El mítico cine de Madrid elegido entre los diez mejores del mundo: un tesoro modernista con gran afición a las pipas
Esta legendaria sala de cine, con más de un siglo de historia y una llamativa fachada modernista, ha logrado colarse en el 'Top 10' de los cines más emblemáticos del mundo por su historia, arquitectura y programación cultural
Fachada de este cine madrileño que es sede de exhibición y proyecciones públicas de la Filmoteca Española. (Foto: iStock)
Un histórico cine del centro de Madrid acaba de recibir un reconocimiento internacional que lo catapulta dentro del mapa cultural mundial. La prestigiosa revista Time Out lo ha incluido en un ranking que corona a las 100 salas más emblemáticas de ciudades como Los Ángeles, Nueva York, Ámsterdam o Londres. Hablamos del Cine Doré, situado en el corazón del barrio de Lavapiés y sede de la Filmoteca Española, que ocupa el más que honorable séptimo puesto de la lista, aunque no es el único cine español de este inventario: la Cineteca Madrid (puesto 34) y el Cine Embajadores (puesto 84), también están presentes.
El listado ha sido elaborado con la colaboración de expertos locales de distintos países que han analizado más de un centenar de salas cinematográficas de todo el mundo. Su objetivo no era evaluar solo la calidad técnica de los cines, sino también su historia, su arquitectura, su programación y el papel que desempeñan dentro de la vida cultural de su ciudad. Bajo ese prisma, el veterano cinematógrafo madrileño destaca por ser "uno de esos sitios donde el tiempo se detiene al cruzar sus puertas" y por haberse convertido en un lugar de peregrinación para los amantes del cine clásico y de autor.
El reconocimiento llega además en un momento especialmente significativo para las salas cinematográficas. Tras décadas enfrentándose a desafíos como la llegada de la televisión, las crisis del sector o el auge de las plataformas de streaming, estos locales emblemáticos vuelven a reivindicarse como espacios únicos donde el cine se vive de forma única y colectiva gracias a la gran pantalla. En ese contexto, la sala madrileña sigue siendo un ejemplo de resistencia cultural y de pasión por el séptimo arte. Su programación, alejada de los grandes circuitos comerciales, convierte cada sesión en una experiencia única que conecta con un pasado no tan lejano.
La antesala del cine: el Salón Doré
La historia de este cine comienza en los primeros años del siglo XX y está profundamente ligada al nacimiento del cine en la capital. Madrid conoció el cinematógrafo en 1896, cuando los hermanos Lumière organizaron las primeras proyecciones en un local situadoen la Carrera de San Jerónimo. Aquellas sesiones duraban apenas quince minutos, pero despertaron una fascinación enorme entre el público madrileño, que empezaba a descubrir el potencial de las imágenes en movimiento.
Al principio, las películas se proyectaban en espacios improvisados: barracones, teatros, salones de espectáculos o incluso locales itinerantes. Sin embargo, el creciente éxito del nuevo entretenimiento hizo que comenzaran a levantarse las primeras salas dedicadas a las proyecciones de cine, muchas de ellas con una arquitectura diseñada para impresionar al público. En ese contexto nació el Salón Doré, inaugurado el 19 de diciembre de 1912, en el mismo solar que ocupa hoy en la calle Santa Isabel, número 3, muy cerca de la plaza de Antón Martín.
El lugar no era solo un cine, sino un espacio social donde se celebraban espectáculos y reuniones culturales. Tenía una capacidad para 1.250 espectadores, algo realmente sorprendente para la época, y estos se distribuían entre la planta baja y dos pisos, además de contar con un jardín y un salón fumador, algo habitual en los locales de ocio de principios del siglo XX.
Un edificio modernista poco común en Madrid
La imagen actual del edificio llegó en 1923, cuando se levantó el edificio que hoy sigue en pie. El proyecto fue obra del arquitecto Críspulo Moro Cabeza, impulsado por el empresario Arturo Carballo Alemany. Rápidamente se convirtió en uno de los cinematógrafos más llamativos y exitosos de la ciudad. "El edificio, con su espectacular fachada color salmón, molduras blancas e inconfundibles butacas rojas, le confiere una atmósfera elegante y acogedora irrepetible", según afirma Time Out.
Fachada del Cine Doré en el año 1929.
El resultado fue una sala de estilo modernista, un lenguaje arquitectónico muy extendido en Europa en aquellos años pero relativamente poco habitual en Madrid. La fachada destaca por su decoración ornamental, con motivos inspirados en la naturaleza, molduras elaboradas y una composición elegante que buscaba atraer a los espectadores incluso antes de cruzar la puerta.
Durante sus primeros años el cine vivió una etapa de gran popularidad. En pocos años se realizaron reformas para ampliar el espacio interior, añadir palcos y mejorar la distribución de la sala. En una época en la que el cine aún era mudo, las proyecciones se acompañaban de interpretaciones musicales en directo, con orquestas y coros que daban vida a las escenas. Artistas populares de la época como María Caballé, Rosita Rodrigo o Miguel Ligero participaron en algunas de esas actuaciones.
El curioso origen del “Palacio de las pipas”
Con el paso de los años el cine fue cambiando de público y de programación y, a partir de los años treinta y durante las tres próximas décadas, terminó transformándose en una sala de reestrenos con dos sesiones diarias,que atraían sobre todo a vecinos del barrio de Antón Martín, muchos de los cuales acudían con sus parejas para meterse mano y quién sabe si algo más. Fue entonces cuando empezó a circular el apodo que acabaría definiendo la personalidad de esta mítica sala madrileña: el “Palacio de las pipas”.
La expresión no tenía nada de metafórica. El sobrenombre se debía a una costumbre muy extendida entre los espectadores. Muchos acudían a las proyecciones con bolsas de pipas de girasol (hoy las han cambiado por las palomitas) y las comían durante la película, llenando el suelo de cáscaras al final de cada sesión, una escena que quedó grabada en la memoria de varias generaciones de madrileños y terminó convirtiéndose en una seña de identidad del cine y en uno de los recuerdos más recordados de su historia.
Respecto al origen del nombre Doré existen varias teorías, pero ninguna clara. La explicación más extendida apunta a que el empresario Arturo Carballo se inspiró en el Gran Salón Cine Doré de Barcelona, una popular sala de espectáculos situada en la Rambla de Cataluña que funcionó entre 1908 y 1922. Otros autores sugieren que el nombre podría ser un homenaje al ilustrador francés Gustave Doré, famoso por sus grabados de obras clásicas como Don Quijote. Incluso existe una interpretación más curiosa: algunos cinéfilos han defendido que el nombre podría hacer referencia a las dos primeras notas musicales, “do” y “re”, algo que reforzaría la relación del lugar con el mundo del espectáculo.
Del abandono a templo del cine clásico
El declive y decadencia del cine se acentuó a mediados de los años 50. La competencia de nuevas salas y los cambios en el ocio urbano provocaron que el edificio perdiera el interés del público. Tras años funcionando como sala de barrio, el Cine Doréacabó cerrando sus puertas en 1963, quedando abandonado durante casi veinte años. En ese tiempo el inmueble sufrió un deterioro considerable y llegó a temerse por su desaparición. Afortunadamente, la actuación y las protestas de los vecinos del barrio lo impidió.
Imagen de la fachada del Cine Doré en los años 70.
La situación cambió en 1982, cuando elAyuntamiento de Madrid decidió adquirir el edificio al considerarlo de interés arquitectónico y ambiental, por lo que decidieron preservarlo del derribo. Poco tiempo después, el Ministerio de Cultura vio en él el lugar ideal para convertirlo en sede de proyecciones públicas de la Filmoteca Española, institución dedicada a salvaguardar el patrimonio cinematográfico del país.
El arquitecto Javier Feduchi se encargó de la restauración del edificio, quien respetó la estructura y los elementos decorativos originales mientras adaptaba el espacio a las necesidades contemporáneas. Tras varios años de obras, el cine reabrió sus puertas el 28 de febrero de 1989, devolviendo a la ciudad uno de sus espacios culturales más singulares e iniciando una nueva etapa como uno de los centros más importantes dedicados al cine en España.
Un santuario para los amantes del cine
Desde entonces el cine exhibe clásicos restaurados, ciclos dedicados a cinematografías internacionales poco conocidas, así como a grandes directores y actores. Por su pantalla han pasado retrospectivas dedicadas a cineastas como Fellini, Hitchcock o Kubrick, así como homenajes a figuras del cine español. Cada año pasan por sus salas más de 100.000 espectadores y se proyectan cerca de mil películas, muchas de ellas restauraciones o títulos difíciles de encontrar en circuitos comerciales.
El edificio cuenta ahora con dos salas de proyección principales y una tercera al aire libre, llamada Luis García Berlanga, que funciona durante el verano. En el vestíbulo, iluminado por un gran lucernario, se encuentran una cafetería y una librería especializada en cine, lo que convierte el lugar en punto de encuentro para cinéfilos, estudiantes y profesionales del sector.
Más de un siglo después de aquellas primeras proyecciones, este histórico cine madrileño continúa demostrando que la magia de la gran pantalla sigue teniendo un lugar especial en la ciudad. Su mezcla de arquitectura modernista, memoria cultural y programación dedicada al cine de todas las épocas lo ha convertido en un espacio único, donde cada sesión mantiene vivo el ritual de ir al cine que tantas generaciones han compartido.
Un histórico cine del centro de Madrid acaba de recibir un reconocimiento internacional que lo catapulta dentro del mapa cultural mundial. La prestigiosa revista Time Out lo ha incluido en un ranking que corona a las 100 salas más emblemáticas de ciudades como Los Ángeles, Nueva York, Ámsterdam o Londres. Hablamos del Cine Doré, situado en el corazón del barrio de Lavapiés y sede de la Filmoteca Española, que ocupa el más que honorable séptimo puesto de la lista, aunque no es el único cine español de este inventario: la Cineteca Madrid (puesto 34) y el Cine Embajadores (puesto 84), también están presentes.