El Madrid de los azulejos: tablaos, farmacias y fábricas con la mejor cerámica
Enrique Guijo y Alfonso Romero Mesa son los dos artistas que dejaron la mayor impronta en la capital de esta forma tan peculiar de decorar. Los expertos reclaman mayor protección
Como un día dijo aquel, lo viejo se tira y lo antiguo se guarda, pero para llegar a ser antiguo hay que pasar por viejo. Algo parecido es lo que sucede con la azulejería madrileña. Mientras que en los albores de 1990 se llegaron a contabilizar más de 200 edificios con la típica cerámica, dibujos y anuncios comerciales de finales del siglo XIX y principios del XX, a día de hoy muchos de ellos han desaparecido. En cambio, parece que un nuevo espíritu acaricia las calles de la capital y la dinámica ha virado hacia su conservación. Y si no, que se lo digan a la Farmacia Juanse, las bodegas de la Ardosa, Rosell y Los Romero, el tablao Villa-Rosa, Comestibles José Luqués, el bar Los Gabrieles y la fábrica de espumosos El Gallo.
Antonio Perla, doctor en Historia del Arte y autor de ‘Cerámica aplicada en la arquitectura madrileña’, recuerda que hasta antes del fin del siglo XIX los anuncios en las fachadas eran pinturas sobre papel de grandes dimensiones. Las técnicas de impresión no alcanzaban en aquel momento para cubrir los espacios en cuestión. Y llegaron los azulejos como una de las mejores soluciones. Dibujados en conjunto, permiten realizar grandes composiciones. "Esos anuncios en azulejo empezaron en las estaciones de tren, incluso había empresas que se dedicaban únicamente a gestionar ese tipo de publicidad", comenta el especialista.
Los primeros anuncios comerciales en azulejos llegaron a Madrid desde Valencia, aunque la capital experimentó pronto su propia efervescencia ceramista con nombres como el de Enrique Guijo y Alfonso Romero Mesa, así como Juan Ruiz de Luna desde Talavera de la Reina. Perla concreta que los primeros azulejos con propaganda aparecieron en el Metro de Madrid, inaugurado en 1919. En la actualidad, algunos de ellos se conservan en la histórica estación de Chamberí y otros tantos en el bar Los Gabrieles, que reabrirá al público en febrero.
Los comercios no se quedaron atrás. Vieron en los azulejos una de las mejores formas para dar a conocer sus productos por la durabilidad del material, además de que eran objetos fáciles de limpiar. Es lo que debió pensar en su momento el dueño de la Farmacia y Laboratorio Juanse, en el número 6 de la calle San Andrés. Hace unos días restauraron estos azulejos, obra de Guijo y que datan de 1925, y que en estos momentos cualquier transeúnte puede admirar en su paseo.
Juan Ruiz de Luna es otro de los grandes artífices azulejeros de Madrid. Perla resalta su obra en la antigua Vaquería del Carmen, situada en el número 1 de la avenida de Filipinas. En ella se podía comprar leche recién ordeñada hasta la prohibición de su venta en 1965 para obligar a la higienización del líquido. Tras el abandono del enclave, en 1987 el local acabó convertido en un pub. El edificio se derribó en 1994 y se construyó un bloque de viviendas.
De todo aquello queda un gran testigo, respetado por todos los propietarios del enclave: la portada de azulejos que Ruiz de Luna compuso entre 1928 y 1929 y que a día de hoy todavía sigue en pie. Además, es la única portada de un establecimiento que se conserva de este artista. "Es una azulejería en forma de arco en el que aparecen dos pastores con sus vacas", apunta el profesor.
Imitar lo clásico mientras se destruye
Perla publicó en 1989 su investigación sobre la cerámica en la arquitectura de Madrid. En aquel momento, halló 222 espacios con este tipo de arte. Desde entonces y hasta la actualidad, cifra en un 25% la desaparición del mismo en los comercios de la capital. Se ha dado un proceso que el experto tilda de "curioso". Mientras que ahora se levantan fachadas con azulejería que imitan los sistemas antiguos y tradiciones del siglo pasado, a la vez se destruyen muchos de estos originales.
En su retina quedan los azulejos que, por última vez, vieron la luz del día desde un contenedor. A finales de la década de los años 90, la tienda Durán se dedicaba a vender gramófonos y discos. Ubicada en el número 69 de la calle Barquillo, la obra de Manuel Ramos Rejano brillaba en todo su esplendor. "Las fachadas reproducían paisajes idílicos. Probablemente, era la tienda con mejor decoración modernista de toda la ciudad", apunta Perla. La tienda fue derribada y sus azulejos, desechados.
Pero no todo está perdido. Para muestra, varias bodegas míticas que pueblan las calles de la capital. Una de ellas es Bodega de la Ardosa, en el número 70 de la calle Santa Engracia, fundada en 1919. En este caso, la bienvenida la dan tres grandes paneles de azulejos azules originales de los años 30, data Perla, y realizados por Romero Mesa. En la fachada aparecen personajes tomando el vermú también en un paisaje exterior e idílico, describe el docente universitario.
La calle del general Lacy atesora dos bodegas que son vivo ejemplo de lo que la azulejería llegó a significar en los comercios madrileños. En el número 14 se sitúa Bodegas Rosell, con dos grandes paneles de cerámica en los que se anuncia un "exquisito vermouth" y un "qué rico vino de Valdepeñas", obras del mismo Romero Mesa. En el número 36 está Bodega Los Romero, también con un panel central de propaganda de "vinos finos de Valdepeñas". En este caso se desconoce la autoría del artista, ya que la obra no está firmada.
Romero Mesa trabajó durante años junto con Guijo. Tras su separación, cada uno continuó con la azulejería en un taller propio. Del taller de Romero Mesa también salieron los azulejos que engalanan los exteriores de la plaza de toros de Las Ventas. Lo mismo sucede con la fachada del tablao Villa-Rosa, fundado en 1911 y cuya cerámica quedó ligada a este comercio situado en el número 17 de la calle Núñez de Arce, junto a la plaza de Santa Ana en el barrio de las Letras, en 1928.
En este caso, se presenta una fachada espectacular con paisajes de distintos lugares realizados a partir de bocetos de Ruiz de Luna. "Romero Mesa había pasado por la escenografía del Teatro Real, por eso sus composiciones tienen esa soltura. Aquí aparecen algunas postales de las principales capitales españolas, como la Plaza de España de Sevilla", comenta Perla antes de apuntar que la cerámica de Villa-Rosa ha sufrido dos restauraciones "no muy agraciadas".
Reabre la Capilla Sixtina de la azulejería
Los azulejos que un día decoraron la tienda de Comestibles José Luqués en Vallecas, en el número 96 de la calle Monte Igueldo, han sido por fin restaurados. Perla sostiene que la rehabilitación es consecuencia del empeño del propietario del local, no de ninguna obligación relacionada con la conservación patrimonial. El autor de esta cerámica fue Ángel Caballero, de principios del siglo XX. "Al menos una fachada que pensábamos que se iba a perder, al final se ha recuperado", dice algo aliviado el historiador del arte.
Asimismo, Perla cuenta con cierto entusiasmo que el mes que viene reabrirá al público un enclave archiconocido en la villa y corte: el bar Los Gabrieles, sito en el número 17 de la calle Echegaray. A pesar de que no quedan azulejos de su exterior, el interior es un paraíso de la cerámica histórica, una suerte de Capilla Sixtina de la azulejería, ya que está recubierto por los anuncios comerciales que a principios del siglo XX se retiraban del Metro.
La historia de este bar a espaldas del Teatro Español inaugurado como colmado y casa de comidas es alargada. En los mentideros cuentan que Alfonso XIII accedía a Los Gabrieles por una entrada secreta para montar sus tinglados, y que el dictador Miguel Primo de Rivera iba de juerga al bar. Así pues, por aquel entonces seguro que el local ya tenía buena parte de los 300 metros cuadrados de azulejos que atesora en la actualidad, la mayoría de ellos de 15 por 15 centímetros.
Opinión Si tuviera que resaltar una obra de Los Gabrieles, Perla se decanta por el panel cuya autoría recae en Carlos González Ragel. Pintor surrealista jerezano, utilizó personajes cadavéricos, muy presentes en su obra, para anunciar un vino de Jerez en el metropolitano madrileño y cuyos azulejos terminaron en el laureado bar.
Otra buena noticia es la restitución de los azulejos que componían la antigua fábrica de espumosos, gaseosas y jarabes El Gallo, ubicada en la calle Cardenal Cisneros y fundada en torno a 1920. Estuvo decorada por cerámica realizada por el valenciano Juan Bautista Molins. La fábrica estuvo abandonada durante décadas, incluso declarada en ruinas en 1995, hasta que el edificio fue demolido antes del siglo XXI. "Parece ser que ahora van a edificar y la Comunidad de Madrid ha obligado a la propiedad a restituir el panel original", detalla el profesor de la UNED.
Desde el punto de vista de este especialista, todavía quedan muchos de esos anuncios azulejados que se desconocen y que poco a poco aparecen tabicados. En todo caso, deberían protegerse porque "es un patrimonio que habla de los barrios, de cómo era la relación de estos establecimientos comerciales", concluye Perla.
Como un día dijo aquel, lo viejo se tira y lo antiguo se guarda, pero para llegar a ser antiguo hay que pasar por viejo. Algo parecido es lo que sucede con la azulejería madrileña. Mientras que en los albores de 1990 se llegaron a contabilizar más de 200 edificios con la típica cerámica, dibujos y anuncios comerciales de finales del siglo XIX y principios del XX, a día de hoy muchos de ellos han desaparecido. En cambio, parece que un nuevo espíritu acaricia las calles de la capital y la dinámica ha virado hacia su conservación. Y si no, que se lo digan a la Farmacia Juanse, las bodegas de la Ardosa, Rosell y Los Romero, el tablao Villa-Rosa, Comestibles José Luqués, el bar Los Gabrieles y la fábrica de espumosos El Gallo.