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El feminismo madrileño de Carmen de Burgos previo a la II República
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El feminismo madrileño de Carmen de Burgos previo a la II República

Un libro, 'Todos los nombres de Carmen', reconstruye desde la ficción el Madrid anterior a los años treinta para retratar la aparición del trabajo femenino y el papel de la prensa como espacio de combate intelectual y social

Foto: Carmen de Burgos (cedida)
Carmen de Burgos (cedida)

Por las calles de Madrid, por todas, se movía Carmen de Burgos. De Vallecas a Chamberí pasando por Sol y el antiguo barrio de Maravilla. Caminaba porque había que caminar para ver, y veía porque había que narrar aquellas historias que la prensa no cubría. La novela, Todos los nombres de Carmen: Los días no contados de una escritora olvidada, que acaba de publicar La Librería, escrita por Victoria Gallardo, bucea en el Madrid previo a la República. Y describe a una mujer en tránsito constante, entrando y saliendo de casas alquiladas, redacciones, tertulias, actos públicos y barrios a medio hacer. Una mujer que observa cómo trabajan otras mujeres y decide contarlo. Y una autora que, un siglo después, reconoce en esa forma de trabajar —"sumamente moderna"— algo demasiado familiar como para ignorarlo.

Lo que se le plantea a Gallardo desde el inicio de su obra, basada principalmente en la vida de Carmen de Burgos y de todas aquellas mujeres que la rodeaban, es poner en su justo lugar la figura de una intelectual y periodista que por la desmemoria ha quedado desplazada dentro del imaginario popular de esos años. “Estaba documentándome para Fuimos Indómitas, investigando durante meses los oficios desaparecidos de las mujeres de Madrid, y en esa búsqueda salió varias veces el nombre de Carmen de Burgos”, explica Gallardo, también periodista, que durante varios años militó en las filas del diario El Mundo y que ahora se encuentra como redactora senior en la consultora Prodigioso Volcán.

Con lo que da Gallardo es con una serie impresionante de reportajes escritos por Carmen para el Heraldo de Madrid, entrevistas centradas en los más diversos trabajos femeninos, donde aparecían mujeres de distintas clases sociales. “Me llamó mucho la atención que una mujer periodista, en ese entonces, escribiera prácticamente sobre el mismo tema que yo estaba intentando documentar un siglo después”, dice. Y ahí empezó todo.

Muchas Carmen, ninguna sola

Desde el principio, Gallardo decide no aislar a Carmen de todo aquello que estaba sucediendo en la ciudad. Algo que se agradece recorriendo las páginas de este relato de poco más de cien páginas, exquisitamente bien documentado. “Carmen es la protagonista, pero hay también otras mujeres que la rodean, que la envuelven, y también las he querido dar cierto protagonismo”, cuenta. De ahí que cada capítulo lleve el nombre de una mujer.

Foto: primera-muestra-arte-femenino-dictadura

Una coralidad que dialoga con otra decisión, contar a Carmen a través de sus distintas identidades públicas. “No con pseudónimos exactamente, porque siempre se sabía que era Carmen. Todo el mundo sabía que cuando leía a Colombine —uno de sus alter egos más conocidos en la época— era Carmen”, apunta. E insiste como cada firma remite a una faceta diferente. “Los distintos nombres, las distintas identidades que utilizó para firmar sus artículos, sus novelas, sus reportajes enlazan con las distintas facetas personales y profesionales de Carmen”.

Carmen fue periodista, fue escritora, fue novelista, fue traductora, fue activista. “Fue madre, fue primero esposa, luego fue pareja durante veinte años de Ramón Gómez de la Serna. Fue amiga. Tenía una red social y de contactos increíble”, enumera la autora de un libro que no elige una de esas Cármenes en concreto, sino que procura mantener a todas en tensión.

Las otras mujeres: afinidades, paralelismos, riesgo compartido

En ese retrato coral aparecen figuras con las que Carmen dialoga por afinidad vital y política. Una de ellas es Consuelo Álvarez Pol, más conocida como Violeta, periodista, política, telegrafista y una de las grandes olvidadas de la Generación del 98. “Hay un paralelismo muy grande entre Carmen y Consuelo”, explica Gallardo. Ambas periodistas, ambas rompen con matrimonios en una época en la que hacerlo tenía consecuencias, ambas desarrollan una intensa faceta activista. “Muchas veces coincidían en actos, coincidían en tertulias, y a veces eran las únicas mujeres que había en esos encuentros”, rememora.

placeholder 'Todos los nombres de Carmen' de Victoria Gallardo (Cedida)
'Todos los nombres de Carmen' de Victoria Gallardo (Cedida)

Otra figura que aparece con una fuerza inusitada es Magda Donato, seudónimo de Carmen Eva Nelken, que era la hermana de Margarita Nelken, diputada y figura fundamental de la II República, además de escritora y crítica de arte. “Magda puso el foco en que las mujeres fueran las protagonistas de sus crónicas. Se infiltraba desde en un psiquiátrico hasta en una cárcel de mujeres. Todo vivido desde dentro. Quería conocer realidades protagonizadas por ella, que en esa época no tenían ningún tipo de representación y menos en la prensa”, comenta, mientras apunta como hay un libro estupendo de reportajes recopilados por la Editorial Renacimiento.

Sin embargo, el libro no se queda solo en este tipo de figuras y nombres relevantes de esos años. Gallardo insiste en las mujeres sin firma. “Quería incluir a mujeres anónimas cuyo nombre o cara no han trascendido, pero que también hicieron mucho”, cuenta. Y ahí están, por ejemplo, las lavanderas, que aparecen de forma constante. “Todo lo que estas mujeres consiguieron fue en gran medida por estar juntas, por permanecer unidas”.

La investigación abunda en una Carmen rodeada de muchos perfiles, inquietos, diversos y tremendamente activos en aquel Madrid de finales de los veinte. “Cuando se presenta en el Congreso de los Diputados no está sola. Cuando va a las Cortes con su manifiesto, cuando se produce lo que está considerado como la primera concentración feminista documentada, estas mujeres salen a la calle sabiendo lo mucho que se juegan, y se arropan unas a otras”, expresa Gallardo, que vuelve sobre esa idea: La fuerza siempre debe ser compartida.

Chamberí: ocho direcciones y un barrio en obras

El Madrid de Todos los nombres de Carmen tiene un epicentro: Chamberí. “Solo en Chamberí hay registradas por lo menos siete u ocho direcciones distintas donde vivió Carmen”, señala Gallardo, mientras recuerda la dolencia cardíaca de la periodista. “Siempre buscaba pisos bajos o primeras alturas”. Una vida marcada también por los constantes viajes. “Cuando emprendía un viaje largo por Europa, dejaba el piso y a la vuelta alquilaba otro”.

placeholder Retrato de Carmen de Burgos realizado por Julio Romero de Torre
Retrato de Carmen de Burgos realizado por Julio Romero de Torre

A pesar de todo, la elección del barrio estaba ahí. “Tenía una clara predilección por Chamberí”. Gallardo describe un espacio muy distinto al actual. “Muy lleno de contrastes. Mucho terraplén, mucho descampado”. Un barrio “en ebullición”, que todavía no es lo que será, pero ya apunta maneras. En ese paisaje aparece Ramón Gómez de la Serna. “Cuando Carmen y Ramón se conocen, Carmen es una escritora muy consolidada. Ella ronda los cuarenta y Ramón tiene veinte”, señala. “Carmen no fue la amante de Ramón. Carmen ya era una escritora hecha y derecha y una periodista profesional cuando se conocen”.

El inicio de la relación lo describe como muy intenso y febrilmente productivo. “Una relación muy apasionada, con un componente de admiración mutua muy fuerte”. Ramón destaca en las tertulias que Carmen organiza en su casa. “Ya se veía que tenía un talento increíble”. Y Carmen actúa como apoyo activo. “Le animaba a escribir pensando en el público, le animó a seguir con sus greguerías y le facilitó contactos editoriales”.

Un feminismo que se aprende andando

A pesar de haber pasado más de un siglo, el relato es fantástico porque se puede leer desde el presente. Para Gallardo es fundamental cómo Carmen entiende —y va entendiendo— el feminismo. “Ella desde el principio no se definía como feminista. Era una etiqueta que incluso rechazaba”, dice. Lo interesante es ese proceso de evolución. “A medida que va leyendo, viajando, viviendo, ves cómo su postura se va redefiniendo”.

El feminismo al que llega Carmen es claro en sus términos. “Considera al hombre como un compañero, como un igual. No quiere privilegios, no quiere paternalismos ni condescendencia. Quiere los mismos derechos”, señala del feminismo de Carmen, que siempre va ligado al trabajo. “Por eso se detiene tanto en el feminismo obrero. Son ellas, las obreras, las que más urgentemente necesitan ese feminismo”.

Carmen habla de las mujeres que trabajan en fábricas, en talleres, a domicilio. De las “obreras vergonzantes”. A Gallardo le gusta recordar una frase que recorre ese pensamiento: “El trabajo que realizamos va tejiendo nuestra bandera”. El texto, con esa misma mentalidad, se detiene, observa, reconstruye. El resultado es un relato vivo, trazado y pintado a través de calles, oficios y mujeres que entendieron pronto que, para no desaparecer, había que narrarse unas a otras.

Por las calles de Madrid, por todas, se movía Carmen de Burgos. De Vallecas a Chamberí pasando por Sol y el antiguo barrio de Maravilla. Caminaba porque había que caminar para ver, y veía porque había que narrar aquellas historias que la prensa no cubría. La novela, Todos los nombres de Carmen: Los días no contados de una escritora olvidada, que acaba de publicar La Librería, escrita por Victoria Gallardo, bucea en el Madrid previo a la República. Y describe a una mujer en tránsito constante, entrando y saliendo de casas alquiladas, redacciones, tertulias, actos públicos y barrios a medio hacer. Una mujer que observa cómo trabajan otras mujeres y decide contarlo. Y una autora que, un siglo después, reconoce en esa forma de trabajar —"sumamente moderna"— algo demasiado familiar como para ignorarlo.

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