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Coyote, el artista de la Movida que no para: "No puedo hacer solo discos y cómics largos"
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LÍDER DE 'LOS COYOTES'

Coyote, el artista de la Movida que no para: "No puedo hacer solo discos y cómics largos"

El artista regresa estas semanas con dos nuevos trabajos, la reedición de un libro sobre relatos y un disco recopilatorio donde se muestra su querencia por las músicas de raíz latina

Foto: Víctor Coyote. (Europa Press/Ricardo Rubio)
Víctor Coyote. (Europa Press/Ricardo Rubio)

Víctor Coyote llegó a Madrid a finales de los setenta para estudiar Bellas Artes y acabó convirtiéndose en una de las figuras más singulares de la escena cultural de la ciudad. Músico, dibujante, diseñador gráfico, autor de cómics, realizador de cortos y documentales, Coyote ha construido una obra extensa donde no hay jerarquías, y en la que se mueve con una naturalidad increíble, entre disciplinas y géneros, siempre desde una posición lateral, nunca cómoda del todo, nunca del todo marginal.

Fue pionero del punkabilly con Los Coyotes, introdujo ritmos latinoamericanos cuando aún eran exóticos en el pop español y, en paralelo, desarrolló una fascinante trayectoria gráfica vinculada a revistas, editoriales y museos. Su relación con Madrid —ciudad adoptiva, “nunca del todo propia”, como le gusta reivindicar en cuanto puede— se desliza y permea buena parte de su obra.

Estos días, dos publicaciones recientes vuelven a situarlo en el centro de una conversación que siempre resulta estimulante: la reedición de un libro de relatos centrado en figuras de la Movida, Cruce de perras, aparecido originalmente en 2006, y el recopilatorio musical El Propio, que desliza muchos de sus gustos e intereses. Literatura y música dialogan aquí como dos formas distintas de ordenar una misma experiencia. El paso del tiempo, la ciudad y los bares como espacios autónomos van trabajando la entrevista.

'Cruce de perras', volver a lo de siempre.

“Yo no tenía ninguna intención de revisarlo”, explica sobre una publicación en la que aparecen personajes como Alaska, Julián Hernández de Siniestro Total o él mismo. “Son relatos, aunque parto de cosas más o menos reales, unas más exactas que otras. Y a partir de ahí construyo historias que explican momentos y situaciones concretas”.

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La reedición, impulsada por su relación actual con Autsaider Cómics tras la publicación de Entresijos, incorpora un único añadido: un epílogo nuevo, escrito casi veinte años después. Una reflexión ensayística sobre en qué ha desembocado aquella generación que transitó la música, la noche y la cultura urbana de los ochenta y primeros noventa.

Al releer el libro, reconoce cierta aspereza formal: “Hay mucho taco, mucho lenguaje coloquial, una manera brusca de escribir. Hoy eso llama la atención. Pero no porque no se pueda decir. Eso de que ahora no se pueden decir cosas es mentira. Todo el mundo dice burradas inimaginables”.

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El libro no esquiva zonas incómodas. Hay violencia, machismo, miseria moral, crueldad cotidiana. “Hay gente que es un hijo de puta. El padre del rocker, por ejemplo. Y hay relatos como el de la despedida de soltero con una puta, que hoy resultan impensables. Pero están ahí porque definen una época. Igual que en Mad Men fumaban porque se fumaba mucho”, resalta.

'Poch', el punto de no retorno

El relato que abre el libro, centrado en Poch, fue el más complicado de escribir. “Decidí que había que hacer un relato sobre Poch. Y me pareció muy difícil, porque contar una enfermedad exige que, además de una enfermedad, sea literatura. Eso no le quita ni prestigio ni se lo da. Tenía que funcionar como relato”, dice de un capítulo especialmente bello, lleno de esa parte surrealista del mítico músico de Derribos Arias.

Hay mucha fragilidad, algo de desconcierto y hasta comentarios agudos, como cuando habla de la formación de Poch y la escena de esos años: “Había grupos más siniestros, más ruidosos, más babosos, más hábiles con sus instrumentos. Pero ninguno tan arty como Derribos Arias. Y los grupos arty o son un camelo o son muy buenos. Y si son un camelo son mejores aún. Y Derribos Arias era de los mejores aún”.

placeholder Víctor Coyote.
Víctor Coyote.

La estructura del libro responde a una lógica musical. “No había una cronología. Era como meter canciones en un LP. Por eso Poch va al principio”, indica. Otros relatos observan la tragedia desde lugares más esquinados. Es el caso de la muerte de Eduardo Benavente, vista por los paisanos de un bar.

Madrid más allá del turismo

A pesar de los personajes, de las escenas y del momento, Cruce de perras no es un libro sobre la Movida madrileña. “No me interesaba hacer un libro corporativista, solo de músicos. Me interesaba toda la gente que vivía alrededor”, señala de historias que también incluyen a rockers, camareros, padres autoritarios, público hostil, barrios enteros que hoy han desaparecido del relato oficial.

El Madrid que aparece es el de Malasaña, sí, pero también el de Canillejas, Ciudad Lineal o el barrio del Pilar. El de los colegios mayores donde se tocaba antes de que existiera la etiqueta de la Movida. “Al principio los conciertos eran en el San Juan Evangelista o en otros colegios mayores. Tocábamos con grupos de rock de la época. No había tanta diferencia”, recuerda.

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La ciudad se recorría a pie o en Metro. “Yo vivía en Canillejas y no había metro. Tenía que coger el autobús. Y aun así, nos movíamos mucho”, comenta, a la vez que apunta cómo los cines de barrio funcionaban como elementos desde los que se organizaban quedadas o eventos culturales: Cinema España en Marqués de Vadillo, salas en Bravo Murillo, Pueblo Nuevo. “Si se te pasaba una película, la veías al año siguiente en un cine de barrio y luego te tomabas unas cervezas por allí”.

Tribus, clases y mitificaciones

El autor desconfía de los relatos simplistas, también del actual revisionismo. “Todo fenómeno cultural se mitifica. Yo soy poco mitificador. Se pasa de decir que una generación es la hostia a decir que son unos mierdas. El punto no es ni una cosa ni la otra”, valora. La división entre tribus —rockers, punks, modernos, new romantics— tenía más aristas de las que hoy se recuerdan, por ejemplo. “Los rockers eran gente de barrio, muy de clásicos. También había mucha derecha ahí. La gente del Sol era más izquierdosa. Pero idealizar a unos u otros es perder los matices”, continúa.

El epílogo aborda estas contradicciones. “Hubo una revisión que decía que todos eran pijos. Luego otra en la que los que antes insultaban a la Movida ahora la defienden. Es una cosa sin cabeza. Que un artista haga cosas sin cabeza me parece bien. Que lo haga un político o un analista me parece inaceptable”.

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Un balance musical propio

En paralelo, El Propio reúne canciones fundamentales de su carrera en solitario. No se han hecho tomas nuevas. “Las versiones originales siempre son las buenas. Son las propias”, comenta con algo de sorna. El disco atraviesa el punkabilly, la cumbia, la salsa o el funk latino. Incluye, eso sí, un tema inédito, Así me tratan ahora, una bachata que habla del viaje inverso al éxito. “No es el camino hacia la fama. Es el trayecto contrario”.

Víctor Coyote no se presenta como un estajanovista, pero trabaja de forma constante. “No puedo permitirme hacer solo discos y cómics largos. En la música mis ingresos son limitados”, reconoce. Madrid, a pesar de todo, sigue siendo un verdadero estímulo. Por los bares. Por la posibilidad de encuentro. “Madrid responde al tópico de ciudad acogedora. Es más fácil hacer amigos aquí que en Londres o Ámsterdam”, dice. Gallego de mirada doble, urbano sin militancia, a Coyote le gusta disfrutar de la ciudad con todos sus matices.

"Madrid es una ciudad acogedora. Es más fácil hacer amigos aquí que en Londres o Ámsterdam"

Dentro de ese trabajo constante se incluye una de sus últimas colaboraciones. En la serie Poquita fe, el artista compone su música y diseña sus características cabeceras animadas. El encargo le llega directamente de sus creadores, Pepo Montero y Juan Maidagán, con una premisa clara: “No querían caricaturas de los actores ni escenas literales de la serie, sino algo que recogiera su espíritu”. El resultado es una cabecera en la que Coyote trabaja con un margen creativo poco habitual en la ficción televisiva española. “Es una maravilla de trabajo por la libertad que me han dado”, explica.

Hoy se siente más cómodo estilísticamente. “Todo el bagaje ya lo tengo. Antes me costaba algo más forzar la mezcla. Ahora sale sola”, detalla. Aun así, sigue investigando: ritmos flamencos, amalgamas de otros géneros, músicas menos exploradas.

Víctor Coyote llegó a Madrid a finales de los setenta para estudiar Bellas Artes y acabó convirtiéndose en una de las figuras más singulares de la escena cultural de la ciudad. Músico, dibujante, diseñador gráfico, autor de cómics, realizador de cortos y documentales, Coyote ha construido una obra extensa donde no hay jerarquías, y en la que se mueve con una naturalidad increíble, entre disciplinas y géneros, siempre desde una posición lateral, nunca cómoda del todo, nunca del todo marginal.

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