un coste económico y ambiental mucho menor que el actual.

placeholder Panorámica de los montes de Valsaín. (Parques Nacionales)
Panorámica de los montes de Valsaín. (Parques Nacionales)

Las grandes construcciones de madera (pisos, oficinas, residencias, polideportivos, centros culturales) que ya asoman y que hoy tanto nos sorprenden dejarán de llamar la atención muy pronto. En menos de una década, lo normal será pasear por las calles, asomarse a las obras y ver columnas y fachadas de madera por doquier que ya nos dan unas prestaciones de confort y seguridad indistinguibles de los edificios tradicionales. Madera, insisto, que volverá al mercado para reaprovecharse en otras estructuras, en tableros reciclados, en acabados, mobiliario, instalaciones artístico-decorativas o incluso como biomasa para la generación de energía.

Durante siglos, la sierra de Madrid sostuvo el crecimiento de la capital, definiendo su arquitectura doméstica. Ese ADN urbano ha evolucionado y lo que antes eran vigas serradas en Valsaín son hoy paneles estructurales de precisión milimétrica fabricados en entornos controlados y ensamblados en obra en cuestión de días. Madrid ya fue una ciudad de madera, aunque sus habitantes lo hayan olvidado. En el siglo XXI, vuelve a serlo. La diferencia es que, esta vez, la madera no se esconderá bajo las fachadas: será visible, calculada y plenamente integrada en la trama urbana. Así recuperaremos una capa más de la historia de la ciudad, una textura orgánica de eficacia y confort natural que no teníamos por qué perder.

Madrid es, en buena parte, una ciudad hecha de madera. No lo percibimos a simple vista porque las fachadas monumentales, los muros de cristal y las pantallas gigantes la mantienen oculta. Pero créeme si te digo que centenares de inmuebles del casco histórico y del primer ensanche esconden vigas, entramados y cubiertas de pino. La madera fue el material dominante durante siglos. Ahora, la tecnología lo ha devuelto a su lugar para levantar cualquier tipo de edificio de forma más sostenible y en tiempo récord.

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