La Biblioteca Nacional recuerda a Aldecoa, escritor del realismo social de los años 50
La muestra, inaugurada cuando se cumplen 100 años del nacimiento del escritor vitoriano, repasa la vida y obra de este autor que murió a los 44 años y dejó varias novelas célebres
Quien le haya leído, que revisite su obra; quien no le conozca, que le descubra. Con esa vocación nace Ignacio Aldecoa. El oficio de escribir, la exposición que conmemora el centenario del nacimiento del autor vasco que terminó desarrollando su carrera en Madrid y que se podrá visitar hasta el próximo 14 de junio de 2026 en la sala Jorge Juan de la Biblioteca Nacional de España (BNE). "Fue uno de los grandes narradores de su tiempo que, tristemente, ha quedado algo relegado a un segundo plano", introduce el comisario de la muestra, José Ramón González.
Este catedrático de Literatura Española en la Universidad de Valladolid (UVa) recuerda que el autor de libros como El gran mercado, El fulgor y la sangre y Parte de una historia estudió Filosofía y Letras en Salamanca, ciudad en la que conoció a Carmen Martín Gaite, a quien la BNE también dedica una exposición estos días. González apunta que, más tarde, Aldecoa llegaría a la capital para especializarse en estudios americanos. "No terminó esa formación. A él lo que le interesaba era la vida cotidiana", comenta el experto.
Integrado en la llamada generación de los 50, comenzó a publicar a finales de la década de 1940. Sus primeras obras fueron poéticas, pero también de cuentos en revistas de la época, universitarias o culturales, tales como Correo Literario y La Hora. No tardarían en llegar sus novelas. En 1954 publicó El fulgor y la sangre, con la que quedó finalista en el Premio Planeta; en 1956 llegó Con el viento solano; y en 1957 salió a la luz Gran Sol, con la que ganaría el premio de la Crítica al año siguiente. Ya en 1967, apenas dos años antes de su prematura muerte a los 44 años, publicó Parte de una historia.
Dos novelas ocultas hasta este 2025
González recalca que a esa obra habría que sumarle un centenar de cuentos y relatos, así como dos novelas más descubiertas este año en el Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares. Se trata de dos textos que el escritor había enviado para su evaluación en 1952 y 1953 y que nunca fueron publicados en su integridad.
Gracias a este hallazgo, ahora conocemos el mecanoscrito de la novela corta Ciudad de tarde, con la que Aldecoa había quedado finalista del Premio de Novela Café Gijón en 1952, y del mecanoscrito de una extensa novela de más de trescientos folios, titulada El gran mercado y que, a tenor de la documentación conservada en el mismo expediente, iba a ser publicada por la editorial Planeta. Esta última estará expuesta en la exhibición comisariada por González.
Esos dos textos, cuya publicación fue autorizada por la censura, y de los que no se conoce ninguna otra copia, nunca fueron recogidos del archivo, ni por el autor ni por los editores, y allí han permanecido hasta ahora, apuntó la BNE en el momento de su descubrimiento por parte de Álex Alonso Nogueira, profesor titular de Literatura Hispánica en Brooklyn College (City University of New York).
Un escritor de oficio
González subraya de Aldecoa que fue un escritor totalmente volcado en su oficio, de ahí el subtítulo de la exposición. "Es lo que le diferencia de otros escritores. Primero, poesía, que abandonó pronto, y luego relatos cortos, novelas y colaboraciones en prensa, esta última una faceta menos conocida de él, pero cuyos artículos eran originales en su planteamiento y dicción", apuntilla el catedrático.
De carácter sociable, aunque con una veta algo introvertida, Aldecoa siempre estuvo muy al tanto de lo que ocurría a su alrededor. "Tenía buenas conexiones. En cuanto llegó a Madrid, entró en contacto con autores que estarían encuadrados en su generación", comenta González. Se refiere a escritores como Rafael Sánchez Ferlosio, Alfonso Sastre, Jesús Fernández Santos, Carmen Martín Gaite y Josefina Rodríguez, que llegaría a ser su mujer y que, tras su muerte, adquiriría el apellido Aldecoa con el que firmar sus obras.
En cuanto al componente más político de su biografía, Aldecoa no fue un hombre de partido, aunque Josefina lo identifica en sus memorias como seguidor de la corriente socialdemócrata. "Participó en el Contubernio de Munich de 1962, donde se reunió la oposición antifranquista, y le detuvieron a su llegada a España", detalla González. También se le citaba de manera asidua en ‘Mundo Obrero’, el órgano de expresión del Partido Comunista en la clandestinidad, y firmaba manifiestos en defensa de las proclamas de los estudiantes, por ejemplo, y en contra de la represión y la censura de la dictadura.
Una obra realista
González menciona los dos libros de poesía, Todavía la vida, de 1947, y Libro de las algas, de 1949, como sus primeras publicaciones. En ellos aparecen elementos típicos del movimiento postista, la última de las vanguardias surgida en España tras la Guerra Civil en la que sobresalía la figura de Carlos Edmundo de Ory.
Su narrativa se mueve en una orientación realista con un tono más bien objetivista. Es decir, sin demasiada profundización psicológica, pero siempre fijándose en la realidad social que le rodea, explica el docente de la UVa. En sus relatos predominan las capas más humildes de la sociedad, aunque también aparece la clase media y la burguesía, con frecuencia a través de una mirada burlona. "Intentaba ofrecer un fresco de su época. Él decía que hablaba de la realidad que conocía, y que era más bien triste, esa realidad de posguerra, sin caer tampoco en tremendismos", añade.
Asimismo, sus personajes, incluso los más modestos, están cargados de dignidad al sobrellevar las circunstancias de esa vida difícil. Según el comisario, dentro de los realismos de los años 50, el de Aldecoa es un realismo con tintes evidentes de crítica social. Sin estar cargados de mensajes políticos, sus obras sí critican las desigualdades y reivindican a los menos favorecidos.
Toda una vida dentro de una exposición
La exposición Ignacio Aldecoa. El oficio de escribir está pensada para el gran público, para que cuando el visitante salga del recorrido propuesto tenga una idea de la trayectoria del escritor y de su obra, tal y como relata el comisario. De esta manera, la muestra comienza con una pequeña semblanza del vitoriano por parte de algunas personas que le conocieron, así como a través de citas y retratos que acercan su figura más humana. Aquí, sus contemporáneos destacan de él su sentido del humor, su visión tan original de la realidad y cierta animadversión a lo excesivamente solemne.
La exhibición continúa con un recorrido cronológico en la biografía de Aldecoa. Se abordan los primeros años, con fotografías de los padres y su colegio en Vitoria, así como sus influencias de adolescente. En ellas resalta Adrián Aldecoa, su tío, pintor, y María Pedruzo, su abuela materna, una magnífica narradora oral que no dejaba de contar historias a su nieto.
Más tarde llega su vinculación con el postismo a mediados de los 40 y su participación en publicaciones, como Revista Española, considerada una de las más importantes cabeceras de la época. La exposición muestra números originales de estas publicaciones en la que firmaba Aldecoa antes de llegar al área que dedican a su novela.
González también ha decidido realizar una pequeña recreación del despacho del autor vasco para "reflejar un poco el mundo íntimo de la creación". Por eso, el visitante podrá observar la mesa de trabajo de Aldecoa, así como una hélice de avión que siempre tuvo en su despacho regalo de su tío Adrián y que pertenecía a Jules Vedrines, un pionero francés de la aviación.
La BNE expone, además, material original escrito por el autor vasco. En concreto, una decena de mecanoscritos de artículos de prensa que el mismo escritor distribuía a través de agencias. "Habrá enmarcados cuatro de ellos, que se cambiarán por otros cuatro dentro de unos meses para facilitar su correcta conservación", comenta González.
Por último, el catedrático de Literatura Española en la UVa se ha decantado por consignar unos metros cuadrados de la exposición a la ligazón entre Aldecoa y el cine. El director Mario Camus adaptó tres de sus obras: Young Sánchez en 1964, Con el viento solano en 1967 y Los pájaros de Baden-Baden en 1975. Además, en 1989 se estrenó Gran Sol, dirigida por Ferran Llagostera y basada en la novela de Aldecoa publicada en 1957.
No fue la única relación que la obra de Aldecoa experimentó con el terreno audiovisual. Desde TVE también llevaron a cabo varias versiones televisivas de algunas de sus creaciones, como la que lideró Pilar Miró en 1967 denominada El silbo de la lechuza. Para finalizar, este recorrido concluye con la exhibición de un corto de 1956 de apenas nueve minutos, titulado El pequeño río Manzanares. Se trata de uno de los primeros trabajos realizados por Carlos Saura y cuyo guion y argumento están construidos junto a Ignacio Aldecoa.
Quien le haya leído, que revisite su obra; quien no le conozca, que le descubra. Con esa vocación nace Ignacio Aldecoa. El oficio de escribir, la exposición que conmemora el centenario del nacimiento del autor vasco que terminó desarrollando su carrera en Madrid y que se podrá visitar hasta el próximo 14 de junio de 2026 en la sala Jorge Juan de la Biblioteca Nacional de España (BNE). "Fue uno de los grandes narradores de su tiempo que, tristemente, ha quedado algo relegado a un segundo plano", introduce el comisario de la muestra, José Ramón González.