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Un siglo del Círculo de Bellas Artes, el rascacielos que aún enamora a Madrid
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OBRA DE ANTONIO PALACIOS

Un siglo del Círculo de Bellas Artes, el rascacielos que aún enamora a Madrid

Una muestra celebra el siglo de una de las grandes instituciones culturales de la capital. Hablamos con tres expertos en Antonio Palacios, el arquitecto que firmó el icónico edificio, para desgranar su historia

Foto: El Círculo, durante su construcción. (Cedida)
El Círculo, durante su construcción. (Cedida)

En 1926 se inauguraba oficialmente el edificio del Círculo de Bellas Artes, proyectado por uno de los grandes arquitectos que dio forma al Madrid de finales del siglo XIX y principios del XX, Antonio Palacios. La capital pasaba en esos momentos una etapa de transformación que iba a resultar determinante. La apertura de la Gran Vía se había encargado de romper con lo que se entendía que era el tejido urbano tradicional, introduciendo un nuevo eje comercial, financiero y simbólico. Sin embargo, la ciudad no había comenzado aún a trazar un perfil vertical reconocible, lo que sí estaban haciendo ya otras metrópolis a nivel mundial.

"El Círculo fue el primero de los rascacielos que se hizo en Madrid", apunta el presidente de esta institución centenaria, Juan Miguel Hernández, responsable de la muestra que ha abierto esta semana sus puertas, La casa de las artes, y que podrá verse hasta el 10 de mayo. La exposición reúne documentación histórica, y aprovecha para revisar su proceso de gestación, el concurso de 1919, la polémica por la altura propuesta por Palacios, la construcción iniciada en 1921 y la inauguración en 1926. En ella se presentan planos originales, secciones, fotografías de época —incluida la inauguración con Alfonso XIII— y materiales que permiten entender tanto la complejidad programática del edificio (teatro, salones, talleres, piscina) como su carácter pionero como primer rascacielos madrileño.

placeholder Antonio Palacios posa ante los planos del Círculo. (Cedida)
Antonio Palacios posa ante los planos del Círculo. (Cedida)

Julián García Muñoz, profesor e investigador del Departamento de Construcciones Arquitectónicas de la Universidad Politécnica, además de co-comisario de la gran muestra sobre Antonio Palacios que tuvo lugar el año pasado en Centro Centro, Madrid metrópoli, que conmemoraba los 150 años de nacimiento del arquitecto gallego, incide en este aspecto fundamental: "Cuando Palacios construye el Círculo, aún no estaban ni la Telefónica ni el Palacio de la Prensa. Todos los edificios de la calle Alcalá tenían la misma cota. Palacios pelea por una licencia para sobrepasar esa línea de cornisa y levantar algo que no era solo un edificio alto, sino un edificio sobre otro edificio.

Es de interés esta puntualización porque, de algún modo, el Círculo se va a elevar —77 metros en total— en aquel 1926 por encima de todo Madrid. Se trataba de superponer una segunda ciudad cultural sobre la ciudad existente. El volumen inferior, pétreo y monumental, anclado a la calle; y el volumen superior, escalonado, culminado por la torre y, décadas después, por la Minerva. El Círculo se convierte en una de las piezas que determinan el carácter cosmopolita y cultural de la urbe internacional que quería ser Madrid.

Foto: antologia-del-madrid-maltratado-y-todo-lo-que-se-debe-hacer-para-dignificarlo Opinión

El concurso de 1919

La exposición arranca con el concurso convocado en 1919 para dotar al Círculo de una sede propia, tras varias ubicaciones en régimen de alquiler. La parcela que adquieren los socios, procedente de los antiguos jardines del palacete del Marqués de Casa Riera, tendrá una complejidad añadida: doble fachada, una hacia Alcalá y otra hacia la calle del Marqués de Casa Riera.

Se seleccionaron quince de los arquitectos más importantes de esos años, entre los que estaban Zuazo y Quintanilla, Hernández Briz y Saíz Martínez, o los Fernández Balbuena. "El jurado descalificó inicialmente el proyecto de Antonio Palacios porque entendía que incumplía las ordenanzas municipales en altura", recuerda Hernández de aquel proceso. "Hubo recurso, polémica, exposición pública de los proyectos y el concurso se declaró desierto. Fueron los socios del Círculo quienes, en votación, decidieron otorgar el encargo a Palacios".

placeholder La venus del frontal del Círculo. (Cedida)
La venus del frontal del Círculo. (Cedida)

Un desenlace que evidenciaba la tensión entre la normativa urbana, que ya resultaba obsoleta, y el interés arquitectónico de Palacios. "Cuando llega el concurso del Círculo, Palacios ya es una figura conocida, pero también discutida", puntualiza García Muñoz sobre la trayectoria del arquitecto. "Su proyecto se salta las bases porque quiere hacer ese rascacielos. Lo expulsan del concurso. Después convence a los socios. Esto genera tensiones en el colectivo de arquitectos. A partir de ahí pasa a estar visto de una manera un poco rara, incluso mal visto por algunos".

La obra cumbre: síntesis de arquitectura, artes y ciudad

Para Ángela Reina, autora de El Madrid de Antonio Palacios (2024, La Librería), guía de referencia para entender el majestuoso mapa de edificios que construye este autor y urbanista, aterrizado en Madrid en 1892, la "obra cumbre" de Palacios es el Círculo de Bellas Artes: "Porque es la que mejor sintetiza su pensamiento y su capacidad para integrar arquitectura, artes decorativas y programa cultural. Las grandes obras iniciales, como el Palacio de Comunicaciones o el Banco Español del Río de la Plata, las firma junto a Joaquín Otamendi. El Círculo es su gran obra personal".

El edificio va a combinar un basamento de resonancias clásicas con una torre escalonada que dialoga con la arquitectura metropolitana norteamericana. "Me recuerda a la Escuela de Chicago, a esa voluntad de altura y de estructura. Por fuera parece muy moderno. Sin embargo, por dentro hay espacios que mantienen un clasicismo académico", dice Reina de un edificio que además albergará actividades muy diversas: teatro, salón de baile, biblioteca, estudios de grabado, salas de dibujo del natural, espacios de reunión, ocio y formación.

Foto: el-artefacto-la-cupula-y-la-plaza-viva-cuando-ellas-crean-arquitectura-y-los-demas-callan Opinión

"La complejidad del edificio es precisamente esa: meter dentro de un solo volumen tantas tipologías distintas. Tenía que plantear el teatro, el baile, la pintura, la escultura, la biblioteca, incluso una piscina y una sala de esgrima. Planificarlo todo era muy complicado. Y él lo resuelve", señala. A la vez que García Muñoz añade: "Palacios habla de interpenetración. Cuando uno mira las secciones, entiende que no está pensando solo en plantas horizontales, sino en espacios que se encajan, que ocupan los huecos que deja la cúpula, que se mezclan unos con otros". El resultado, conceptualmente, es una concepción tridimensional muy avanzada para la época: arquitectura, urbanismo y elementos sociales.

Economía, lujo y colaboraciones

No debe olvidarse que el Círculo, en sus primeros años, se articuló con una estructura similar a la de un casino. "El Círculo ingresaba muchísimo dinero por la vía de las apuestas", indica García Muñoz de un hecho que permitirá a los socios empezar la obra con un importante colchón, lo que ayudará a esos acabados lujosos de la parte baja. "Pero durante la dictadura de Primo de Rivera el juego se cancela. Se dejan de ingresar esos recursos y la construcción se resiente. La parte superior no tiene la misma calidad que la inferior. El edificio tarda más en terminarse".

Y luego está la relación que establece con infinidad de colaboradores. Palacios entendía la arquitectura como un arte total. "En el Círculo trabajó con ceramistas como Sebastián Aguado y Portillo. Parte de la cerámica interior se ha perdido, especialmente la de la piscina. Pero la cerámica era fundamental en su concepción", recuerda Reina sobre la integración de estas artes menores, que hablaban a las claras de una coherencia estética y cultural.

placeholder Los interiores del Círculo. (Cedida)
Los interiores del Círculo. (Cedida)

Sin embargo, junto a esa dimensión visible existía otra, técnica, menos reconocida. García Muñoz insiste en rescatarla: "Hay una tendencia a fijarse solo en la envolvente. Pero por detrás había una tripa técnicamente muy potente. Estructura, sistemas de calefacción, previsión de higiene. Palacios vive en un momento en que la industria y la técnica son fundamentales".

Sostenibilidad en el siglo XXI

Hoy es fundamental reclamar la vigencia de una construcción que, a pesar del tiempo, sigue prácticamente inalterable. "Es quizá el único gran edificio de Palacios en Madrid que no ha cambiado su uso. El Palacio de Comunicaciones dejó de serlo, el Banco del Río de la Plata es hoy el Instituto Cervantes, el Hospital de Maudes es sede administrativa", comenta Reina sobre un hecho que considera excepcional.

Su presidente, al ser preguntado, incide en el aspecto económico y de conservación. Mantener un edificio de estas características es costoso. "Tenemos unos dos mil socios que aportan 21 euros al mes. El consorcio público cubre alrededor del siete por ciento del presupuesto. En 2021-22 invertimos más de un millón y medio de euros en restauración con recursos propios. Es un Bien de Interés Cultural y requiere una atención constante", matiza de un modelo que combina cuotas, ingresos por actividades culturales, alquiler de espacios y, evidentemente, una parte lucrativa que viene de la restauración y la cafetería que hay en la planta a pie de calle.

El Círculo llega al presente como un símbolo de la modernidad, la cultura y la vida urbana de los madrileños. "Ha ampliado su campo hacia la música, el cine y el pensamiento. Pero mantiene ese espíritu crítico y vanguardista que estaba en su origen", destaca Hernández de una construcción que cien años después sigue siendo determinante en el ecosistema cultural de la ciudad. "La Minerva, instalada en 1966 según el proyecto previsto por Palacios, ha ayudado a esa visión que tenemos de él".

En 1926 se inauguraba oficialmente el edificio del Círculo de Bellas Artes, proyectado por uno de los grandes arquitectos que dio forma al Madrid de finales del siglo XIX y principios del XX, Antonio Palacios. La capital pasaba en esos momentos una etapa de transformación que iba a resultar determinante. La apertura de la Gran Vía se había encargado de romper con lo que se entendía que era el tejido urbano tradicional, introduciendo un nuevo eje comercial, financiero y simbólico. Sin embargo, la ciudad no había comenzado aún a trazar un perfil vertical reconocible, lo que sí estaban haciendo ya otras metrópolis a nivel mundial.

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