Crónica de un desengaño: el final de Algarra, susurrador de Ayuso y mesías de los Pocholos
La crisis desatada en el Gobierno de Ayuso tras la salida del consejero de Educación ha dejado al descubierto las rencillas internas y el poder e influencia que acumuló Antonio Castillo Algarra, un personaje casi anónimo hasta la fecha
Antonio Castillo Algarra, durante la representación de la obra 'El teatro del mundo'.
La salida del consejero Emilio Viciana descubrió esta semana a Antonio Castillo Algarra, una figura determinante en la política cultural y educativa de la Comunidad de Madrid durante los últimos años. El poder e influencia que acumuló fue notable, aunque hasta la fecha era un personaje prácticamente anónimo fuera del Gobierno regional. Algarra, productor teatral y dramaturgo, identificado como una especie de gurú, se movió siempre entre bambalinas, como asesor en la sombra de Isabel Díaz Ayuso. Pero abarcó demasiado y pasó del todo a la nada. Esta es la crónica de un desengaño en la Puerta del Sol.
Los primeros contactos de Ayuso y Algarra se remontan varios años atrás, cuando la presidenta autonómica era portavoz adjunta en la Asamblea de Madrid, durante el mandato de Cristina Cifuentes. El acercamiento definitivo, sin embargo, se produjo la pasada legislatura y se intensificó en la actual. Las fuentes consultadas detallan que tuvo una influencia fundamental en un buen número de nombramientos, en principio enmarcados en la renovación generacional impulsada por Ayuso.
Los últimos días se conoció su ascendencia sobre Viciana y el denominado clan de los 'Pocholos', integrado por varios directores generales y diputados del PP en la Cámara de Vallecas a los que apadrinó, como los ya dimitidos Nicolás Casas, María Luz Rodríguez de Llera, Pablo Posse, Mónica Lavín y Carlota Pasarón. Pero hay más. Algarra tuvo mucho que ver en la designación de Mariano de Paco, que venía de los Teatros del Canal, como titular de Cultura. Y también en la salida de su predecesora, Marta Rivera de la Cruz. "Estaba enfrentado con Marta y al final consiguió que se fuera con Almeida", explica una fuente que trabajó en este departamento y recuerda cómo después crearon el Ballet Español de la Comunidad de Madrid, con asiento para Algarra en la junta directiva hasta su renuncia.
La crisis de la última semana ha disuelto el grupúsculo que formaban los 'Pocholos', aunque quedan algunos supervivientes. Estas voces ponen el foco en dos directores generales, Laura Castilla (Juventud) y Miguel Olite (Enseñanzas Artísticas), y en asesores de otras consejerías también cercanos a Algarra, como Javier Villalba. El PP anunció este jueves las nuevas incorporaciones en el grupo parlamentario y el Gobierno autonómico dio carpetazo al caso con los ceses de Casas y Rodríguez de Llera, pero no está descartado que la consejera Mercedes Zarzalejo haga más cambios cuando aterrice y analice la situación en Educación.
El llamado 'susurrador de Ayuso' fue más que un simple asesor, aunque en el equipo de la presidenta intenten limitar su alcance. Distintos cargos en Educación o Cultura hablan a este periódico de un "mentor intelectual" que, por ejemplo, impregnó a la dirigente popular del pensamiento filosófico de Ortega y Gasset. Además, influyó en estrategias clave del Ejecutivo regional, como la defensa de la Hispanidad, incluso tratando de boicotear el modelo de bilingüismo en la región. Pero es imposible abarcar tanto y no ganarse un buen puñado de enemigos.
Los choques con el personal de estas áreas eran constantes. Ahora, con cierta perspectiva, los implicados dibujan a un personaje "manipulador" y "algo extravagante" que desde el principio levantó muchos recelos. En el pecado llevaba la penitencia. "Presumía demasiado de sí mismo, de su austeridad y de su ascendencia en la batalla cultural", dice uno. "No sabía a qué jugaba, pero ahora veo que jugaba para sí mismo, su papel era reforzar su vanidad y su soberbia. Lo que hacía sin duda era intentar controlar a las personas para ponerlas a su servicio", declara otro aludido, que pone como ejemplo las renuncias de sus protegidos, que según informó El País estuvieron con él hace años en su compañía teatral For the fun it.
El problema para Algarra es que las enemistades llegaron muy lejos. Estas fuentes aseguran que hubo dos personas que pusieron pie en pared y comenzaron a desbaratar el círculo de poder: Miguel Ángel Rodríguez, jefe de gabinete de Ayuso, y Rocío Albert, ahora consejera de Economía y Hacienda y anteriormente viceconsejera de Educación. Casualmente, Más Madrid intentó el pasado jueves hacer leña del árbol caído y durante el último pleno relacionó la salida de Viciana con la denuncia que hizo su departamento sobre el caso FP, que investiga un presunto fraccionamiento de contratos en la construcción de centros públicos y apunta a irregularidades en el equipo donde estaba Albert.
Captura de los mensajes de Castillo Algarra a MAR en X.
La realidad es que Antonio Castillo Algarra comenzó hace meses a atacar públicamente a Miguel Ángel Rodríguez. El todopoderoso asesor de Ayuso publicó un tuit en noviembre del año pasado sobre la entrada en prisión de José Luis Ábalos con la coletilla de "Pa'dentro". Y el dramaturgo y pensador contestó contundente: "Es vergonzoso expresarse en esos términos cuando una persona va a prisión, por justificada que esté su condena (Estuve en la cárcel y no me visitaste…). Es falta de humanidad, de decoro institucional, de respeto por la justicia, y tener muy mal ganar". Esta misma semana continuó en la misma línea y acusó a MAR de imponer un relato en los medios sobre lo sucedido durante el episodio de su salida.
Algo hizo clic en ese periodo. Algarra, aunque pasaba desapercibido para la inmensa mayoría, mostró una cara distinta en las redes mientras Viciana perdía el sitio en el Ejecutivo regional. El entorno de la presidenta subraya que hacía tiempo que el consejero había perdido la confianza, tras mostrarse incapaz de sacar adelante el proyecto de modernización de las universidades públicas madrileñas, con el que Ayuso pretende dar un salto cualitativo, especialmente en lo relativo a la financiación. Uno de los colaboradores más estrechos de la dirigente, de hecho, explica que a finales de año ya advirtieron al consejero de que las expectativas estaban lejos de los resultados. La aventura del mesías de los 'Pocholos' agonizaba.
Otra canallada. Llena de mentiras. ¿Saben quienes han escrito al dictado esos artículos distinguir siquiera la diferencia entre ir «a taquilla» o «a caché»? En Canal, el pasado septiembre, fuimos a taquilla porque nos empeñamos nosotros, porque el sistema favorece ir a caché;… pic.twitter.com/Q94QzNMBh7
Quizá el ejemplo más paradigmático del final de Algarra sea que la Ley de Universidades que pilotó y ayudó a redactar, rechazada por toda la comunidad educativa, no saldrá adelante tal y como estaba planteada. El portavoz del Gobierno, Miguel Ángel García —que también fue interpelado por él en redes sociales—, aseguró el pasado miércoles que las prioridades han cambiado y que el futuro de la norma está en el aire, con la financiación y la normalización de las relaciones con todos los rectores como primer paso a abordar por el equipo de Zarzalejo.
Las únicas explicaciones de Castillo Algarra tras el terremoto que ha sacudido el Gobierno han sido en redes sociales, donde ha tratado de desmentir a varios medios y ha negado un trato de favor en la adjudicación de varios contratos menores de la Comunidad de Madrid a su compañía, con un total por encima de los 100.000 euros en cinco años. "¿Saben distinguir entre un contrato de exhibición y unas ayudas a la producción con convocatoria pública? Todo lo que he hecho con la Comunidad de Madrid siempre me ha costado dinero (mucho). Todas nuestras producciones se han hecho con dinero privado. Y luego hemos concurrido a ayudas públicas que, de llegar, nunca han cubierto más de un 10%", aseveró desde su perfil en X en un extenso escrito de respuesta a varias informaciones.
La salida del consejero Emilio Viciana descubrió esta semana a Antonio Castillo Algarra, una figura determinante en la política cultural y educativa de la Comunidad de Madrid durante los últimos años. El poder e influencia que acumuló fue notable, aunque hasta la fecha era un personaje prácticamente anónimo fuera del Gobierno regional. Algarra, productor teatral y dramaturgo, identificado como una especie de gurú, se movió siempre entre bambalinas, como asesor en la sombra de Isabel Díaz Ayuso. Pero abarcó demasiado y pasó del todo a la nada. Esta es la crónica de un desengaño en la Puerta del Sol.