La trashumancia, un vestigio de la Mesta, declarada Patrimonio Inmaterial en Madrid
La región cuenta con más de 4.100 kilómetros de vías pecuarias, lo que da buena cuenta de la importancia que antiguamente tuvo la trashumancia, que atraviesan 170 localidades de las 179 que forman la Comunidad de Madrid
La mítica imagen de miles de ovejas en octubre discurriendo por el centro de Madrid esconde una actividad milenaria. Más allá de este evento lúdico y cultural, la trashumancia ha sido durante siglos la forma en que los pastores y ganaderos han buscado el mejor lugar para su ganado según avanzaban las estaciones del año. Ahora, la Comunidad de Madrid ha declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Patrimonio Inmaterial a este vestigio de la Mesta. Además, la región madrileña es la comunidad autónoma con mayor densidad de vías pecuarias, que ocupan el 1,6% de su territorio. De las 179 localidades que la conforman, tan solo nueve carecen de vías pecuarias que atraviesen su término municipal.
Las mencionadas vías pecuarias son las vías de comunicación formadas a lo largo de los años por la trashumancia. En el caso concreto de Madrid, destacan cuatro grandes cañadas reales: la Cañada Real Segoviana, la Cañada Real Galiana; la Cañada Real Soriana oriental y la Cañada Real Leonesa Oriental. Pero también hay cordeles, veredas y coladas de gran tránsito ganadero. Su presencia ha facilitado los intercambios económicos y culturales entre diferentes zonas, reflejado en costumbres, conocimientos, saberes, lenguaje, fiestas y creencias, tal y como expone el Gobierno regional en el expediente de declaración BIC de la trashumancia.
El documento, publicado en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid (BOCM), recoge que la trashumancia es un fenómeno social y cultural, que ha modelado la forma de vida de los pastores y sus familias; su naturaleza itinerante ha dado lugar a una estructura social particular, con formas de vida y sociabilidad propias.
No es la primera vez que la trashumancia se protege. Ya lo hizo en 2023 la Unesco, incluyéndola en su Lista del Patrimonio Inmaterial. “Nosotros hemos asumido esa decisión para tratar de estimular el conocimiento por esta actividad histórica, con características que la hacen especial y diferente, y para intentar que no se pierda la tradición de su uso y costumbre”, señala a El Confidencial Bartolomé González, director general de Patrimonio Cultural y Oficina del Español de la Comunidad de Madrid.
Apogeo y declive de la trashumancia en Madrid
Según el expediente, la trashumancia se desarrolla actualmente en la Comunidad de Madrid, fundamentalmente en la zona norte, teniendo su límite meridional en la Casa de Campo madrileña: Sierra Norte, Cuenca del Guadarrama y Cuenca Alta del Manzanares. Su historia deja tras de sí varios altibajos desde que este tipo de pastoreo llegara a la península Ibérica en tiempos prehistóricos, cuando los primeros pobladores nómadas seguían los ciclos naturales en busca de pastos fértiles.
En los siglos XVI y XVII, a pesar de políticas contradictorias que a veces favorecían la agricultura, la trashumancia alcanzó su punto álgido gracias al comercio de lana con los Países Bajos. Miles de cabezas de ganado cruzaban Madrid anualmente, lo que generó tensiones con los agricultores locales, recuerdan desde la Comunidad.
El declive de la trashumancia comenzó en el siglo XVIII con los Borbones. Aunque la lana seguía cotizándose, Carlos III inició una política anti Mesta, considerando los privilegios de los pastores como abusivos. A pesar de que en 1765 se alcanzaron cifras récord de ganado, a finales de siglo se inició un descenso irreversible. La Guerra de la Independencia de 1808 afectó gravemente a la cabaña ganadera, provocando su repliegue hacia las zonas de montaña. Asimismo, durante el siglo XX, la trashumancia sufrió un abandono progresivo debido al éxodo rural y la modernización agraria, a lo que se suma la generalización del trasporte por carretera, que permitió el traslado de ganado de finca a finca.
Según han indicado los expertos en el informe, la migración de la población campesina hacia los centros urbanos supuso una reducción drástica de la mano de obra disponible para el pastoreo trashumante, además del abandono de las formas de vida y la cultura tradicional y de la trasmisión consuetudinaria de los saberes del oficio de pastor. Por otro lado, la caída del precio de la lana desplazó el interés hacia la producción de carne, lo que favoreció la ganadería intensiva y la sustitución de la oveja merina por el ganado vacuno en la sierra madrileña.
En este sentido, la investigadora del Instituto de Lengua, Literatura y Antropología del CSIC Matilde Fernández Montes, y según precisa el documento publicado en el BOCM, la trashumancia en la Comunidad de Madrid no ha sido sólo un fenómeno de movimiento de ganado, sino un sistema cultural completo que explica el uso del territorio y el fomento de las relaciones sociales, adquiriendo gran importancia, sobre todo, para la memoria histórica de la Sierra Norte de Madrid.
La trashumancia corta que pervive
En la Comunidad de Madrid todavía hay “interesantes” ejemplos de trashumancia corta o trasterminancia, ya que la trashumancia como tal es una actividad residual. Por ejemplo, el joven ganadero Javier de los Nietos Delcán realiza durante el año dos rutas trashumantes con un atajo de trescientas cabras serranas cruzadas con machos de raza autóctona “Guadarrama” y acompañadas de perros mastines, para su protección frente a depredadores. Una de las rutas le lleva desde la finca “la Jarosa”, de Manzanares el Real, hasta los montes públicos de El Atazar, al límite con la provincia de Guadalajara, donde realiza con su rebaño tareas de prevención de incendios, dentro del programa de “rebaños bomberos”.
La otra ruta la realiza en otoño, de norte a sur, siguiendo el Camino de Santiago de Madrid, entre Manzanares el Real, Colmenar Viejo, Tres Cantos y el campus universitario de la Universidad Autónoma de Madrid, donde permanece un mes y medio y participa en jornadas y talleres formativos sobre pastoreo, tal y como exponen en el informe de declaración BIC. A todo ello se unen varios ejemplos de trasterminancia de ganado vacuno.
Las cañadas reales como testigos
Uno de los mayores vestigios de la trashumancia que a día de hoy se pueden apreciar son las vías pecuarias, que atraviesan de norte a sur y de este a oeste el territorio regional. Así, conectan los sistemas montañosos de la Sierra de Guadarrama y la Sierra Norte con las campiñas y vegas del sur madrileño. La región cuenta con 4.104 kilómetros de vías pecuarias que conectan la sierra con el sur y otras regiones. Se clasifican según su anchura en: cañadas, de 75 metros; cordeles, de 37,5 metros; veredas, de 20 metros, y coladas, de menor anchura.
Entre las cuatro cañadas reales que atraviesan la región, en el imaginario colectivo sobresale la Cañada Real Galiana, ya que en ella se establece desde hace décadas el asentamiento irregular más grande de toda Europa. En realidad, se trata de una cañada que nace al sur de La Rioja y recorre las provincias de Soria, Guadalajara, Madrid, Toledo y Ciudad Real. “La pérdida de los privilegios de la Mesta desde el final del antiguo régimen no supuso el final de su consideración jurídica, y hoy en día aún se mantiene en el dominio público sujeta a una amplísima protección que impide cualquier otro uso, especialmente el urbanístico, que es con el que compite en la actualidad”, esgrimen en el expediente.
En la Comunidad de Madrid recorre 93 kilómetros. En el municipio de Pinto está relativamente bien conservado, manteniendo los 75 metros de anchura del dominio público en la mayor parte de su trazado. La expansión urbana la ha afectado gravemente, especialmente en Vallecas y Rivas Vaciamadrid. A pesar de los daños, se han puesto en marcha proyectos para restaurar algunos tramos y promover su uso como sendero ecológico.
Impulsar el conocimiento entre los jóvenes
González, el director de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid, recalca que las cañadas reales están protegidas, aunque también golpeadas por el crecimiento de las ciudades, cuya población e infraestructuras ha ocupado parte de ellas. “En muchos casos se han habilitado caminos alternativos, más con carácter simbólico, porque no se da la necesidad de tener cañadas para que circulen animales”, añade.
Uno de los principales cometidos de la Dirección General tras la declaración de la trashumancia como BIC, al igual que ha ocurrido con la zarzuela, es darla a conocer. “Estamos trabajando en unos cuadernillos con un diseño enfocado a los jóvenes para que conozcan más y mejor este patrimonio inmaterial”, concluye el mismo González.
La mítica imagen de miles de ovejas en octubre discurriendo por el centro de Madrid esconde una actividad milenaria. Más allá de este evento lúdico y cultural, la trashumancia ha sido durante siglos la forma en que los pastores y ganaderos han buscado el mejor lugar para su ganado según avanzaban las estaciones del año. Ahora, la Comunidad de Madrid ha declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Patrimonio Inmaterial a este vestigio de la Mesta. Además, la región madrileña es la comunidad autónoma con mayor densidad de vías pecuarias, que ocupan el 1,6% de su territorio. De las 179 localidades que la conforman, tan solo nueve carecen de vías pecuarias que atraviesen su término municipal.