El cierre del Vips de Velázquez y de Tipos Infames tendrá consecuencias políticas
Dos lugares emblemáticos de Madrid cerrarán sus puertas por distintos motivos, pero ambos son producto de los cambios que vive la ciudad. Hay efectos ideológicos de fondo que serán importantes en la contienda electoral
La librería Tipos Infames. (EFE/Fernando Alvarado)
Tipos Infames, una librería del barrio de Malasaña que se había convertido en referencia cultural, ha anunciado su cierre. En sus 15 años de vida acumuló un notable capital simbólico y parecía un negocio asentado, pero sus tres propietarios han afirmado que las cuentas no cuadraban. Casi al mismo tiempo, se ha hecho público el próximo cierre del Vips situado en el cruce de Velázquez con Ortega y Gasset (conocido entre muchos de sus clientes como "el de Lista"). Es un local que forma parte de la memoria sentimental de quienes una vez fueron jóvenes de barrios acomodados y que contaba todavía con clientela asidua.
Los factores que llevan a su desaparición son distintos. Tipos Infames surgió con la gentrificación de Malasaña, cuando jóvenes de profesiones liberales se mudaron a un barrio que había sufrido un deterioro significativo, en el que los precios eran asumibles, y que contaba con una red de locales de ocio y de tiendas que respondían a su estilo de vida. En Malasaña se reprodujeron los esquemas de los viejos barrios, con mucho pequeño comercio y redes de socialización construidas por la elección personal. Se conformó una comunidad que revalorizó la zona y, cuando eso ocurrió, el mercado vio clara una oportunidad de conseguir rentabilidad. Los precios se dispararon y aparecieron nuevos pobladores, ya sean habitantes ocasionales de pisos turísticos, ya personas con más recursos y negocios diferentes.
El barrio de Salamanca también ha cambiado, pero por motivos distintos. Al margen de las tiendas de lujo de la calle Serrano (el lujo suele permanecer), el distrito ha ido transformándose de manera sustancial. Han aparecido nuevos habitantes, muchos de ellos compradores adinerados de México o Venezuela, cuyas prioridades de ocio tienen poco que ver con el viejo Vips. En el local de Lista se abrirá un restaurante y tienda gourmet que promete una experiencia gastronómica. El edificio en el que está situado el Vips se reformará y, mientras duren las obras, la franquicia seguirá abierta; cuando termine, abandonará el local, probablemente para trasladarse a otro cercano. Vips es ahora propiedad de un fondo mexicano que gestiona varias franquicias.
Qué implica el cierre de Vips
Los paisajes urbanos son importantes. Construyen memoria, proporcionan familiaridad y calidez, o generan rechazo y hostilidad. Sus transformaciones agitan sentimientos. Hubo un tiempo, no tan lejano, en que los cambios en el paisaje eran frecuentes, pero se percibían como un avance. Incluso cuando llegaron los centros comerciales y después las macrozonas de compra a las afueras de la ciudad, se entendieron como un servicio útil. Fue una época en que los cambios sugerían progreso y avance hacia un lugar mejor. En algún instante, esa visión se torció, y hoy son frecuentes las críticas a las transformaciones: las plazas se despojan de vida y se vuelven frías, los pisos son más pequeños, los nuevos edificios se critican por su fealdad, se lamenta la desaparición de comercios o de lugares de ocio emblemáticos. Es como si el progreso estuviera borrando las señas de identidad de una ciudad.
La continua destrucción y reconversión de lo existente también alcanza a los barrios favorecidos y a marcas asentadas
No es un fenómeno exclusivo de las grandes ciudades. De hecho, los primeros lugares en que estos cambios tuvieron lugar fueron las distintas periferias. En muchas ciudades intermedias y pequeñas, la calle principal estaba poblada por asentados negocios locales, que fueron cerrando y dejando paso a las franquicias. Cuando estas dejaron de generar beneficios, aparecen locales vacíos en las calles mayores y proliferan las tiendas de carcasas o de recuerdos. En muchos barrios de las periferias de las grandes ciudades, los negocios tradicionales echaron la persiana definitivamente, pero allí no fueron cubiertos por las franquicias, simplemente por duraderos carteles de 'Se alquila'. Con el tiempo, aparecieron nuevos habitantes, buena parte de los cuales son inmigrantes, y pusieron en marcha negocios que respondían a las necesidades de la nueva población.
El cierre de Tipos Infames y de Vips añade un matiz importante a esa dinámica. La librería gozaba de notable fama en el circuito cultural de la capital y contaba con visitantes fieles. La esquina de Velázquez era un lugar emblemático para Vips. Estaban integrados, por el lado del prestigio o de la tradición, en la ciudad. No eran esos comercios de barrio que no se habían adaptado o que ya no podían prestar servicio como consecuencia de la evolución de un mercado que los dejó sin sitio. Esa continua destrucción y reconversión continua de lo existente no se detiene en los lugares más desprotegidos, también alcanza a los barrios favorecidos y a marcas asentadas.
Los factores políticos
Hay un primer elemento político en esta evolución, que señala cómo el lamento público aparece cuando la destrucción tiene lugar en entornos económicamente favorecidos. Pocas personas se quejaron de los cierres de las librerías o de ese bar de barrio que ofrecía precios razonables y un trato personalizado. Cuando esa transformación constante alcanzó a zonas con más recursos, sus efectos comenzaron a tomarse en serio, también desde el punto de vista ideológico. La conversión del centro de Madrid en espacio turístico, en un lugar vacío que es llenado por gente que está de visita por la ciudad o que acude a sus lugares de ocio es lamentada por las izquierdas, porque expulsa a sus residentes. La derecha lo celebra, porque activa la economía. La conversión del barrio de Salamanca en un espacio para residentes adinerados latinoamericanos es visto cada vez más por gente de la derecha como una señal de declive; las izquierdas lo perciben desde la ironía.
Pero los cambios en esos barrios indican la transformación definitiva de una ciudad. El mercado sigue avanzando en su destrucción creativa, y hay quienes se lamentan, desde el progresismo, por la turistificación de Madrid, y otros que lo hacen, desde el lado conservador, por el declive de lo tradicional y de la identidad.
Identidad e incertidumbre vital son asuntos que pueden definir la partida entre derecha e izquierda en Madrid. Y entre ambas derechas
Son asuntos más importantes de lo que parecen, porque conforman un reflejo de transformaciones sociales. Uno de los posts más exitosos de la semana en ‘X’ ha sido un artículo, Por qué apostar es la respuesta racional a un sistema roto, que recoge las incertidumbres sobre el futuro que ahogan a la juventud. Lo interesante del texto es que la inseguridad vital no viene subrayada respecto del trabajador manual que no ha sabido adaptarse, ni del propietario de un comercio al que los centros comerciales o Amazon expulsaron del mercado, ni del empleado que quedó obsoleto porque no quiso reciclarse, sino del mundo white collar cualificado actual, que está nutrido por clases medias y medias altas.
En lo personal ocurre como en lo territorial: antes, la incertidumbre aparecía en los barrios trabajadores y en las pequeñas ciudades, ahora ha llegado hasta los barrios afortunados de las grandes urbes; antes, la inseguridad acechaba a las clases medias bajas y a las trabajadoras, ahora alcanza a las clases medias y medias altas de trabajos cualificados. El mercado sigue avanzando, la IA aparece como siguiente paso de la destrucción creativa y el presente está atravesado para la dificultad para llegar a final de mes o para disponer de un pequeño extra.
Las heridas que se abren en la economía cotidiana y en la identidad, que aparecen a la vez, se dejan sentir en el paisaje urbano. Residir en una ciudad que ya no se reconoce, que se ha vuelto incómoda, en la que el centro es ya un lugar para otros, o en barrios obreros que se han transformado, recuerda esa posición vital. Este es un elemento político que tendrá recorrido. En Madrid, Carlos H. Quero, de Vox, está intentando jugar esa carta y recoger el descontento que la fotografía del paisaje urbano provoca. Sus posibilidades aumentan cuando puede dirigir ese mensaje no solo a los barrios más modestos, sino que lo puede emplear también en las clases medias altas y entre sus hijos, que han tenido que marcharse de sus barrios de toda la vida y cuyos salarios son mucho menores de lo que esperaban. Esa brecha, bien aprovechada, puede romper la mayoría absoluta de Díaz Ayuso en Madrid. Para la izquierda contiene una oportunidad para crecer, pero todavía tiene que tomar el pulso a ese descontento. Identidad e inseguridad vital son asuntos que pueden definir la partida política entre derecha e izquierda en Madrid, pero también entre las dos derechas.
Tipos Infames, una librería del barrio de Malasaña que se había convertido en referencia cultural, ha anunciado su cierre. En sus 15 años de vida acumuló un notable capital simbólico y parecía un negocio asentado, pero sus tres propietarios han afirmado que las cuentas no cuadraban. Casi al mismo tiempo, se ha hecho público el próximo cierre del Vips situado en el cruce de Velázquez con Ortega y Gasset (conocido entre muchos de sus clientes como "el de Lista"). Es un local que forma parte de la memoria sentimental de quienes una vez fueron jóvenes de barrios acomodados y que contaba todavía con clientela asidua.