Luis Lladó, el fotógrafo que retrataba la nueva arquitectura de Madrid en los años 20
El fotógrafo se codeó con los arquitectos que levantaron el Madrid más moderno y de quienes inmortalizó sus grandes obras, sobre todo en cines y teatros
De su paso por Madrid hay más misterios que certezas. Al menos, eso es lo que se desprende de lo que cuenta de él Luis Deltell. Este especialista en cine y fotografía española acaba de publicar Luis Lladó en Madrid (La Librería, 2026), un amplio catálogo de las mejores instantáneas de este profesional de la imagen catalán que arribó a la capital justo cuando se construían sus grandes hitos modernos, como la Gran Vía. Su cámara legó para la posteridad unas imágenes sinigual de la construcción de Ciudad Universitaria, el tercer depósito del Canal de Isabel II, la ampliación del Metropolitano y todo un catálogo de los mejores cines y teatros que en aquel tiempo brotaban por la ciudad.
Nació en 1874 en Barcelona y falleció en México, en 1946, exiliado tras formar parte de la UGT durante la guerra civil. Las fotografías que ahora salen a la luz forman parte de Patrimonio Nacional y están custodiadas en el CSIC. Deltell, también catedrático de Información en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), comenta que Lladó no se especializó en la fotografía al principio de su carrera, sino en la pintura. "Sabemos que en Cervera, en Lleida, montó una revista de corte catalanista y una academia de pintura", introduce.
El primer gran misterio de su biografía está ligado al por qué de su establecimiento en Madrid a mediados de la década de 1910. Tampoco se conoce una fecha exacta, aunque se sabe que para 1920 ya estaba funcionando uno de sus estudios fotográficos en la calle Santa Engracia. Ese salto de la academia de pintura a fotógrafo profesional es otro de las incógnitas a desentrañar. Ya en la villa y todavía corte, sus primeros encargos fueron de miniaturas, es decir, reproducciones fotográficas de objetos como muebles y elementos artísticos que realizaba para Patrimonio Nacional.
Un fotógrafo sin estilo
Entre las grandes menciones que aparecen en su correspondencia, está el ofrecimiento de Lladó a Joaquín Sorolla para retratar sus obras. "También sabemos que tuvo alguna relación con la Familia Real, pero no podemos concretar cuál", añade Deltell. Sin embargo, su mayor labor llegó gracias a la relación que fraguó con la llamada Generación del 25 de arquitectura, que aglutina nombres como Fernando García Mercadal, Manuel Sánchez Arcas, Luis Lacasa Navarro, Miguel de los Santos y Carlos Arniches. Por ejemplo, Lladó inmortalizó las obras de la gasolinera frente a El Corte Inglés de Argüelles, proyectadas por Casto Casto Fernández-Shaw.
Esa es una de las fotografías que más ha interesado a Deltell a la hora de estudiar la obra del catalán: "Cuando se inauguró la gasolinera se decía que no tenía estilo por lo moderna que era. Y es lo que ocurre con las fotografías de Lladó. Parece que con su trabajo lo único que hace es colaborar en el desarrollo de lo que fotografía".
En su trabajo, de esta forma, no aparece un fotógrafo grandilocuente y autorreferencial, que busca el virtuosismo para demostrar lo bueno que es. Su interés se centra en transmitir lo bien construido que está un edificio, qué le distingue de los demás. "Y no solo trabajó con la Generación del 25. También fotografió las obras de sus maestros, como Antonio Palacios o Modesto López Otero", añade el profesor de la UCM. Lladó llegó a convertirse en el fotógrafo oficial de la Escuela de Arquitectura con plaza propia.
Una Gran Vía sin personas
El libro publicado por Deltell dedica un espacio a la Gran Vía. Las fotografías nos enseñan una de las principales arterias de la capital todavía a medio construir, tan solo levantada desde Cibeles hasta Callao. "Aquí vemos esa relación difícil que tenía con la figura humana en todas sus obras. Él no se fija nunca en las personas, sino en los edificios", describe el autor.
Las imágenes vienen a demostrar cómo en aquella década de los años 20 del siglo pasado se construía un Madrid moderno y cosmopolita, pero sin que en las instantáneas aparezca gente. "Es una contradicción muy interesante. Nos esperamos una Gran Vía multitudinaria, y la de Lladó es una Gran Vía extraordinariamente solitaria y elegante", apuntilla el especialista en cine y fotografía.
La construcción del tercer depósito del Canal de Isabel II, todavía hoy en funcionamiento entre las Avenidas de Islas Filipinas y Pablo Iglesias, el Paseo San Francisco de Sales y la calle de Santander, es otro de los grandes reportajes que recoge "Luis Lladó en Madrid". Deltell asegura que debió ser resultado de un encargo, aunque no puede concretar de quién. "En estas imágenes vemos un nuevo elemento constructivo, el hormigón. Se podría decir que Lladó retrata su uso hasta con mimo", enfatiza el catedrático universitario.
El ojo que vio construir la Ciudad Universitaria
La ciudad universitaria, que el año que viene cumplirá el primer siglo desde que entró en funcionamiento, fue un enclave que el objetivo del fotógrafo catalán también inmortalizó. Modesto López Otero, al frente de la junta constructora que ideó el proyecto, ya había trabajado con Lladó. Este había fotografiado su edificio de La Unión y el Fénix español, contiguo a la iglesia de las Calatravas, en la calle Alcalá. Volvió a contar con él para que el proceso de construcción del futuro campus no quedara en el olvido.
Lladó siguió las edificaciones desde el principio, legando para la posteridad imágenes de los planos y las maquetas, así como de las posteriores obras que erigirían uno de los principales lugares del conocimiento de España. Algo similar ocurrió con las obras de ampliación del Metropolitano, de lo que hay bastantes menos fotografías que de otros espacios. De todas formas, el público curioso podrá apreciar cómo era el cuadro de mandos en la estación de Sol, vistas de los pasillos y andenes de diferentes estaciones, y algunas instantáneas de la construcción de edificios en la calle Padilla pertenecientes a la Real Institución Cooperativa para Funcionarios del Estado, Provincia y Municipio.
Una nueva mirada a los cines
Las fotografías de los cines muestran ese añadido ahora perdido de competición entre unos y otros para ver cuál era más elegante. "No era una medida de los exhibidores o los promotores, sino una forma de ganar dinero. El precio de la entrada cambiaba de una sala a otra", señala Deltell, quien enfatiza que las fotos de Lladó de estos enclaves son de las más espectaculares que se conservan. De ahí que haya titulado esta parte del libro como "La ensoñación de las salas de cine".
Las fachadas del Cine San Miguel, del Cine Doré, del Real Cinema, del Cine Bilbao, el Teatro Español, el Teatro Pavón, el Cine Astoria, el Cine Barceló o el Teatro Alcázar se suceden en el libro. De todas formas, parece que uno no quiera pasar la página al llegar a la fotografía del ya extinto cine Velussia, con su característico letrero iluminado a la entrada, que ocupaba el número 76 de la Gran Vía. "Es como una mezcla entre la pintura de Edward Hopper y el realismo", describe Deltell.
Asimismo, el Monumental Cinema de la calle Atocha proyecta una imagen como pocas, en las que aparecen algunas personas a sus puertas. Pero todavía hay un factor diferenciador: "Muchas personas aparecen difuminadas. No le importan, solo quiere retratar el edificio. Ese retrato de la sociedad velada hace que la imagen tenga un poder fantasmagórico inmenso", revela el catedrático.
El fracaso del golpe de Estado de julio de 1936 hizo que Lladó terminara trabajando para el Ministerio de Propaganda republicano, aunque la mayor parte del tiempo la pasaba en el laboratorio. "Se conservan pocas fotografías que se pueda decir que son suyas", observa Deltell, quien evoca las figuras de Rosa María Villalón y Raquel Ibáñez como pioneras en el estudio del trabajo de Lladó. Entre estas últimas imágenes en suelo español y actualmente atesoradas en la Biblioteca Nacional de España, destaca una del Cine Ópera, destruido parcialmente por un bombardeo de los sublevados. La victoria del bando franquista llevó a Lladó al exilio. Recaló en Francia, donde se embarcó en un navío que le llevó a México. Allí no abrió ningún negocio, aunque siguió trabajando como fotógrafo. Murió en 1946.
De su paso por Madrid hay más misterios que certezas. Al menos, eso es lo que se desprende de lo que cuenta de él Luis Deltell. Este especialista en cine y fotografía española acaba de publicar Luis Lladó en Madrid (La Librería, 2026), un amplio catálogo de las mejores instantáneas de este profesional de la imagen catalán que arribó a la capital justo cuando se construían sus grandes hitos modernos, como la Gran Vía. Su cámara legó para la posteridad unas imágenes sinigual de la construcción de Ciudad Universitaria, el tercer depósito del Canal de Isabel II, la ampliación del Metropolitano y todo un catálogo de los mejores cines y teatros que en aquel tiempo brotaban por la ciudad.